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Las pasteras, una ineludible atracción
Creció un 8% el movimiento turístico desde que empezaron los cortes de ruta; 8 de cada 10 visitantes quieren ver Botnia
GUALEGUAYCHU.- Es una tarde cálida. Aunque es invierno y el viento sopla fresco sobre la playa del balneario Ñandubaysal, varios turistas meten sus pies en el agua y aprovechan para sacarse una foto con las chimeneas de la papelera de Botnia de fondo.
Es que aquí ha ocurrido durante este año un fenómeno particular: ocho de cada diez familias que visitan Gualeguaychú lo hacen interesadas por el conflicto de las plantas de pasta de celulosa. El dato no es menor pues; quizá sea por el fenómeno ambientalista que el turismo en esta ciudad creció un 8% respecto del año pasado, según la Secretaría de Turismo.
"No podemos hablar de un boom turístico. Lo cierto es que el flujo de familias que visitan la ciudad para pasar un fin de semana o las vacaciones se incrementó hace dos años con los emprendimientos termales y en coincidencia con el conflicto por las papeleras. La mayoría de las personas que llegan se interesa por el tema de las pasteras; preguntan, piden información, se acercan donde los cortes de ruta y toman el tema como algo que deben experimentar durante su estadía", explicó LA NACION Sebastián Bel, secretario de Turismo de Gualeguaychú.
Las cifras son elocuentes: durante los últimos 20 meses la ciudad recibió más de un millón y medio de visitantes. Sólo en el verano de 2006 visitaron la ciudad 427.000 personas, y en el de 2007 lo hicieron otras 447.000.
Bel dice a LA NACION que este invierno las reservas subieron un 5 por ciento. "Durante el receso invernal del año pasado la capacidad hotelera y en cabañas estuvo cubierta en un 90% los fines de semana y en un 50 durante la semana. Este año se abrieron 239 nuevas plazas de alojamiento, con lo que ya superamos las 4200. Y viene más gente: la capacidad está en un 95% los fines de semanas y en un 60 durante la semana."
No hay visitante que, de uno u otro modo, no se haya interiorizado en el problema de las papeleras, pues aquí la mayoría de los 82.000 habitantes de la ciudad hizo de la difusión de las causas del conflicto una bandera. Se percibe al recorrer calles, negocios, hoteles, restaurantes y bares, al visitar los balnearios o las termas, o al observar los automóviles, ómnibus y motos. En todos siempre se lee una leyenda recurrente: "No a las papeleras, sí a la vida". Ya no son el carnaval o las playas las que concitan de forma sobresaliente el interés de los visitantes. El conflicto por las papeleras se volvió una parada obligatoria.
Silvia Bayo camina junto a su marido y sus dos hijos por la playa en Ñandubaysal. Llegó a desde Mar del Plata para pasar unos días aquí, y quiso corroborar si lo que vio en televisión sobre las pasteras era cierto.
"Teníamos algunas opciones para pasar nuestras vacaciones de invierno. Decidimos venir por las termas, pero también para informarnos sobre los cortes de ruta y el movimiento ambientalista que se pone a la construcción de las pasteras. Recorrer esta playa y ver al otro lado del río esa fábrica que puede contaminar el Uruguay me da escalofríos. Por eso quiero que mis hijos hablen con los ambientalistas y se lleven información para comentarla en el colegio", explica la mujer.
Desde este lado, la planta de Botnia parece un pequeño pueblo. Sus chimeneas se levantan como si fueran dedos de una mano gigante enterrada en la tierra. Dos han comenzado a expeler un humo espeso y blanco. Los ambientalistas sospechan que, aunque la fábrica aún no fue oficialmente inaugurada, los ensayos ya han comenzado.
Ensayos y sospechas
"Creemos que, oficialmente, la planta comenzará a funcionar en agosto. Hasta ahora no hay fecha concreta, pero nosotros seguiremos con el corte, y esperamos que nos respeten y que nuestros gobernantes nos ayuden a terminar con este problema", dijo a LA NACION Sira Muñoz, una de las asambleístas.
Tanto ella como varios ruralistas de la zona dicen que ya aparecieron peces muertos en las aguas del Uruguay. "No tenemos pruebas para decir que fue por los ensayos, pero seguramente algo en el ecosistema del lugar ya está cambiando", dijo Muñoz.
Ricardo Carrozo arrastra sus pies en la arena; él, su esposa y su hija han pasado los últimos tres días en Colón y decidieron pasar por Gualeguaychú para disfrutar de la ciudad y preguntar por las papeleras.
"Es una pena que este lugar bello se estropee con la contaminación de una pastera. Yo visité estas playas hace dos años y enfrente no había nada. Cuando llegué ahora me quedé asombrado, ya se pueden ver las chimeneas y está todo listo. Es una pena", se lamentó Carrozo.
Guillermo Barrento pide al cronista de LA NACION: "Poné que esto es una bar-ba-ri-dad. Hace 20 años que vivo en Buenos Aires, pero nací y crecí en Gualeguaychú. Conozco la zona; este año ya se han visto menos especies de pájaros. Se van y no vuelven. He traído unos amigos que en la Capital siempre me preguntaban por el conflicto. Se quedaron asombrados al notar la contaminación que es capaz de generar esta planta de celulosa", se queja Barrento, mate en mano.
Mientras, en el corte todo está tranquilo. No es uno de esos piquetes de gomas quemadas: hay una barrera de palo pintada de rojo y blanco, como esas que se ven en los peajes.
Sira Muñoz controla el lugar junto con algunos "gauchos" que toman mate y cuentan chistes. El tiempo parece haberse detenido. No pasan autos y se puede oír el viento de frente. "A los visitantes se les explica cuál es nuestra situación. Se les da una charla ambiental y a los que quieren se los acompaña hasta el puente [que une Gualeguaychú con Fray Bentos]. Estos meses hubo muchos interesados", dice.
Dice Héctor Veiga, que vive en la Capital y llegó hasta el corte para que su hija pueda sacar unas fotos de las papeleras. "Decidí pasar unos días de estas vacaciones aquí no sólo por el paisaje. Mi hija Keira está estudiando fotografía y quiere hacer un trabajo sobre las pasteras", comenta, y pide permiso para cruzar la barrera y tener una vista panorámica desde el puente.
Veiga y sus hijas Keira y Jazmín avanzan en auto por la ruta vacía que desemboca en el puente. Un par de kilómetros más allá se detienen. Keira hace foco en una de las chimeneas y dispara. Se lleva en su tarjeta de memoria aquel humo espeso y blanco.
Por Jesús A. Cornejo
Enviado especial
Datos del fenómeno
Interés de los visitantes
- Ocho de cada diez personas que llegan a Gualeguychú están interesadas y buscan información sobre el conflicto por las papeleras y el riesgo de contaminación. Casi no hay turistas que no se fotografíen a la vera del río con las chimeneas de Botnia de fondo.
- Creció un 8% el número de visitantes respecto del año pasado, según la Secretaría de Turismo local. Gualeguaychú tiene 82.000 habitantes, y 4000 familias viven de las actividades turísticas, con el carnaval, las playas y las termas como atracciones centrales.
Crecimiento sostenido
- Durante los últimos 20 meses, en coincidencia con el desarrollo del conflicto por las pasteras, más de un millón y medio de personas visitaron Gualeguaychú. En el verano de 2006 tuvo 427.000 visitantes, y en la última temporada estival, 447.000.
Reserva de alojamiento
- Las reservas aumentaron un 5% este invierno. Durante 2006 la capacidad de alojamiento estuvo cubierta en un 90% los fines de semana y en un 50 durante la semana. Este año hay más plazas, y la capacidad está cubierta en un 95 y un 60%, respectivamente.
La Nación
Lunes 30 de Julio de 2007
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