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Hay una señal, pero no modificaciones de fondo
Más valor simbólico que económico parecen tener los anuncios de modificaciones del controvertido esquema de retenciones a las exportaciones de cereales y oleaginosas. El alivio en la presión tributaria a partir de precios muy altos parece el reconocimiento de un error, lo que no es poca cosa. Pero el hecho de que a los valores de hoy no habría alivio alguno es el dato que en principio justifica la reacción negativa del campo a los anuncios.
Para las bolsas de cereales y oleaginosas el dato favorable es la desaparición de la suerte de precio máximo que había establecido la fijación de las retenciones móviles. Los analistas y los productores aún quieren ver el detalle de la letra chica de las resoluciones, dados la complejidad técnica del esquema y lo difícil de entenderlo sólo por medio de lo expuesto en la exposición del jefe de Gabinete.
La decisión tiene cierto sello de pragmatismo. Reduce la presión fiscal en un nivel de precios que todavía no se ha alcanzado, con lo cual no se resigna en modo alguno recaudación impositiva. “A los valores actuales parece que no cambia nada: hay una rebaja sólo si los precios internacionales suben mucho. Tal vez los mercados reaccionen bien, porque aparentemente desaparece el tope de precios, pero también es probable que a los productores esto no los conforme”, señaló el economista Luis Secco.
Los productores agropecuarios querían ver una reducción más importante y no sólo concentrada en los precios más altos, que por ahora son nada más que teóricos.
Seguramente tendrá muy poco efecto el esquema de compensaciones para productores monotributistas, en primer lugar porque son pocos. En segundo lugar, porque la falta de actualización de las escalas hace que ante la suba de precios los monotributistas dejen de serlo, de modo que son cada vez menos.
Desde el punto de vista global de las medidas, lo que se ve claramente es que el Gobierno mantuvo la intención de acrecentar fuertemente la presión fiscal sobre la soja, un sector que hasta ahora había estado relativamente a salvo de las medidas intempestivas.
Las esperanzas de los productores rurales parecían puestas en retenciones de un nivel probablemente más alto que el que rigió hasta el 10 de marzo último, pero menor al que apareció al día siguiente. Para los precios que hoy rigen eso no sucedió y las medidas que llevaron a la caída al entonces ministro Martín Lousteau quedaron completamente en pie.
Si el Gobierno tenía una expectativa recaudatoria con el esquema, hasta hoy no ha resignado un sólo peso, a no ser que la resolución que instrumente los cambios contenga precisiones que en la conferencia no se dieron.
La reducción del nivel de retenciones sólo ocurriría si cereales y oleaginosas alcanzaran valores que hoy nadie prevé y que sólo serían consecuencia de alguna sequía catastrófica de algún país que aporte mucho a las cosecha en conjunto con una mayor suba de los valores del petróleo. Nada de eso está entre las perspectivas de los analistas hoy en día.
Para la cuenta de los pequeños y medianos productores nada cambia en lo inmediato. La desaparición del precio máximo a esos mismos productores en torno de los 600 dólares que se estableció en marzo colaborará, en todo caso, con los mercados de futuros y habrá para quienes siembran un beneficio indirecto.
Los técnicos y dirigentes de las cuatro entidades deberán abocarse a recorrer con lupa la norma legal que de forma al anuncio que, en principio y por estas razones económicas, no tomaron demasiado bien.
El Gobierno tampoco parece dispuesto a reducir sus expectativas de recaudación en momentos que a causa del frío, del menor aporte de gas de Bolivia y el paro de los petroleros de Santa Cruz es necesario aumentar el gasto en subsidios para evitar mayores restricciones en las industrias y eventuales apagones en las ciudades.
Algunos de los argumentos expuestos para justificar la suba de las retenciones son también controvertidos. El avance de la superficie sembrada con soja en desmedro, por ejemplo, de la ganadería o de la lechería se dio precisamente cuando el Gobierno tomó medidas como el peso mínimo de faena o el congelamiento de los valores al productor, lo que redujo las rentabilidades.
Es lógico que el Gobierno tenga la preocupación de contener el precio de los alimentos, pero hasta ahora no parece haber encontrado una fórmula que permita alcanzar ese loable objetivo sin afectar los negocios. El otorgamiento de compensaciones también genera dudas porque incluso a sectores empresariales grandes y poderosos se les deben subsidios o devoluciones.
La señal de modificación es positiva y un cambio en el Gobierno, que hasta ahora dijo que las retenciones móviles no podían tocarse. Para que el campo levante las medidas de fuerza pareciera ser que hace falta que una modificación se sienta ahora mismo en el bolsillo y no sólo si los precios internacionales alcanzan récords que nadie parece prever.
Aún la señal no parece alcanzar tampoco para que sectores industriales comerciales e industriales ligados a la actividad del campo ven un panorama más claro y alentador que el que hoy tienen.
Por Jorge Oviedo
De la Redacción de LA NACION
La Nación
Viernes 30 de Mayo de 2008