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El pleito con Uruguay, el primer tema que se metió en la transición
Néstor Kirchner comenzó a planificar la transición con su heredera política, Cristina Fernández, su mujer. Esa planificación despuntó durante un almuerzo que compartieron ayer casi a solas en Olivos. Los planes futuros se mezclaron, de modo inevitable, con revisiones del derecho y del revés que la pareja presidencial realizó de los comicios del domingo. El matrimonio concilió el sueño en la residencia recién a las 4.30 de ayer.
¿Qué los mantuvo tanto tiempo desvelados? Desde ya, la victoria y los festejos. Pero entre esos festejos parecieron compartir uno especial. ¿El 46% de los votos en el orden nacional? ¿El tranco electoral arrasador de la senadora en las provincias de indiscutible cepa peronista? ¿La caída, tal vez, de algunos viejos titanes del cordón de Buenos Aires? Nada de eso: Kirchner y la presidenta electa se regodearon con el rotundo triunfo en Santa Cruz, su provincia, regada de conflictos y crisis en el último año.
Algunos palos volaron contra el periodismo. El matrimonio lo responsabilizó de haberle otorgado a aquel paisaje sureño una oscuridad y una dimensión que, a juicio de ellos, nunca tuvo. Pudo haber existido error en la mirada pública y en la vara de medición pero todos aquellos episodios sucedieron. No fue un ardid la locura del ex ministro Daniel Varizat que embistió con su camioneta a un grupo de manifestantes. Tampoco fue un invento el clima crispado de la ciudad capital. No es un invento la realidad electoral diagramada con los votos: en aquella provincia Cristina cosechó el 67% y el candidato a gobernador, Daniel Peralta, el 58%. El kirchnerismo se impuso en 13 de las 14 intendencias. Volvió a resignar Río Gallegos en manos del radicalismo, pero ahora por una diferencia exigua. Todo está bien, como además apuntar que por primera vez en muchos años un candidato de la oposición, el radical Eduardo Costa, obtuvo poco menos del 40% de los votos.
"Fue de las peores cosas que me ocurrieron en estos cuatro años. Decían que ni Cristina ni yo podíamos volver a Santa Cruz", se quejó durante el almuerzo el Presidente. Cristina compartió la queja y la indignación. Peralta le resolvió varios problemas a la pareja presidencial. Recompuso un diálogo político que estaba quebrado, desactivó el conflicto docente, aun a costa de apremiar las cuentas públicas provinciales, y se propuso como una salida electoral.
Buenos Aires no quedó excluido del último balance. Kirchner y Cristina se congratularon del acierto de haber enviado a Daniel Scioli a pugnar en el distrito electoral clave. El acierto fue producto de una necesidad y la necesidad causada por una derrota: aquel imprudente plebiscito que el gobernador de Misiones Carlos Rovira perdió mientras perseguía la reelección indefinida tumbó las posibilidades de Felipe Solá y de otros mandatarios.
José María Díaz Bancalari fue uno de los hombres más felicitados porque Cristina obtuvo en su ciudad, San Nicolás, la cantidad de votos más importante de todo Buenos Aires. Algún funcionario se ocupó de elaborar una curiosa ecuación electoral para demostrar que Buenos Aires fue mucho pero no todo en la consagración de la senadora: si la votación en esa provincia no hubiera existido para el oficialismo y la oposición, la presidenta electa hubiera trepado igual al 43% en el resto del país.
Otro hombre elogiado por la pareja fue Rafael Bielsa. Cristina ganó Santa Fe por una uña aunque recibió un castigo fuerte en Rosario. El peronismo santafesino se desbandó después de la caída frente al socialismo y el ex canciller se cargó la campaña al hombro con la solidaridad de Agustín Rossi, el jefe de los diputados K. El repaso final se estacionó en Entre Ríos. ¿Qué le interesó a Kirchner y a Cristina de la provincia que le permitió en marzo la primera victoria al kirchnerismo? Tres cosas: los éxitos amplios de la candidata en Gualeguaychú, Colón y Concordia. Son las ciudades donde se concentra el fuego del pleito con las pasteras con Uruguay.
Cristina miró una y otra vez esas cifras quizás animada por la felicitación más significativa que recibió la noche triunfal: la de Tabaré Vázquez, el presidente de Uruguay. Hace más de un año y medio que Kirchner y Tabaré no se hablan. La iniciativa fue del líder del Frente Amplio. El viernes mandó pedir por el embajador en Buenos Aires, Francisco Bustillo, el número de Cristina. Lo anotó en su agenda y se lo llevó a Los Angeles, donde estaba en visita oficial. Desde allí llamó cuando supo temprano de la amplia ventaja de la senadora.
El diálogo pasó casi inadvertido entre la maraña de cifras, acusaciones opositoras y celebraciones oficiales. Pero no fue sólo una felicitación. Quedó entre Tabaré y Cristina abierta la puerta para otra conversación. Tal vez haga falta ante la inminente puesta en marcha de la planta de Botnia.
Cristina fijó la misma postura que Kirchner: la Argentina acatará lo que disponga la Corte Internacional de La Haya. Pero mientras tanto habría que alimentar con política la desnutrida relación entre la Argentina y Uruguay. Quizás este conflicto, antes que los avatares de la economía, empiece a darle cuerpo a una transición que ya fluye.
Por: Eduardo van der Kooy
Clarín
Martes 30 de Octubre de 2007