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Un túnel lleno de agua, bichos y "tesoros"

El año próximo comenzarán las obras para aumentar la capacidad de desagüe de la red y evitar las habituales inundaciones

La escalera de mano clavada en la boca de tormenta prenuncia la oscuridad total. Uno, dos, tres escalones hacia abajo, y la película cotidiana del asfalto, los colectivos y las casas se funde en negro. Entonces, la secuencia cambia. Una vez que la vista se acostumbra, surgen las primeras imágenes de las entrañas del arroyo Maldonado, que corre entubado por la Capital 13 kilómetros, debajo de la avenida Juan B. Justo.

El principal curso aliviador pluvial de Buenos Aires, es un alarde de ingeniería de hace 70 años, responsable de los recurrentes anegamientos que sufren miles de vecinos cada vez que caen sólo unos milímetros de lluvia.

En una recorrida por el canal con funcionarios del gobierno de la ciudad y del Banco Mundial, LA NACION pudo observar que la capacidad de desagüe del Maldonado hace tiempo que no da más. El cauce no alcanza a escurrir todo el agua que baja desde el oeste bonaerense y la que se cuela por los sumideros de la Capital, donde ya no encuentra tierra para filtrarse.

La administración de Mauricio Macri anunció obras para intentar solucionar el problema. El jefe de gobierno debió soportar, antes de cumplir cien días de mandato, el embate natural del Maldonado: con sólo 60 milímetros de lluvia, las calles de Palermo y Villa Crespo quedaron sumergidas.

La obra, financiada en buena parte por el Banco Mundial (BM), costará 230 millones de pesos, pero sólo comenzaría el año próximo, una vez que lleguen las máquinas tuneladoras de Canadá. Se ha proyectado construir dos canales cilíndricos por debajo del Maldonado, a unos 30 metros de profundidad, para aumentar de 100 a 300 metros cúbicos por segundo la capacidad de alivio.

"Mientras tanto, durante los próximos cuatro años, todo dependerá de mejorar los pronósticos y las alertas de lluvias", dijo Fernando Gutiérrez, director general de la Red Pluvial del gobierno porteño. El subsecretario de Mantenimiento Urbano, Vicente Spagnulo, agregó que para evitar taponamientos se sancionará a las empresas que desechen cemento en la red.

A pesar de lo que uno podría imaginarse, el paisaje en el túnel principal del Maldonado resulta muy poco interesante a primera vista. Pero al segundo vistazo, la impresión cambia: cucarachas del tamaño de un pterodáctilo, bolsas de basura colgadas del techo, monedas viejas, el sonido del agua que asemeja en la oscuridad al de un manantial y todo tipo de desperdicios de la vida común... y de la otra.


Variados botines


"A veces encontramos armas viejas, balas y carteras que «descartan» los«chorros»", comenta uno de los guías, responsable del mantenimiento del túnel, a cargo de la empresa Automat.

"Hoy, lo que más encontramos son celulares y patentes de autos que se caen por las rendijas de los sumideros", dice el hombre de Automat. Aclara, de todos modos, que no quiere hablar mucho de esos temas para no generar expectativas sobre extrañas criaturas o tesoros arrastrados por el agua. "Bajar es muy peligroso", advirtió.

El corte del canal da un gran rectángulo de 15 metros de ancho por 5 de alto. El techo, es decir, Juan B. Justo, está sostenido por columnas, y en el centro de toda la estructura corre el arroyo, que en un día normal apenas tiene unos 20 centímetros.

"Parece mentira, pero cuando llueve todo esto se llena de agua hasta el techo, a tal punto que empieza a salir por las bocas de tormenta en las calles", comenta el guía, que ilumina las paredes atestadas de insectos. "No sé cómo hacen para sobrevivir", afirma en voz alta, en relación con la curiosa aptitud de las cucarachas. Y agrega: "Ratas no hay, porque acá no tienen escapatoria".

El Maldonado cruza los barrios de Liniers, Villa Luro, Vélez Sarsfield, Santa Rita, Villa General Mitre, Villa Crespo y Palermo, hasta desaguar en el Río de la Plata. "En la última etapa [la zona de Palermo] la densidad de bichos es tremenda", añadió el guía, con media sonrisa.

De regreso a la superficie, el empleado y guía de la comitiva comenta que todo parece menos silencioso, pero que, al menos, las cucarachas quedaron atrás: "¿O no?", interroga con ironía, y sonríe otra vez.

Por Franco Varise
De la Redacción de LA NACION


La Nación
Lunes 12 de Mayo de 2008

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