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Una apuesta inesperadamente dura

Las cuatro entidades que representan al campo decidieron jugar la apuesta más dura de esta crisis y, probablemente, de la historia del gremialismo rural. Prolongar por seis días el paro más largo del que se tenga memoria después de haber recibido anteayer el mensaje conciliador de la presidenta Cristina Kirchner, significa, también, el mayor desaire que algún sector le haya propinado a este gobierno.

Sólo la enorme presión de las bases en las asambleas de productores, que se multiplicaron en estos días por todo el interior, puede explicar la decisión de no conformarse sólo con gestos de acercamiento. La actitud de los productores, lejos de relajarse como era la expectativa del Gobierno, se endureció exponencialmente en los últimos días. Ayer, al vencer el plazo del paro de ocho días, bien se podría haber impuesto un paréntesis que abriera un nuevo diálogo. Es lo que pensó el Gobierno y gran parte de la sociedad urbana, que se vieron sorprendidos por la decisión. Ese no era el cálculo ni la expectativa que se tenía en las ciudades del interior luego del discurso de la Presidenta. Allí, la medida de los ruralistas cayó mejor y hasta contó con el aliento de muchos, convencidos de que no se debe ceder.

La prolongación del reclamo hace perder protagonismo y espacio a los productores que defendían las posiciones más conciliadoras. En el primer paro de este conflicto, a las entidades de la producción les resultó suficiente oír el tono conciliador de un discurso de la Presidenta para sentarse inmediatamente a la mesa del diálogo.


Frustración


Pero fueron tan decepcionantes y pobres los resultados alcanzados durante los 30 días de la tregua, que ya ningún dirigente se conforma sólo con un guiño para levantarse a bailar de nuevo. El diálogo entablado en sucesivas reuniones se devaluó porque fue demasiado evidente la intención del Gobierno de alargar cualquier definición y desgastar el frente de las cuatro entidades. Y por si faltaba algo para terminar de quebrar la confianza de los productores, se incumplió con la palabra dada de abrir las exportaciones de carne y de trigo."Nos humillaron, nos llamaron egoístas y mentirosos. Fue lo mismo que sufrir un calvario", resume Hugo Luis Biolcati, vicepresidente de la Sociedad Rural.

Por estos días los presidentes de las cuatro entidades se ven como surfeadores de esta gran ola de protesta. Sólo pueden hacer equilibrio arriba, pero a ninguno de ellos se le ocurre pararse a detenerla porque saben que con toda seguridad se los va a llevar puestos. Ni siquiera las palabras de reflexión y diálogo que intercambiaron al mediodía con Hermes Binner, gobernador de Santa Fe, sirvieron para atenuar el mandato de las bases. Las 8000 personas que se congregaron en la principal plaza de la ciudad para demostrar la fiereza del reclamo los terminó de convencer.

La voz cantante en la mayoría de las asambleas de productores que se vienen desarrollando en las últimas semanas, en la que participa una gran cantidad de autoconvocados sin participación en las entidades gremiales, es la de los que no le huyen a jugar a fondo en la protesta. Como si se hubieran graduado en un curso acelerado de negociación K.

Además, a medida que la cosecha avanza -ya está levantado el 82% de la superficie de soja- y los productores se van liberando de las tareas rurales, sin un minuto de descanso van a encaramarse a las rutas.

En este escenario, se calcula que en pocos días las concentraciones y los cortes serán más de 300, es decir, una cifra superior a la de la primera etapa del conflicto.

Como la toma de decisiones en las asambleas de productores es totalmente abierta, con votación a mano alzada y, en la mayoría de los casos, con una tenue conducción, el equilibrio entre cortar y no cortar las rutas pende en muchos casos de un hilo. "Para venir a entregar volantes a los automovilistas mejor nos vamos a casa", dicen los que más rápidamente pierden la paciencia.

El activismo de los productores en las rutas no parece diluirse sino, por el contrario, va en aumento y algunos temen que la protesta termine saliéndose de cauce. Así las cosas, la dirigencia rural ha oído a las bases y ha decidido seguir adelante. La suerte de la apuesta se conocerá después.

Por Félix Sanmartino
De la Redacción de LA NACION

L
a Nación
Virnes 16 de Mayo de 2008

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