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Insultos contra una protesta en Fray Bentos
Reacción uruguaya al arribo de lanchas
GUALEGUAYCHU.– Las lanchas con asambleístas aceleraban cerca de la costa de Fray Bentos cuando un grupo de bañistas uruguayos empezó a nadar río adentro. “¡Vengan! ¡Bajen! ¡Argentinos cobardes!”, bramó un hombre. Un minuto después, ya eran una veintena los uruguayos que insultaban a alarido limpio a los no más de 50 argentinos que agitaban banderas y pancartas en contra de la pastera Botnia.
Eran las 16.15 de ayer, en el río Uruguay, a menos de 100 metros del balneario Las Cañas, en Fray Bentos. Fue el momento de mayor tensión en la playa elegida por los asambleístas, a 12 kilómetros de la fábrica Botnia, para desembarcar y trasladar a territorio uruguayo su reclamo ambiental.
Tensión agravada por las severas advertencias de la prefectura oriental, en estado de “alerta permanente”, que horas antes había anunciado que si algún asambleísta argentino intentaba bajar de su lancha sería detenido.
Al final, nada de eso ocurrió. “No intentamos bajar para evitar incidentes. Queríamos una protesta pacífica”, dijo a LA NACION el asambleísta Gustavo Zapata. No eran buenas señales ni el seguimiento de la prefectura, que incluso cruzó trasmallos para evitar desembarcos, ni la reacción de los uruguayos en la playa.
El ambientalista que lideró la incursión, Jorge Fritzler, les restó importancia a los insultos. “Diez en un pueblo de 22.000 personas no es nada. Los que nos agredieron estaban pagados para eso -denunció-. Pero sabemos que en Uruguay están reaccionando. Y que esté alerta Tabaré [Vázquez, presidente de Uruguay], porque cuando se descuide, pasamos."
La promesa de volver fue el anuncio de despedida de la caravana que había comenzado dos horas antes en Gualeguaychú.
A las 15, unas 50 personas a bordo de quince lanchas, un barco y dos veleros fondearon en el lugar de encuentro: la desembocadura del río Gualeguaychú, 10 kilómetros al sur del lugar donde está emplazada la pastera Botnia, y unos pocos al norte de Las Cañas. La mayoría había llegado del puerto local y media docena desde la isla Inés, a 1300 metros de la fábrica finlandesa, sitio en el que se reconstruyó el campamento donde, a partir de hoy, funcionará un puesto de "vigilancia" de la planta.
Protesta acuática
A las 15.30 comenzó la primera parte del viaje: navegar hacia el Sur. Primero, el barco y los veleros; después, las lanchas. El sol castigaba los cuerpos, el viento movía el agua inquieta, la marcha avanzaba lenta.
Según la prefectura uruguaya, si los ambientalistas pretendían bajar en costas uruguayas, debían registrarse en el puerto deportivo de Fray Bentos. Todos pasaron por allí sin parar. Mientras tanto, pese a que estaba a más de 10 de kilómetros de distancia, en la planta Botnia se mantenía un fuerte dispositivo de seguridad.
Cada vez más lejos de la papelera, a las 15.50, los asambleístas aceleraron, formaron un abanico gigante sobre el agua y doblaron hacia la costa.
Cinco minutos después apareció el primer puesto uruguayo: un muelle con dos efectivos marítimos y una solitaria moto de agua. Al lado, el balneario Las Cañas, lleno de uruguayos que tomaban sol y se bañaban en el río. En ese momento apareció la primera pancarta: "Tabaré violador". Los ambientalistas empezaron a agitar sus banderas argentinas y varias que repetían "no a las papeleras" y "fuera Botnia".
Los bañistas uruguayos comenzaron con señas. Después les sumaron insultos. "¡Acérquense, argentinos p... !", gritaban algunos. "¡¿Quién se creen que son?!", decían otros. ¡Si se animan, bajen!", amenazaban varios. La bronca convivía con la indiferencia de los que tomaban sol, los curiosos inmóviles y el oleaje repentino que movía las lanchas zigzagueantes en el río. La solitaria moto de agua uruguaya iba y venía entre ambos grupos. El lugar, decididamente, no parecía una fortaleza.
"¡¿Puede ir un poco más lejos de la costa, por favor?!", pidió un efectivo marítimo desde la moto a una de las lanchas, que se acercaba cada vez más a la playa, mientras un hombre enojado seguía gritando. El ánimo sólo se calmó cuando las lanchas, poco a poco, empezaron a alejarse, sin ningún intento de desembarcar.
Acciones sorpresivas
"La que insulta es gente mandada. Los uruguayos de verdad empiezan a estar con nosotros", gritó Fritzler a LA NACION desde una de las embarcaciones.
Por eso, después de la caravana, muchos asambleístas ya preparaban la asamblea de la noche, aunque al cierre de esta edición no había protestas planificadas para la próxima semana, a la espera de la reunión de los abogados de los ambientalistas con funcionarios de la Cancillería, en Buenos Aires. Los ambientalistas pedirán en ese encuentro avanzar con la medida cautelar en la justicia internacional para detener el funcionamiento de Botnia.
Eso sí, todos parecían dispuestos a mantener los "votos de confianza" a los grupos que planifican "acciones secretas". Así que, aseguran en Gualeguaychú, "siempre puede estar por pasar cualquier cosa".
Por Juan Pablo Morales
Enviado especial
La Nación
Lunes 3 de Diciembre de 2007