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La mayor radiación no sólo mata a los arrecifes

SAN JUAN.- No hay sombra más densa que la penumbra que antecede al amanecer. Así de oscuros comienzan los días de Miguel "Chan" Dávila, líder de la agrupación de pescadores de Fajardo, un municipio en la costa noreste de Puerto Rico donde la pesca ha cambiado. "Ahora hay que ir más y más lejos -dice el hombre-; antes se pescaba a una milla de la costa, pero ahora hay que ir cinco y ocho millas más adentro. Gastamos más combustible, nos arriesgamos por el mal tiempo y lo que se pesca es pequeño. Nada es como antes."

Desde hace tiempo, Chan nota que algo raro ocurre en las aguas donde pescó desde niño. Lo más dramático es que muchos de los arrecifes de coral perdieron sus vibrantes colores para mostrar un blanco fantasmal. Los arrecifes de coral son el ecosistema marino más rico en biodiversidad y uno de los más productivos en la faz de la Tierra. Y en Puerto Rico son el hábitat del 70% de la pesca de valor comercial.

"Los pólipos del coral, estresados por la radiación ultravioleta, expulsan un alga simbiótica que vive en sus tejidos. Cuando el alga desaparece, el coral se torna blanco", explica el biólogo marino Edwin Hernández. Si se pierde el arrecife, los peces no vienen a comer ni a reproducirse. Más aún, con su muerte, comunidades de peces vinculadas con este ecosistema sencillamente desaparecen. La temperatura máxima promedio que es saludable para los arrecifes del Caribe debe ser de 28.5°C. Pero en 2005 alcanzó los 31.8° durante 15 semanas. En 2006 y en lo que va de 2007, la temperatura se mantiene en los 29°. Esto causó mortandad de arrecifes que, en algunas áreas, alcanzó entre un 65 y un 85%. Gran parte del coral muerto pertenece a especies cuya presencia es vital para la construcción de la estructura del arrecife, y el arrecife que sobrevivió debe dedicar su energía a mantenerse vivo en lugar de reproducirse.

Los cambios climáticos son parte de la naturaleza de nuestro planeta y han ocurrido antes, pero a lo largo de escalas de millones de años; ahora están ocurriendo en un lapso menor que no da tiempo a que las especies se adapten y por ello ocurren mortandades y extinciones. "Lo que ocurrió en Puerto Rico es una muestra de lo que tarde o temprano les va a ocurrir al resto de los países del hemisferio que tienen arrecifes, según los pronósticos que han hecho los expertos en cambio climático", advierte Hernández.

Por José Javier Pérez
El Nuevo Día , Puerto Rico


La Nación
Martes 16 de Octubre de 2007

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