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Polémica por una obra en la autopista

Un grupo de vecinos reclamó la interrupción y denunció que no se hizo el estudio ambiental, entre otras irregularidades

Donde había una pequeña arboleda, creció una estructura de hormigón. El polideportivo terminó con la puerta de emergencia tapiada con ladrillos y la pista de atletismo perdió varios metros en uno de sus laterales. Las instalaciones del centro cultural se inundan cada vez que llueve, y una reja verde, alta, infranqueable impide la circulación de las personas.

Esas son las quejas de los vecinos del barrio de Parque Chacabuco, que advierten que en menos de un año se fue mutilando uno de los espacios verdes más antiguos y necesarios de Buenos Aires (con una superficie de 20 hectáreas), en una ciudad que no se caracteriza por la abundancia de "pulmones" para oxigenarse.

La construcción de una subida y una bajada de la autopista 25 de Mayo sobre la avenida Curapaligüe encendió una polémica entre los vecinos que se oponen, el gobierno porteño y la empresa concesionaria AUSA.

La obra, tal cual como está planteada, le restaría unos 10.000 metros cuadrados al parque y, según los vecinos, representaría un riesgo para los cerca de 1200 chicos que concurren a seis escuelas linderas debido al gran incremento de tránsito que habrá en la zona.

"Es indignante; esta obra se hace acá porque es más barato que expropiar viviendas en otro lugar. Estoy anonadada, ya que habíamos llegado a una instancia de interrupción de la obra y esto sigue. Evidentemente, no consideran a este parque un espacio útil y por eso avanzan", dijo Julia Ororbia, una de las vecinas autoconvocadas que pide frenar la construcción porque, en su opinión, representa un riesgo ambiental y un "avasallamiento" del parque.


Debido a las obras, la superficie de la pista de atletismo del complejo deportivo quedó reducida a casi la mitad en uno de sus laterales. Foto: Julián Bongiovanni

Los vecinos lograron el aval de 4300 firmas para reclamar la interrupción de la obra, que fueron presentadas ante la Legislatura y el Poder Ejecutivo porteño. De ninguno de esos ámbitos recibieron respuesta. Sólo obtuvieron el apoyo del legislador Aníbal Ibarra, que, curiosamente, fue uno de los impulsores de la obra cuando se desempeñó como jefe de gobierno.

El 15 de este mes se realizará una audiencia pública, que promete una elevada dosis de tensión, a juzgar por el ánimo de los vecinos. Justamente, ese día se cumplen 104 años del parque Chacabuco, creado por el arquitecto y paisajista francés Carlos Thays.

"En Buenos Aires tenemos solamente 1,8 metros cuadrados de espacios verdes por persona, cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda 10 metros cuadrados por habitante; no tenemos que resignar estos lugares porque son irreemplazables", añadió Modesto Berdullas, otro de los vecinos que acompañaron a LA NACION en una recorrida por la zona.

Entre las múltiples irregularidades que plantean los vecinos, hacen hincapié en la inexistencia de un estudio de impacto ambiental, en que no se respetó la distancia de 12 metros entre la obra y una escuela, en que nunca se convocó a una audiencia pública antes de iniciar la construcción y que se vulneró el artículo 27 de la Constitución porteña, en cuanto a la preservación de los espacios verdes.

Voceros del Ministerio de Desarrollo Urbano explicaron que se llamó a una audiencia pública para escuchar a los vecinos, a pesar de que la administración no está obligada.

"Vengo todos los días a correr y nos cercenaron una porción de pista; cortaron árboles y sin estudio ambiental avanzaron con esta obra: los funcionarios hacen las cosas para sí mismos... Es una aberración", opinó muy enojado Eduardo Mateo.


Propuestas indirectas


Los vecinos caminan por el parque mientras entregan un volante en el que advierten que "la audiencia pública no legitima las obras". Ocurre que sospechan que ese trámite civil no vinculante resultará sólo una formalidad.

"Esto que hicieron ahí es una m...", expresó un corredor visiblemente ofuscado por la construcción. Uno de los métodos empleados por los vecinos para hacer conocer el reclamo fue contratar a un auto con grandes altoparlantes en el techo, como en los viejos tiempos. "Nos llegaron algunas propuestas, no directas, de que iban a arreglarnos todo el parque a cambio de que no molestáramos más con la obra", dijo Carlos, otro vecino.

Una de las cuestiones que más indignan a este grupo de porteños es que la empresa taló varios nogales, tipas, robles y hasta cerezos.

"Estamos convocando a que la gente participe de la audiencia para dejar bien en claro que el gobierno va a ser el único responsable de lo que pueda suceder", dijo Ororbia, dado que considera que esta obra aumenta la probabilidad de accidentes viales en una zona donde confluyen los chicos de seis escuelas.

Los reclamos comenzaron en 1999 y, después de tres administraciones en la ciudad, la pelea vecinal sigue.

Por Franco Varise
De la Redacción de LA NACION

La Nación
Lunes 5 de Mayo de 2008

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