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Todos los caminos conducen a La Haya

El escenario

Todos los caminos están cortados. El axioma recorre los despachos del Gobierno en los que la sola palabra Botnia parece emanar malos olores. Están cortados, aun cuando Tabaré Vázquez haya decidido ayer desbloquearlos. Y seguirán cortados, aun cuando en la vereda de enfrente los ambientalistas entrerrianos decidieran repentinamente desbloquearlos.

En ámbitos oficiales ya se expresa que el gobierno nacional ha aceptado esa situación como un hecho, y orientará todas sus acciones de acuerdo con ese precepto. También, las que hacen a la relación con Uruguay.

Es decir que, agotadas todas las instancias de diálogo político y cortados los pasos fronterizos por manifestantes o, en su defecto, por los Estados, la Corte Internacional de La Haya es hoy la única instancia capaz de encauzar la controversia rioplatense más penosa de la historia reciente.

"No hay otro camino que el de La Haya. Trabajaremos en esa línea, y nos atenemos a su resolución. Y creo ya que las dos partes lo vemos así", dijo ayer a LA NACION un influyente ministro del presidente Néstor Kirchner.

¿Por qué Tabaré Vázquez bloqueó los puentes? ¿Los ambientalistas entrerrianos eran una amenaza verdadera para la seguridad uruguaya? Cerca de Néstor y Cristina Kirchner evaluaban ayer que el presidente uruguayo ha decidido levantar su alicaída figura política con gestos de autoridad en torno de Botnia.

"Está haciendo política interna con el tema. Le quedan dos años de gobierno por delante, y la causa le sirve de tanto en tanto para dar supuestas muestras de autoridad", dijo un miembro del gabinete.

* * *

Una segunda lectura que se expresaba ayer en el seno del poder, esta vez de carácter más persecutorio, señala que, con su decisión de bloquear los pasos fronterizos, Tabaré Vázquez buscó condicionar la agenda de gobierno de Cristina Kirchner para protegerse de un eventual cambio en la relación bilateral, sobre todo en materia económica.

"¿Para qué tensan así la cuerda, si la planta ya está funcionando?", se preguntó un funcionario oficial. "Quieren condicionar decisiones que pueda tomar o no Cristina en lo que hace al vínculo", agregó la fuente.

Ocurre que el malestar político presagia años de mala relación con Uruguay, lo que podría derivar en un endurecimiento del intercambio financiero, energético y comercial entre ambos países.

De hecho, por estos días se analiza la posibilidad de rebajar a partir del 10 de diciembre, cuando asuma el próximo gobierno, el rango de la representación diplomática argentina en Uruguay y dejar la embajada vacante, o a cargo de un funcionario de menor jerarquía. Esto no significaría retirar al embajador en Uruguay, medida por demás drástica, pero sería una señal sumamente elocuente de la valoración que se le dará como país en el futuro.

También se ha pensado en endurecer los controles en el flujo de capitales entre ambos países, lo que podría complicar las transacciones económicas argentinas en el vecino país, cuyo sistema bancario depende en gran medida de los depósitos argentinos.

Por lo pronto, el Gobierno apuntará todos sus esfuerzos a recopilar elementos que puedan indicar una acción contaminante por parte de la pastera finesa en el cauce de agua compartido y en la atmósfera de su zona de influencia, con el propósito de reforzar la presentación judicial en La Haya.

Para estos fines se dará prioridad al plan de control ambiental diseñado por la Secretaría de Ambiente de la Nación, conducida por Romina Picolotti. Esa repartición preparó meses atrás un mapeo general del estado de la cuenca con indicadores de los niveles biogeoquímicos del río y del aire en el complejo Gualeguaychú-Fray Bentos.

Esa información servirá, mediante la recopilación de nuevos datos en distintas etapas de funcionamiento de la planta, para realizar un seguimiento y establecer un contraste que podría ser utilizado para sustentar la presentación de la Argentina en la justicia internacional. También se sumará la decisión del gobierno uruguayo de bloquear los pasos fronterizos. Todos los caminos conducen a La Haya.

Por Lucas Colonna
De la Redacción de LA NACION

La Nación

Martes 27 de Noviembre de 2007

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