Ud. está en: Noticias > El edificio incendiado, sin habilitación

El edificio incendiado, sin habilitación

El gobierno porteño dijo que sólo dos de las seis plantas del inmueble estaban aptas para vender y almacenar mercaderías

Luego de más de un día de luchar contra el fuego y con el temor creciente de un posible derrumbe, los primeros bomberos comenzaron a internarse en el frágil esqueleto humeante de los últimos dos pisos del edificio de seis plantas de Lavalle 2257.

"Fue grande nuestra sorpresa cuando vimos la gran cantidad de productos que habían almacenado, hasta en las escaleras había mercadería. Era increíble", sostuvo el jefe del Departamento Zona I de la Superintendencia de Bomberos de la Policía Federal, comisario inspector Omar Bravo.

Justamente, el incendio se habría iniciado en el quinto piso del inmueble donde, según se informó en la Agencia Gubernamental de Control (AGC) del gobierno porteño, no estaba habilitado como depósito. Se agregó que sólo estaban habilitados la planta baja y el primer piso, como lugar de venta y depósito, respectivamente.


Peligro latente


Personal de bomberos confió anoche a LA NACION que ya se habían desmoronado la escalera de material del edificio, una losa y otra losa tenía un humdimiento de casi medio metro. "Está latente el peligro de derrumbe. Esperemos que no ocurra", dijo un jefe de bomberos.

Se agregó que en las plantas más altas, las cuales no estaban habilitadas como depósito, había aerosoles que lanzan espuma, papeles picados, árboles de Navidad y gran cantidad de artículos de cotillón, hechos en materiales plástico de alta combustión.

Una ex empleada de Ciudad Cotillón, que prefirió no revelar su identidad, afirmó a LA NACION que habló con el encargado de ese comercio, quien le confió que el incendio comenzó debido a que estaban haciendo arreglos edilicios, y que una de las chispas de una soldadora fue la causa del incendio.

El fuego se había inciado anteayer, a las 15.15 en las plantas altas y, aunque ayer por la tarde había sido controlado, hasta el cierre de esta edición aún no había sido extinguido.

Un oficial de bomberos señaló ayer a los periodistas los riesgos que correrían edificios cercanos al del cotillón, pues podía observarse mercadería apilada hasta el techo en departamentos particulares, que estaban junto a aparatos de aires acondicionados en funcionamiento: "Una chispa y tenemos otro incendio", dijo el bombero.

El jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri, se acercó ayer a la tarde a la zona en la que se produjo el incendio, e instó a los comerciantes a que "declaren los depósitos y hagan las inversiones necesarias".

Ernesto Bobé Cáceres, abogado del comercio Ciudad Cotillón, que dijo que pertenece a los hermanos Washington y Antonio Chemes, admitió: "El local está habilitado, tanto la planta baja como el primer piso, el resto son plantas que estaban a la espera de habilitación".

El director del Servicio de Atención Médica de Emergencia (Same) del gobierno porteño, Alberto Crescenti, informó: "Hemos atendido a 56 personas. Todos fueron dados de alta, excepto el bombero que cayó desde una medianera de 7 metros de alto, que permanece internado, aunque está fuera de peligro".

Ayer, todavía ganaban las calles de la zona de Once las columnas de humo negro, espesas, y de un olor tan desagradable como tóxico, que emanaban del plástico de los artículos almacenados en la casa de cotillón. Junto con el humo negro se desprendía de los pisos superiores un vapor blanco, producto del contacto de agua lanzada por los bomberos contra las paredes y losas que habían adquirido altas temperaturas.

Un centenar de curiosos y vecinos colmaban el vallado de seguridad, dispuesto por la policía para resguardar a la población de posibles derrumbes.

Gastón Ochoaizpuro, de 25 años, estudiante de medicina, dormía la siesta cuando lo despertó una extraña sensación de asfixia. En medio del ensueño, se levantó, abrió la ventana, y vio el humo negro y las enormes llamas que salían de la terraza de Ciudad Cotillón. "Escuché los gritos de alerta de los vecinos, y atiné a salir lo más rápido que pude; no tuve tiempo de rescatar nada. Tenía libros caros y una computadora, y todavía no sé quién se va a hacer cargo de las pérdidas".

Germán Souza, comerciante, de 35 años, dijo: "Fue un caos. Los automovilistas querían transitar a pesar de que las calles estaban cortadas; los comerciantes no querían cerrar sus negocios. Después nos enteramos de que los depósitos no estaban habilitados. Tiene que haber más control. No puede ser que siempre lleguemos tarde, cuando la tragedia ya se desató".

Franco Ruiz

La Nación
Miércoles 20 de Febrero de 2008

Visite nuestros contenidos de
SEGURIDAD Y SALUD OCUPACIONAL