Ud. está en: Noticias > Cómo se escribe un capítulo en la lucha por el equilibrio ambiental
Cómo se escribe un capítulo en la lucha por el equilibrio ambiental
Con el Amazonas como estandarte, las selvas tropicales de Brasil son consideradas el pulmón del planeta. Por eso, su deforestación indiscriminada para favorecer actividades agropecuarias o industriales alimenta las alteraciones del clima, que no sólo contribuyen al calentamiento global modificando los regímenes de lluvias sino que reducen el oxígeno que neutraliza los gases contaminantes de todo el globo. Por la tala, en los últimos 35 años se perdieron unos 550 mil kilómetros cuadrados de bosques -casi dos veces la provincia de Buenos Aires- y, con ellos, desaparecieron miles de especies.
Sin embargo, y aunque el futuro no siempre asome alentador, a veces la actividad del hombre va de la mano con la naturaleza. Clarín estuvo en las plantas que Faber Castell tiene en los estados brasileños de Minas Gerais y San Pablo, en las que se fabrican 2.500 millones de lápices al año. Allí, la naturaleza regala sus colores y a cambio recibe los residuos que el proceso de fabricación origina y que sirven para mantener el equilibrio ambiental.
Desde la tala misma de los pinos, todos los subproductos del proceso industrial son reutilizados para evitar el desperdicio de materia prima y la generación de residuos. Los gajos y hojas se dejan en el suelo para que se transformen en nutrientes; con la corteza se produce humus para las mismas plantaciones; las cenizas se convierten en fertilizantes; el aserrín, en combustible, y el agua es tratada y reutilizada.
Así, se producen unos 7 millones de lápices por día. Los pinos son plantados en 6.700 hectáreas a razón de 1.600 árboles por cada una. De cada tronco se pueden obtener hasta 8.000 lápices, dependiendo del tamaño, que está dado por su edad. Las cosechas arrancan a los 8 años y siguen a los 12, 18 y 25. Después, se reforesta.
Las plantaciones, además, contribuyen al secuestro de dióxido de carbono, ya que todo el proceso industrial emite apenas el 15% del total de ese gas que capta del ambiente. Entonces, uno de los elementos de escritura más antiguos del mundo ayuda al planeta a respirar un poco de aire fresco.
Por: Juan Manuel Gaimaro
Fuente: BELO HORIZONTE, BRASIL ENVIADO ESPECIAL
Clarín
Lunes 19 de Mayo de 2008