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Cuatro historias, los mismos problemas
"Si le pago a la AFIP, no puedo pagar los sueldos", dice Sebastián Alonso, dueño de una empresa de bordado instalada en La Paternal, que trabaja para las grandes marcas de ropa deportiva. Factura 500.000 pesos al año y emplea a nueve personas. "En la industria textil no hay contratos, por eso no tenemos horizonte, los ciclos de producción están muy atados a los vaivenes de las grandes empresas", dice. "Y las grandes pueden dar aumento de salarios, por ejemplo, con lo que yo estoy de acuerdo, pero no me dan los números. Las grandes saben cómo trasladarlo a precios y quedarse con la rentabilidad, pero a mí me pisan los precios", concluye.
En 2000, después de la devaluación, sus mayores clientes financiaron su crecimiento: le compraron máquinas que Alonso pagó con trabajo. Con el último Campeonato Mundial de Fútbol, llegó a facturar $ 100.000 por mes, y con la promesa del crecimiento contrató más gente. Pero pasado ese ciclo, su facturación cayó a un tercio y debió despedir a cerca de 20 operarios. "Más allá de la competencia de China, la industria textil en la Argentina no tiene futuro, porque se nivela para abajo, se busca hacer lo más barato en lugar de diferenciarse por la calidad."
Alonso llegó a una triste conclusión: producir más sólo le baja el precio a su mercadería. "Ahora estoy estudiando los créditos del Banco Nación para comprar dos máquinas nuevas. Quiero vender las viejas máquinas, pagar deudas y posicionarme en un segmento más sofisticado de bordado, donde se paga mejor el diseño y la confección. Aunque suene paradójico, lo que quiero es un crédito para achicar la estructura, quedarme sólo con lo indispensable", relata.
El sueño de Raúl Slapak cuesta 40.000 euros: es una máquina italiana que le permitiría quintuplicar su producción de rollos de aluminio y bolsas para freezer, con la que factura unos $ 700.000 anuales y emplea a cinco operarios. "Es muy difícil invertir esa plata, sin tener una compensación o un reaseguro por parte del Estado", explica. Cuando pide un "reaseguro", está hablando de "una tasa razonable" que le permita sacar un crédito "sin hipotecar" lo poco que tiene. "Soy cliente de un banco privado. Cada vez que fui a averiguar para sacar un crédito, terminaba pagando mucho más por la letra chica. Pero además, me pedían hasta el factor de sangre de mi perro, así que me rendí antes de pedirlo."
Slapak, que compra insumos como plástico y aluminio, atados a precios internacionales, dice que "cuanto más inflación hay, más se deteriora la realidad de mi empresa, porque yo tengo que pagar por adelantado y al contado para que me entreguen mercadería, y a mí me pagan a 60 y 70 días".
Santín Luchetti fundó su empresa, Esat, en 1964. Comenzó haciendo productos industriales de caucho, pero en 1986 se dedicó a fabricar las pelotas de tenis Penn, instalada en el parque industrial La Cantábrica, en Morón. Hoy, exporta a Brasil, Chile, Uruguay, Paraguay, México y Australia.
Gracias a La Legión
Fabrica 300.000 docenas de pelotas anuales. Sus ventas se vieron ayudadas por el boom de La Legión, toda la nueva generación de tenistas argentinos que volvieron a poner la práctica del deporte en el candelero. Así, pasó de facturar $ 3,4 millones en 2003 a 8,5 millones el año último. "El crecimiento del mercado y el tipo de cambio ayudaron a ganar escala, pero sabíamos que no era para siempre, porque todos los costos iban a subir", dijo Daniel Luchetti, hijo del fundador y vicepresidente de la empresa.
"Los costos aumentaron, como mínimo, entre el 20 y el 25%, y la posibilidad de trasladar a precios es muy poca", explicó. En los últimos dos años, aumentaron los precios en torno del 11 por ciento. "Nosotros competimos con empresas que están radicadas en Indonesia, Filipinas, y China. Y dependemos de insumos como el caucho natural y plásticos derivados del petróleo. Todo aumentó, los insumos importados y los costos internos, y por eso vemos con cierta preocupación la situación actual."
Para el ejecutivo, que emplea a 50 personas, la solución está en aumentar la productividad para que la rentabilidad no se vea disminuida por el aumento de costos. "Estamos analizando incorporar nueva tecnología para reducir costos, por ejemplo, mejorar el sistema de envasado de las pelotas."
Para comprar esas máquinas, de tecnología extranjera, la empresa debe buscar fondearse en el sistema bancario, "aunque el costo financiero total es muy alto", admite Luchetti.
Madetec, también instalada en La Cantábrica, factura unos $ 4 millones al año y emplea a 17 personas. El 80% de sus productos son para exportación ( pallets contenedores, raks, cajones, etcétera), por lo que el nivel de actividad se mantuvo en alza en los últimos dos años. "Nos está yendo bien", dijo Edgardo Gámbaro, "lo que sí notamos es que la efervescencia de diciembre se acható y todavía no notamos síntomas de reestablecer el movimiento comercial".
La Nación
Lunes 21 de Abril de 2008