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La basura, esa cuenta pendiente
Acaso no hay, en los últimos tiempos, una normativa tan bien asimilada y respetada como la ley antitabaco en los lugares públicos de la Capital. La prohibición de fumar en bares y restaurantes, desde noviembre de 2006, se cumple con alta eficacia en la ciudad, pese a que en un principio había despertado un fuerte rechazo en un sector de la población de fumadores.
Pero el control social que hoy se ejerce sobre esta prohibición, y que predomina por sobre el del Estado, es tan significativo que muy pocos se atreven a desoírla.
Bueno sería que esta situación se diera también con la basura, un problema aún sin solución en la ciudad. La mala costumbre de los vecinos de sacar fuera de horario las bolsas con residuos, la no clasificación de éstos en secos y húmedos y un Estado porteño todavía ausente a la hora de practicar una política eficiente con los cartoneros hacen que las calles de Buenos Aires convivan con la suciedad.
Basura desperdigada en distintas esquinas, donde los cartoneros acopian el material reciclable, y residuos que duermen durante horas en las veredas son un retrato cotidiano de la realidad porteña. Falta higiene en la ciudad y frente a esto no hubo aún mejoras significativas desde la llegada de Mauricio Macri al gobierno.
¿Qué hace hoy el Estado para combatir este problema? ¿Cumplió con la promesa de duplicar los 12.000 contenedores que el ex jefe de gobierno Jorge Telerman había colocado en distintas esquinas de la Capital? No, por ahora. Sólo en los próximos días se definirán las licitaciones para que en agosto próximo estén en la calle los nuevos "megarrecipientes". En la actualidad, sólo el 25 por ciento de la ciudad tiene contenedores, y el gobierno apunta a que a fines de 2009 ese índice trepe al 60%, según dijeron las autoridades.
Macri también prometió ser riguroso con los vecinos que sacaran la basura fuera del horario (sólo se puede hacer de domingo a viernes, de 20 a 21). Dijo que iba a castigarlos con multas, algo que en teoría hoy existe, pero que en la práctica está lejos de concretarse. En los últimos dos meses, 80 inspectores de la Dirección de Higiene Urbana de la ciudad labraron 11.000 infracciones a propietarios gastronómicos y de universidades, y a vecinos que no cumplen con esta normativa.
Pero estas actas no se continuaron en multas efectivas, puesto que el castigo para los infractores está sujeto a la decisión de los controladores (jueces de faltas) y aún no se efectivizaron. ¿De qué sirve un acta de infracción, entonces, si quien incumple la ley no tiene su merecido castigo?
Está claro que si el Estado quiere promulgar la separación de residuos en origen, como también anunció Macri, deberá acompañar esta medida con una sostenida estrategia de difusión y comunicación. Por lo pronto, el gobierno aseguró que las campañas de higiene urbana para que la ciudad esté más limpia "ya comenzaron". Muchos, en la calle, aún no lo advirtieron. Lo auspicioso sería que sucediera lo contrario.
Por Pablo Tomino
ptomino@lanacion.com.ar
La Nación
Martes 25 de Marzo de 2008