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Los vecinos del Gran La Plata se quejan por la falta de obras hídricas
Hace tres meses y por una lluvia inédita, varios barrios de la zona quedaron bajo el agua en cuestión de horas. Desde entonces, miles de inundados reclaman ayuda, arreglos y planes de prevención ante emergencias
Cuando se nubla, mi hija se larga a llorar y me pide que nos vayamos", cuenta Romina Leyes, uno de los 90 mil damnificados por las inundaciones del 28 de febrero en el Gran La Plata. Ludmila tiene 6 años y no puede olvidarse de ese día, cuando empezó a subir el agua y quedó encerrada con la mamá y el hermano en su casa. "No supe qué hacer, estaba con los chicos y se trabaron las puertas con la presión. Nos salvaron unos amigos que pudieron romper la ventana", recuerda su mamá.
| Primera nota El 28 de febrero, 90.000 vecinos de Villa Elisa, City Bell, Gonnet y Arturo Seguí quedaron sumergidos por una inundación extraordinaria. En la edición de ayer, Clarín enumeró las causas naturales, estructurales y de gestión que se combinaron para que el desastre tuviera semejante magnitud. En tanto, los científicos de la Universidad de La Plata advierten que si no se hacen obras, en 20 años esa zona quedará bajo el agua. Vivir con el agua al cuello Guillermo Allerand Los vecinos que piden obras tropiezan con un frío cálculo de los funcionarios: mejor pagar indemnizaciones que invertir en obras para catástrofes que ocurren muy de vez en cuando. Se desatienden así no sólo las advertencias de especialistas sobre el cambio climático y sus dramáticas consecuencias al no tomar precauciones, sino la vulnerabilidad de los propios afectados, su angustia ante la pesadilla del agua. |
Los vecinos hierven en reclamos. Piden obras hidráulicas, pero también un plan de contingencias para saber cómo prepararse, qué hacer en el momento de la inundación y cómo afrontar sus consecuencias. Tal como reveló Clarín ayer, el área metropolitana comenzó a sentir el cambio climático con un incremento de las precipitaciones violentas: según un diagnóstico del Centro de Investigaciones del Mar y la Atmósfera de la UBA, desde 1990 llovió un 30% más en esa zona. Esto, a su vez, aumenta los caudales de los arroyos, muchos de los cuales cruzan barrios densamente poblados del Conurbano. Un informe de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de La Plata dice que alrededor de un millón de personas vive en zonas peligrosas, y que el panorama puede agravarse "si no se contiene la urbanización descontrolada y no se trazan planes hidráulicos adaptados a estas tormentas".
El Ministerio de Salud provincial aprobó en 2004 un "Plan contra Desastres" que propone organizar comités de emergencias por región y mapas de riesgo bajo el diseño de zonas peligrosas. Pero el problema es que no está implementado en el sur del Conurbano. "Acá no vino nadie a decirnos cómo seguimos. No vemos grandes obras y tampoco al equipo de especialistas preparando la zona para futuros desastres como nos prometieron", afirma Claudia Daneri Campos, que tuvo un metro y medio de agua en su casa de City Bell y decidió juntarse con un grupo de vecinos para organizarse. Formaron la Asamblea del Arroyo Rodríguez, similar a otros grupos autoconvocados a partir de las inundaciones, como la ONG Comité de Cuenca de Villa Elisa o los grupos de vecinos del barrio El Rincón. También están en asamblea permanente los padres de la Escuela Municipal Nø1 de Villa Elisa, construida a pocos metros del arroyo Carnaval. Por ahora, las clases están suspendidas allí por falta de seguridad.
Un buen plan de contingencias tiene importancia material y también psicológica. En lo material implica, por ejemplo, definir canales de comunicación eficientes para alertar a la población. El 28 de febrero, la crecida empezó a las 14,30 en la localidad de Arturo Seguí, a las 16 se inundó el área del Camino Belgrano y a las 18 el Camino Centenario. "El agua vino con una fuerza nunca vista y tapó todo en pocos minutos. Si alguien nos hubiera avisado podríamos haber evitado muchas pérdidas", afirma Laura Ferrandi desde su casa junto a Centenario. Otra necesidad urgente es actualizar los mapas de riesgo, con datos sobre centros de evacuación y caminos posibles para salir de los anegamientos.
En lo psicológico, "las inundaciones causan incertidumbre, que se nota en adultos en estado de shock y en chicos más agresivos y temerosos", explica el psicólogo Flavio Peresson. Por eso, todos los grupos de inundados reclaman la visita de psiquiatras, psicopedagogos y terapistas ocupacionales que contengan a la población. "Necesitamos apoyo para superar esto. Yo lo noto en mi marido, que no habla del tema pero cuando se nubla el cielo ata la heladera y prepara el bolso", explica María Teresa Pintos, vecina de City Bell.
Por: Cristian Scarpetta
Clarín
Lunes 19 de Mayo de 2008