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Suciedad en las calles, un mal ejemplo de urbanidad

Quejas de vecinos y transgresiones

Basura y falta de educación. Eso es lo que predomina en la ciudad, según pudo comprobar LA NACION en una recorrida que realizó por algunos barrios porteños durante tres días y en diferentes horarios. Los vecinos consultados coincidieron en que las razones son varias: el mal servicio de las empresas de residuos, los cartoneros y las transgresiones de los habitantes.

En algunas de las esquinas de las calles peatonales Florida y Lavalle hay contenedores donde se deposita la basura que generan los negocios. Si bien pueden ser una solución para que las bolsas no se acumulen en la calle, en esos puntos de la ciudad el mal olor es persistente.

"Es que no los renuevan, entonces por más que se lleven la basura, los contenedores huelen a podrido todo el día. Ni te imaginás a la tardecita cuando les da el sol", dijo a LA NACION Rosana Olmedo, una empleada de un comercio de accesorios de Lavalle y Maipú.

San Telmo es otra de las zonas donde se verifica que el barrido y la limpieza no se cumplen. "Nos prometieron tachos -en referencia a los que colocó en algunas calles la Secretaría de Medio Ambiente-, pero jamás nos los dieron", dijo, enojada, Laura Escala, de 52 años, mientras tomaba un café en la plaza Dorrego, en Defensa y Humberto 1º.

En Recoleta, el panorama no es muy diferente. A un costado del Museo de Bellas Artes, un grupo de cartoneros improvisó un centro de acopio donde acampan y hurgan en las bolsas de basura de la zona. Una vecina, Gabriela Quintero, de 30 años, con la bolsa en mano para recoger las necesidades de su perro Yorkshire, dijo a LA NACION: "Al costado del cementerio también es un asco. Los restaurantes depositan la basura a la madrugada, cuando el servicio nocturno de recolección ya pasó".

Verónica Martínez, de 33 años, vecina de Caballito, dijo: "Hay personas que todavía no entienden que los tachos de tapa naranja donde dice «basura reciclable» son para cartones y plásticos y los de tapa verde, para el resto. Por eso los cartoneros terminan revolviendo todo".

El reciente aumento del impuesto de ABL despertó el enojo de muchos vecinos, pero esperan que esa suba no sea en vano. Carlos Soldati, de 50 años, paseaba con su nieta, Sofía, de 5, en la plaza Cortázar, en Serrano y Honduras, en Palermo. Luego de tirar una lata de cerveza vacía que la niña había encontrado, dijo: "Ha aumentado el ABL, pero las calles siguen sucias. Espero que Mauricio Macri haga valer nuestro dinero".

Numerosos vecinos opinaron que la suciedad aumentó por la actividad de los cartoneros. En la zona de Once, todas las mañanas hay residuos esparcidos y líquidos malolientes por las veredas de las calles Sarmiento, Corrientes y Perón. Camila Fuentes, de 22 años, vive en el barrio y explicó: "Cuando pasan los camiones de basura, los cartoneros ya rompieron las bolsas, entonces los empleados de limpieza sólo cargan las menos destruidas y dejan el resto en la calle".

Pero el tema de la basura también es una cuestión de buena educación. Luego de tirar un paquete de cigarrillos vacío en la vereda de Juncal y Esmeralda, una señora de 50 años, Chiquita Marité, dijo a LA NACION: "La culpa es de los cartoneros, buscan comida en las bolsas y dejan todo tirado". Mientras, la mujer le acomodaba el collar dorado a su perro Teté, un Poodle Minitoy que llevaba en brazos.

Paula Soler

La Nación
Lunes 4 de Febrero de 2008

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