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Reducción de hielos en la Antártida
La comunidad internacional procurará la adopción de medidas que reduzcan el aumento del calor debido a la constante desaparición de sectores helados
Los minuciosos estudios, elaborados por un equipo de la Agencia Espacial de los Estados Unidos (NASA) y de la Universidad de California, publicados recientemente en prestigiosas revistas científicas, como Geophysical Research Letters y Science, permiten afirmar que sectores helados de la Antártida Occidental se están reduciendo . La información se funda en 40 años de observaciones terrestres, aéreas y satelitales. El efecto más inquietante del fenómeno señalado es que producirá en el largo plazo una progresiva elevación del nivel de las aguas del mar y consecuencias previsibles muy adversas en las zonas ribereñas de los continentes.
Es importante apreciar el problema que se presenta considerando que una décima parte de la superficie terrestre está cubierta por hielos, los que representan el mayor depósito de agua potable con que cuenta el planeta y que se concentran, sobre todo, en los casquetes polares y en los glaciares. Éstos se fueron formando a través de los siglos, cuando parte de la nieve caída en el invierno no llegaba a derretirse con las temperaturas de la primavera y el verano debido a la latitud o a la altitud. Por ello, la nieve se fue acumulando como una masa creciente que dio origen a los mantos de hielo, cuando superaron los 50.000 kilómetros cuadrados, y a los glaciares, cuando fueron menores.
De uno u otro modo, los heleros originales se deslizaban, sea por influencia de la gravedad cuando se desarrollaban en una pendiente, por deformación interna provocada por la tensión del peso acumulado o por combinación de ambas causas. Lo que ha venido ocurriendo en las últimas décadas es que se ha observado un proceso de reducción de los hielos debido, en buena medida, al calentamiento global unido al fenómeno del agujero de ozono. Ambos hechos han influido en el rigor de los vientos que castigan a los glaciares, afectan la base de éstos y contribuyen a la progresiva reducción de su volumen, que se va derritiendo poco a poco en el océano.
En la Antártida, los glaciares del Mar de Amundsen, donde el fenómeno es más notorio, se van reduciendo aproximadamente dos kilómetros por año. Tres tiempos se registran en ese proceso: un retroceso en la línea de apoyo del glaciar; el crecimiento de su vulnerabilidad a medida que se reduce esa línea de apoyo y, por último, la fusión lenta de los hielos que puede durar entre uno o varios siglos antes de la aceleración definitiva del proceso. En el momento actual, lo que alarma es que se trata de un proceso en marcha de carácter irreversible, según la estimación de los expertos.
Como lo ha establecido el Panel Intergubernamental de la ONU sobre Cambio Climático, la actividad humana es responsable del cambio climático y sus efectos ya se están produciendo en todos los continentes y en los océanos. Por ahora, el final de los hielos está relativamente lejos para quienes habitan hoy el planeta. Sin embargo, el tiempo no se detiene y las obligaciones para quienes poblarán la Tierra en el futuro no caducan. Es imperioso no sólo que se tomen medidas para paliar estos riesgos y para reforzar los sistemas de alerta ante eventos climáticos extremos, sino que es preciso que los países trabajen en los insumos que aportarán en la Cumbre 21 del Cambio Climático que tendrá lugar en París el año próximo, donde se intentará llegar a un acuerdo vinculante que obligue a los países a respetar los parámetros para evitar que la temperatura suba dos grados de acá a 2100.
La Nación
Viernes 30 de Mayo de 2014