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Asamblea binacional contra Botnia

Argentinos y uruguayos

NUEVA PALMIRA, Uruguay.– Una semana después de que el gobierno del presidente Néstor Kirchner desmintiera haber desistido del reclamo para relocalizar la planta que la empresa finlandesa Botnia construye en la margen oriental del río Uruguay, los asambleístas de Gualeguaychú cruzaron la frontera y dieron ayer aquí un buen golpe de efecto en su descarnada pelea contra la instalación y puesta en funcionamiento de la papelera.

A pesar del temor a incidentes y las rigurosas medidas de seguridad a las que fueron sometidos por el gobierno del presidente uruguayo, Tabaré Vázquez, unos doscientos integrantes de la Asamblea Ciudadana llegaron al mediodía de ayer a este pequeño y apacible pueblo playero para conformar, al caer la tarde y junto a ambientalistas, productores y gremialistas uruguayos, la primera asamblea ambientalista regional.

La nueva organización tendrá, a partir de ahora, un objetivo altisonante y polémico: "Luchar para echar a Botnia y [la empresa española] Ence" de la zona, según reiteraron los organizadores del encuentro.

Más allá del aire setentista de la reunión, de lo heterogéneo de las personas que asistieron, desordenado e interminable que resultaron los más de cuarenta discursos que se oyeron -con previsibles críticas a Botnia y a los gobiernos de la Argentina y Uruguay-, los integrantes de la asamblea lograron el objetivo: un claro apoyo para su causa por parte de sus pares uruguayos.

Esto ocurre en momentos en los que tanto el gobierno de Néstor Kirchner como el de Entre Ríos, que encabeza el gobernador Jorge Busti, han comenzado a tomar distancia de los cortes de rutas y puentes, y a criticar en voz alta a sus promotores por no aceptar las distintas opciones legales y políticas en danza para resolver el conflicto bilateral, entre ellas la mediación encabezada por el rey de España, Juan Carlos de Borbón.

Uruguay también había despertado días atrás la furia de los ambientalistas, cuando alguno de sus ministros deslizó a la prensa que Botnia estaría funcionando "en poco más de un mes".

"Hoy es un día histórico. Les decimos a todos que nos unimos y que vamos a enfrentar juntos a los gobiernos que traicionan", dijo a LA NACION Alfredo De Angelis, referente de los manifestantes de la ciudad de Gualeguaychú.

La foto conjunta de ayer también intentó alejar los fantasmas de la hostilidad y la desconfianza ente argentinos y uruguayos, alimentadas por los cortes de rutas de los asambleístas entrerrianos desde 2005 y los desencuentros entre Kirchner y Tabaré.

"Vinimos a decirle no a la xenofobia", se sinceró Daniel Pérez Molemberg, de los asambleístas argentinos, al inicio de la reunión.

Uno de sus pares de Uruguay, Víctor Cardona, coincidió ante LA NACION en la necesidad de reconstruir lazos. "Estas divisiones las crearon los gobiernos. Mostramos que somos hermanos y que luchamos contra los xenófobos", afirmó.


Mate, chorizos y debate


Cerca del mediodía, delegaciones de asambleístas argentinos, uruguayos y hasta una representante del Movimiento de los Sin Tierra (MST) brasileño comenzaron a llegar al Club Palmirense, principal espacio de reunión de esta localidad de algo más de 10.000 habitantes. Luego de los choripanes elaborados a modo de bienvenida, comenzaron las deliberaciones.

Gustavo Rivollier y Susana Padín, por la Argentina, junto a los uruguayos Daniel Roselli, Hugo Viviano y el periodista argentino Hernán López Echagüe intentaron ordenar las intervenciones, que en general se pasaron de los tres minutos estipulados.

El tono general de los discursos fue muy crítico. Además de la conformación de la mesa ejecutiva de la entidad, entre las propuestas estuvo la creación de un "registro de asesinos ambientales", la creación de una "cédula de las dos orillas" y la realización de bloqueos y marchas e Fray Bentos, donde se yergue la controvertida planta de Botnia.

Ni siquiera se mencionaron las iniciativas que exploran las cancillerías argentina y uruguaya, es decir, la configuración de un "protocolo verde" que limite la eventual acción contaminante de la empresa y a la vez permita que comience a producir.

La relocalización también fue rechazada de plano. "A lo sumo, que se relocalicen en Finlandia", dijo uno de los vehementes oradores.

Sobre el final, y ya con muchos de los ocupantes de las butacas de plástico tomando sol fuera del salón, dos parroquianos alcoholizados irrumpieron la reunión y comenzaron a gritar consignas contra los manifestantes.

El desorden obligó a pasar a un cuarto intermedio y empañó el final del encuentro, que marcó el cambio de estrategia de los asambleístas de Gualeguaychú, contentos por haber gritado sus consignas en tierra uruguaya a pesar de todo.

Por Jaime Rosemberg
Enviado especial

La Nación

Lunes 8 de Octubre de 2007

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