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La solución para el gas está en nuestra casa

Existe preocupación por el abastecimiento de gas, especialmente durante el invierno. El gas no es una commodity como el petróleo, ya que se moviliza en ámbitos regionales; la madre de las batallas por nuestra seguridad energética se librará en el sector gasífero, ya que en pocos países el fluido es tan importante como en la Argentina.

En el mundo representa apenas la quinta parte del consumo de energía, mucho menos que el petróleo y el carbón. Las cosas son distintas en nuestro país, donde el gas satisface la mitad del consumo (en Brasil cubre apenas el ocho por ciento).

Es esencial para el confort familiar, la generación eléctrica y además es un insumo crítico en muchas actividades productivas, que necesitan de gas abundante y barato para potenciar sus ventajas competitivas. Nuestro crecimiento económico dependerá de suministros seguros de gas a costos moderados.

La producción de gas en la Argentina registra una caída de 3,4 millones de barriles diarios comparada con 2004 (cantidad similar a la que ahora estamos negociando con los gobiernos de Brasil y de Bolivia) y las reservas han caído más del 40 por ciento desde 2002. Es conveniente buscar el acceso a las reservas de Bolivia, pero para que Bolivia pueda cumplir sus compromisos con nuestro país hay que construir un gasoducto, que recién ahora se esta licitando, y además hay que invertir en desarrollar los campos gasíferos en aquel país. Si la producción boliviana no se expande, aparecerán problemas.

Aquí es preocupante el artículo 3.8 del contrato firmado por Enarsa, la empresa estatal creada en la administración de Néstor Kirchner, que reza: "Las exportaciones de gas a la Argentina, ante potenciales interrupciones que pudieran presentarse, mantendrán razonable prioridad o proporcionalidad [...] respetando las obligaciones asumidas con anterioridad... es decir, abastecer primero el mercado interno boliviano, luego la exportación de gas a Brasil e inmediatamente después el contrato con la Argentina".

No debemos olvidar nuestras propias posibilidades, ya que aquí el consumo doméstico aumentará fuertemente por la construcción de nuevas centrales eléctricas.


Precios dispares


Es difícil de entender que fijemos un precio de más de seis dólares para el gas boliviano, mientras que la producción de Salta, Neuquén y la Patagonia tienen un precio de apenas 1,3 dólares por millón de BTU (la unidad térmica de medida británica).

Cada metro cúbico adicional de gas argentino significará más regalías para las provincias y más empleo, inversiones y prosperidad en el interior de nuestro país.

La caída en la producción no puede ser atribuida a una "maldición geológica", sino a la insuficiencia de inversiones en exploración. Los productores de hidrocarburos, salvo ciertas excepciones, pusieron más énfasis en extraer de pozos conocidos que en incorporar reservas.

Es urgente procurar la movilización de capitales de riesgo para el desarrollo de áreas potencialmente productivas. Para ello, es crucial un nuevo régimen de estabilidad tributaria similar a la ley de minería. En este régimen, con renovadas concesiones, nos tendremos que olvidar de las retenciones a la exportación que se están aplicando y capturar la renta fiscal del recurso mediante licitaciones abiertas, transparentes y competitivas.

Pero seamos realistas, todo esto llevará tiempo y necesitamos hacer algo ya. La propuesta más sensata es simple de implementar, ya que busca en nuestro territorio la solución al problema inmediato de abastecimiento de gas.

La propuesta concreta es disponer que Enarsa, responsable de comprar gas a Bolivia, le otorgue a partir de ahora el mismo tratamiento (es decir, el mismo precio) que al gas boliviano al "incremento por encima de la producción del año pasado" a cada productor localizado en nuestro país. Mientras no hagamos esto, no es razonable propiciar onerosas soluciones de transporte marítimo de gas, que nos costarán más del doble.

El autor es economista del Instituto Di Tella; fue secretario de Energía y de Industria y Comercio Exterior.


Por Alieto Aldo Guadagni
Para LA NACION

La Nación
Lunes 10 de Marzo de 2008

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