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Un aire contaminado por la incredulidad

En Fabricaciones Militares culpan a la década del ’90 y prometen que ahora sí habrá inversiones.

El aire que se respira en Río Tercero está contaminado por la incredulidad, las dudas permanentes, las sensaciones encontradas y el espanto. Un cóctel venenoso al que nadie ha podido encontrarle aún un antídoto eficaz.

La serie de accidentes registrada en los últimos dos meses en el polo fabril de esta ciudad agitó los fantasmas que, a paso de muerte y horror, la invadieron en el amanecer explosivo del 3 de noviembre de 1995. Y siguen allí, agazapados, desde entonces.

Otra vez las heridas del pueblo volvieron a supurar y el miedo le ganó la pulseada a la razón cuando estalló una tubería de la planta de amoníaco de la Fábrica Militar (FM), en la noche del lunes último. Muchos vecinos huyeron despavoridos de sus casas y las calles, por un rato, se transformaron en un entramado de alto riesgo de siniestros.

Antes, el 11 de junio, seis operarios de Petroquímica Río Tercero se quemaron con ácido y al día siguiente dos trabajadores de esa misma planta –productora de compuestos básicos para la elaboración de espumas de poliuretano– murieron por un escape de fosgeno (un gas asfixiante que se utilizó en la Primera Guerra Mundial y que en la actualidad se emplea en la fabricación de plásticos). Una semana después se rompió un caño con ácido nítrico y generó una nube tóxica y, el 25 de julio, una fuga de amoníaco envió al hospital a 40 trabajadores, afortunadamente sin consecuencias graves para la salud.

La explosión en la FM hace una semana fue la gota que colmó el vaso de la tolerancia, como quedó demostrado en la marcha del miércoles pasado para pedir mayor seguridad.

Todos se preguntan.

¿Por qué sucedieron tantos accidentes en el polo industrial en un lapso tan corto de tiempo? ¿Las plantas son obsoletas? ¿Se realizan periódicamente las maniobras de control y mantenimiento de las instalaciones? ¿Se respetan las medidas de higiene y seguridad exigidas para la producción de tóxicos?

La Voz del Interior se hizo eco de estos y otros interrogantes y buscó las respuestas en los protagonistas involucrados de manera directa en el tema.

“La comunidad de Río Tercero no cree en la palabra oficial ni en la de los directivos y empresarios en relación con que las fábricas son seguras. Y es razonable que sea así porque los hechos demuestran lo contrario”, se sinceró Juan Daniel Bardella, secretario de Seguridad Ciudadana y Medio Ambiente del municipio.

“Hay que velar por la salud de la población y más en esta ciudad. Por eso es necesario hacer las inversiones necesarias y tomar todo tipo de recaudos para mantener la productividad reduciendo los riesgos al mínimo posible y recuperar la tranquilidad”, planteó.

El Gobierno local celebra que la Nación haya destinado 30 millones de pesos este año y comprometido más del doble para el 2008 en inversiones en la FM. La Asociación de Trabajadores del Estado (ATE), que representa a los empleados de ese establecimiento, comparte la alegría, al igual que las autoridades actuales de la fábrica, encabezadas por el coronel Marcelo Pianta.

Es que la ola de privatizaciones de la década del ’90, que tuvo a Domingo Cavallo quizá como su mayor exponente, llevó a este puntal del desarrollo de la ciudad a vivir una larga agonía que hoy muestra sus secuelas.

“Cuando la FM dependía del Ministerio de Economía (durante las presidencias de Carlos Menem y Fernando de la Rúa) y no se sabía si se iba a vender o no, esa indefinición llevó a esta fábrica a vivir en estado vegetativo”, ilustra Pianta. Claro que, desde entonces, ya pasaron casi ocho años.

El militar aseguró que en ese período se hizo el mantenimiento, pero reconoció que la falta de inversión impidió actualizar la infraestructura.

Oscar Mengarelli, secretario general de ATE Córdoba, y Cristian Collman, a cargo de la conducción del sindicato en Río Tercero, coinciden con Pianta en el cuadro de situación y en la necesidad de definir una estrategia que permita “trabajar y producir con seguridad, no solamente por el bien de FM, sino de todo el pueblo”.

Directivos del complejo, gremialistas y autoridades políticas cierran filas en defensa de la continuidad de la planta, dedicada en la actualidad fundamentalmente a la reparación de vagones para el transporte de cereal (en su sector mecánico) y a la fabricación de ácidos sulfúrico y nítrico (en el área química).

La inversión decidida por el Ministerio de Planificación Federal los alienta en esa postura, aunque la explosión de una tubería en la planta de amoníaco, el lunes último, representó un golpe en el mentón y los obligó a revisar el orden de prioridades. La seguridad es lo primero.

Héctor Brondo
De nuestra Redacción
hbrondo@lavozdelinterior.com.ar

La Voz del Interior
Lunes 13 de Agosto de 2007

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