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Los líderes lograron un tibio acuerdo sobre cambio climático
Llama a reducir de forma "sustancial" la emisión de gases, pero sin cifras vinculantes
HEILIGENDAMM, Alemania.- El Grupo de los Ocho (G-8) logró ayer un acuerdo de mínimos sobre cambio climático en la reunión de Heiligendamm, que, sin embargo, permitiría abrir un proceso global en la lucha contra este flagelo, con los auspicios de las Naciones Unidas (ONU).
Los ocho miembros del G-8 reconocieron en su compromiso la necesidad de reducir en forma "sustancial" sus emisiones de gases de efecto invernadero, pero se cuidaron de mencionar cifras de carácter vinculante, según el texto del comunicado final.
"Nos pusimos de acuerdo hoy [por ayer], incluidos todos los principales emisores [de gases de efecto invernadero], para considerar seriamente las decisiones adoptadas por la Unión Europea, Canadá y Japón, que prevén una reducción de las emisiones globales por lo menos a la mitad antes de 2050", señaló el texto. "Nos comprometemos a cumplir esos objetivos e invitamos a las principales economías emergentes a unirse a nosotros en este esfuerzo", añadió.
Es la primera vez que Estados Unidos asume la lucha mundial contra el cambio climático como un desafío global.
Antes de la cumbre, Alemania había convertido en una prioridad la reducción de las emisiones mundiales de dióxido de carbono en un 50% antes de 2050, con relación a las de 1990. Por ahora no se ha precisado qué año de referencia se tomará en cuenta en el compromiso alcanzado ayer.
Camino allanado
El acuerdo fue posible gracias a la formulación "toman seriamente en consideración", que no implica la promesa de ajustarse a esos objetivos numéricos, como hubiera querido Merkel, sino que los asumen como base de discusión.
"Hemos allanado el camino para que en la reunión de Bali los ministros de Medio Ambiente puedan empezar a negociar", dijo Merkel, quien subrayó que de esta forma se sientan las bases para lograr, de aquí a fines de 2009, un acuerdo posterior a Kyoto con cifras concretas.
Después del compromiso de ayer, "ningún país podrá evadirse del tema", subrayó la jefa de gobierno alemana después de la reunión de trabajo con los líderes del G-8.
Mientras que la canciller habló de un compromiso con objetivos numéricos, aunque éstos sean a largo plazo, Estados Unidos interpretó el acuerdo de forma menos determinante.
El asesor de seguridad de la Casa Blanca, Stephen Hadley, subrayó que desde Heiligendamm "no han salido cifras concretas" y señaló que ahora hay sobre la mesa una serie de propuestas diferentes sobre cuáles deben ser los objetivos que deben ser discutidos.
Estados Unidos había acudido a la cumbre con una propuesta de entablar un diálogo entre los países industrializados y los emergentes, que no sólo no incluía objetivos de reducción, sino que tampoco encuadraba este proceso bajo el paraguas de la ONU.
Merkel dijo que creía haber podido convencer al presidente de Estados Unidos, George W. Bush, al argumentar que habría sido mucho más difícil comprometer a los países emergentes a la lucha contra el cambio climático si la iniciativa "se hubiera visto como una acción singular" y no desde el principio como un proceso dentro de la ONU.
Credibilidad y legitimidad
Para Washington, uno de los motivos principales por los que no estaba dispuesto a sumarse al Protocolo de Kyoto era que éste no comprometía a las naciones emergentes como China, que en breve incluso superarían a Estados Unidos en el nivel de emisiones.
La canciller alemana destacó la importancia de que el acuerdo se negociara en el marco de la ONU, que, dijo, "es el foro multilateral" más adecuado para un acuerdo que "ha de tener legitimidad jurídica" y "credibilidad" en la comunidad internacional.
El acuerdo fue posible en buena parte gracias al apoyo prestado por el presidente francés, Nicolas Sarkozy, y el primer ministro británico, Tony Blair, así como por el jefe del gobierno italiano, Romano Prodi, y el jefe del Ejecutivo europeo, Jose Manuel Durão Barroso.
Blair y Sarkozy subrayaron que el acuerdo es "un gran paso", a pesar de que no haya objetivos obligatorios.
El presidente galo dijo que tuvo que "arrancar" el compromiso a Bush en una discusión que fue muy intensa, pero que "no fue desagradable".
Durante la primera jornada de sesiones, se acordó por lo demás abrir un diálogo institucionalizado con los cinco principales países emergentes, Brasil, China, la India, México y Sudáfrica.
En tanto, organizaciones ambientalistas como Greenpeace criticaron la posición adoptada por el G-8. "Es definitivamente muy poco", dijo el vocero de Greenpeace, Jörg Feddern.
"Lo que necesitamos son especificaciones vinculantes. Todo lo demás no es tener éxito, sino aplazar el problema hasta el futuro", subrayó.
Agencias AFP, EFE y DPA
La Nación
Viernes 8 de Junio de 2007