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Bomberos más tenaces que pertrechados

No llevan filtros de carbono, cascos ni tubos de oxígeno mientras combaten el fuego; en otros países, ésos son insumos básicos

ZARATE.- Pablo toma la fusta y el machete, sube a un helicóptero y sale a combatir el fuego con el entusiasmo de un chico. Nada puede detener su temeridad. Ni siquiera algunos aspectos que hacen a su seguridad personal.

El equipamiento de los brigadistas que trabajan en la extinción de los incendios del Delta provoca algunos interrogantes, aunque los jefes de bomberos encargados de las operaciones en la base localizada en el aeródromo de Zárate sostienen que resulta idóneo por las características del terreno.

Ninguno lleva casco ni elementos de primeros auxilios a mano; tampoco máscaras con filtros de carbono activado para evitar el efecto del humo y, mucho menos, equipos de respiración autónomos (ERA), que constan de un tanque de oxígeno conectado a un casco hermético. Estas herramientas, entre otras, son empleadas, por ejemplo, en países acostumbrados a combatir incendios forestales como los Estados Unidos, Canadá, Rusia, Australia y Chile.

"Lo ideal sería utilizar máscaras de filtros de carbono, pero requeriríamos gran cantidad y no hay; por eso usamos barbijo", expresó el jefe de la Brigada Puma de Hurlingham, Gustavo Busilachi. Los barbijos, que abundan entre los brigadistas, no resultan efectivos para ciertas sustancias tóxicas que transporta el humo, como benzapireno, óxidos de nitrógeno, monóxido de carbono, dinezodioxinas (dioxinas) y dibenzofuranos (furanos).

Algunas mochilas forestales provistas por la Brigada Puma (de 18 y 20 litros de agua) sólo fueron empleadas al principio. Según comentó un bombero a LA NACION, luego se transformaron en un suplicio para quienes las transportaban: cuando se acababa el agua, terminaban transformándose en un peso muerto.

"Defensa Civil no nos provee de nada. El equipamiento más específico para incendios forestales es el de la Brigada Puma. ¿El Plan de Manejo del Fuego? No, tampoco", agregó Busilachi.

Los bomberos que luchan cuerpo a cuerpo con las llamas de los pastizales en la islas provienen de varios cuarteles de la provincia de Buenos Aires; en su gran mayoría, nunca lidiaron con un siniestro de características forestales. "Tenemos que darles un curso acelerado para subir al helicóptero, pero no es lo ideal, porque no sabemos cómo van a reaccionar cuando bajan o suben", explicó una fuente militar a cargo de los siete Bell apostados en la zona.

Ayer fue otra jornada complicada para los brigadistas. Sólo a la madrugada unos 30 pudieron ser rescatados tras permanecer aislados por las llamas varias horas en Zárate; algunos debieron ser revisados en el hospital local, por precaución. El hospital de campaña dispuesto por el SAME en el aeródromo de Zárate ya había atendido en los días anteriores a un centenar de bomberos afectados por el humo.

El humo invadió la ciudad de Rosario (sobre lo que se informa aparte) y ciudades entrerrianas, pero no llegó a la Capital, aunque el Gobierno investiga un incendio desatado en los bosques de Ezeiza, presuntamente en forma intencional. Tampoco obligó a cortar rutas, pero la Gendarmería realizó operativos de tránsito asistido por la reducción de la visibilidad.


Barbijos inútiles


"Los barbijos o máscaras no funcionan para filtrar partículas PM 10 y PM 2,5, que son muy pequeñas y penetran profundamente en el sistema respiratorio", explicó a LA NACION el profesor titular de la cátedra de Biología de la Universidad Nacional de Córdoba, Raúl Montenegro. "Es irresponsable decir que el humo no encierra ningún riesgo para salud", añadió.

En opinión de Busilachi, no hay nada que temer: "Podemos hacer una evaluación positiva porque hasta ahora pasaron unos 600 brigadistas por acá y no tuvimos ningún accidente".

Para los casi 200 bomberos que trabajan por turno en los numerosos focos, la herramienta preferida es la fusta de fabricación casera, compuesta por un mango de metal y varias tiras de cubiertas de automóvil en la punta. Con ella, castigan las llamas que avanzan en línea sobre los pastizales hasta extinguirlas. Al parecer, según consultó LA NACION, la fusta resulta un elemento tradicional en este tipo de combate contra el fuego en América latina. "Es un elemento casero y económico. Los bomberos llevaron lo que tenían en sus cuarteles", dijo una fuente de la Federación de Bomberos Voluntarios.

La seguridad personal parece relegada entre estos bomberos, que se entregan con estusiasmo a su trabajo. "A nivel tecnológico, en el mundo hay aviones hidrantes que cargan el agua directamente del río y también otros elementos de seguridad personal", dijo Busilachi. "¿Casco? Algunos utilizan los tradicionales de obra, pero es una decisión de cada uno", agregó el jefe de la Brigada Puma. Los bomberos voluntarios no perciben ninguna remuneración ni cuentan con cobertura social.

En Chile, los bomberos deben usar en forma obligatoria, casco, botas, guantes, capucha, protección ocular, chaqueta y pantalón, certificados bajo normas norteamericanas y europeas.

En los Estados Unidos cuentan con material de última generación y homologado. Usan cascos con intercomunicadores especiales para poder dialogar entre ellos, equipos ERA, mochilas con elementos de supervivencia y asistencia médica, trajes con tres capas aislantes, máscaras y antiparras. Una de las herramientas de protección más novedosas en EE. UU. y en Australia es el "refugio antifuego" ( forest fire shelter , en inglés), una especie de carpa aluminizada que se lleva en el cinturón. El dispositivo puede activarse cuando algún bombero queda cercado por el fuego y permite sobrevivir debajo de las llamas.

Los bomberos norteamericanos también emplean largas mangueras que pueden conectarse a bocas cisterna ubicadas incluso dentro de los parques nacionales. En zonas rurales, el trabajo en tierra de los brigadistas se combina con descargas de agua desde aviones hidrantes de escasa capacidad. También se emplean elementos químicos denominados "retardantes" que se rocían o lanzan sobre las llamas para moderar la combustión.

Los rusos dejan el combate cuerpo a cuerpo en un segundo plano. Sin medias tintas, enfatizan el trabajo de los gigantes aviones hidrantes, Ilyushin, que directamente inundan el campo de agua. Apuestan a frenar el avance del fuego en forma rápida y a distancia.

Por aquí, en cambio, todo es bien diferente. El especialista venezolano en control y combate de incendios, José Musse Torres, consideró: "En muchos países latinoamericanos, la técnica es esperar las lluvias y rogar que los vientos alejen el fuego de los centros poblados". Afortunadamente, el Servicio Meteorológico Nacional anuncia para hoy y mañana lluvias en la región afectada por los incendios.

Por: Franco Varise
Enviado especial

La Nación
Sábado 26 de Abril de 2008

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