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Escasos controles a ómnibus en Retiro

Ayer al mediodía había un solo inspector en la terminal; quejas de choferes por exceso de trabajo; hubo más víctimas viales

Pese a que el gobierno nacional difundió el Plan de Seguridad Vial, uno de cuyos ejes eran los controles que en forma estricta y continuada se realizarían a ómnibus de larga distancia entre otros vehículos, ayer, entre las 11 y las 13, en la Terminal de Omnibus de Retiro, LA NACION comprobó que había un solo inspector fiscalizando la gran cantidad de unidades que ingresaban y salían de allí.

Esto implicó que la enorme mayoría de los vehículos que operaban en esa terminal lo hicieran sin ningún control, a tal punto de que los choferes no encontraban a quien entregar el comprobante que la Comisión Nacional de Regulación del Transporte (CNRT) los había obligado a llenar con la hora de salida del viaje que terminaron en Retiro. Allí debía anotarse la de llegada y verificar que no se hubieran excedido la velocidad ni acortado el tiempo normal de viaje.

Sólo entrada la tarde, LA NACION pudo verificar un incremento del número de inspectores en la terminal de Retiro: de uno pasaron a cuatro, mientras que los ómnibus entraban y salían de a decenas.

En la provincia de Buenos Aires, las denominadas Madres del Dolor denunciaron que fallaron los controles. "Habíamos acordado con el Ministerio del Interior y con el Registro Unico de Infractores de Tránsito (RUIT) provincial la distribución de gacetillas y folletos en varios puntos de las rutas. Pero decidimos irnos porque no tenía ningún sentido", explicó a LA NACION Viviam Perrone, miembro de la asociación.

"Las motos prometidas sólo estuvieron en la autopista Buenos Aires-La Plata; helicópteros, no hubo; en algunos destacamentos de la ruta 2 no había formularios para infracciones y en varios sitios faltaron alcoholímetros para hacer las pruebas", dijo Perrone y agregó: "La mayoría sabe dónde está el puesto de control y, antes de llegar, disminuye la velocidad y se pone el cinturón de seguridad. Esto no sirve", dijo.

Ayer, segundo día del fin de semana largo, se conoció la muerte de 13 personas en accidentes de tránsito, los que, sumados a los de anteayer, suman 28. En Semana Santa de 2007, la prensa dio cuenta de 20 decesos por esa causa. Sin embargo, el gobierno nacional dice que por entonces fueron 174, por lo que el ministro del Interior, Florencio Randazzo, calificó ayer de "logro importante del operativo de prevención" vial la disminución de esa estadística (ver aparte).


Oficina cerrada


Al mediodía, en uno de los horarios pico, la oficina de fiscalización de la CNRT en Retiro estaba cerrada. Un cartel anunciaba que había que dirigirse a las situadas en el hall central. Pero allí los pasajeros se encontraban con que sólo se tomaban denuncias y, al no haber inspectores, nadie les podía dar una solución.

El único inspector que estaba por la mañana fiscalizando la salida y la entrada de los ómnibus dijo a LA NACION: "En lo que va del día, fiscalicé siete y estaban todos en regla. Pero ayer tuve que bajar del colectivo a dos choferes por falta de descanso".

Un chofer de la empresa Chevallier, que prefirió mantener su identidad en reserva, dijo a LA NACION: "Acabo de llegar de un viaje largo y no apareció ningún inspector a controlarnos. ¡Tendrían que estar acá! ¡Hacen las inspecciones al voleo. Hay choferes que llegan de un viaje de 14 horas, se lavan la cara y vuelven a salir a la ruta para otro viaje de 14 horas".

Asimismo, un chofer de la firma Itatí, relató: "Muchas empresas les cambian las libretas a los choferes, donde figuran sus nombres, el destino y los horarios, y les asignan enseguida otro viaje. Para estas fechas se venden muchos pasajes y las empresas no quieren resignar nada".

La escena es conocida por cualquiera que haya viajado en un ómnibus de larga distancia: mientras uno de los choferes conduce, el otro intenta dormir unas horas sobre el asiento de al lado, para luego volver a tomar el volante.

Con la muerte de 18 personas en Dolores, el 9 del actual, luego de que un tren arrollara a un ómnibus, el ojo volvió a ponerse sobre los choferes de ómnibus como responsables de las tragedias viales más graves que suceden en el país.

Los conductores, en cambio, se consideran víctimas de un sistema que aseguran que los asfixia: la falta de descanso.

Los especialistas consultados por LA NACION coincidieron en que, aunque los choferes descansen lo que dice la ley, "el reposo que se hace en la cabina no es suficiente para una actividad que requiere mucha atención".

Por Franco Ruiz
De la Redacción de LA NACION

La Nación
Sábado 22 de Marzo de 2008

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