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Una batalla que se da en el hogar
Ante la denuncia oficial del primer caso de fiebre amarilla en la Argentina, sería bueno reiterar, para no causar alarma, que una epidemia de esta enfermedad sería excepcional.
Sólo se presenta de manera endémica en Africa y en países del centro-norte de América del Sur. El riesgo de brote está dado por la falta de prevención a través de una oportuna vacunación en las personas expuestas a la picadura de mosquitos infectados y por la irresponsabilidad de la comunidad de permitir un índice vectorial superior a lo aceptable, al no limpiar los reservorios de agua donde se reproducen los mosquitos Aedes aegypti .
América Latina tiene hoy mayor riesgo de epidemias urbanas que en los últimos 50 años, debido a que la densidad de Aedes aegypti -responsable también del dengue- se ha expandido en áreas rurales y urbanas, infectando regiones de las que había sido previamente erradicado.
La fiebre amarilla es una enfermedad conocida desde hace 400 años y que tiene una vacuna efectiva desde hace más de 60 años. Desde hace dos décadas el número de infectados ha aumentado, lo que constituye un problema reemergente de salud pública, en el que los cambios climáticos y la deforestación tienen un rol importante.
Esta enfermedad es primariamente selvática y comienza en monos infectados por mosquitos. El virus circula entre los primates y pasa a otros mosquitos que se alimentan de su sangre, quienes a su vez pican a humanos que entran en la selva y producen casos esporádicos de fiebre amarilla. Lo preocupante ocurre cuando una persona infectada en la selva se desplaza durante la fase de viremia hacia centros urbanos con elevada densidad de Aedes aegypti .
Para luchar eficazmente contra la fiebre amarilla, la comunidad en zonas de riesgo debería tomar conciencia de que es necesario eliminar el Aedes aegypti y sus criaderos. Cada persona debe transformarse en un agente sanitario. La batalla se da en el hogar.
Y ante a un cuadro de fiebre abrupta (más de 39º), fuertes dolores de cabeza, escalofríos, hemorragias, mareos, malestar general, dolor muscular, vómitos y diarreas hay que consultar un médico de manera urgente.
El autor, especialista en enfermedades infecciosas, es director investigador del Instituto de Medicina Regional de la Universidad Nacional del Nordeste
Por Jorge Gorodner
Para LA NACION
La Nación
Martes 4 de Marzo de 2008