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Biocombustibles: la discusión copó la cumbre de los alimentos

El secretario general de la ONU pidió consenso mundial para su fabricación

Hasta ahora hay pleno acuerdo en la identificación de los males: la grave crisis de los alimentos exige gobernar la globalización del desastre que nos amenaza en forma colectiva. "Menos palabras y más hechos", proponen los que hablan. Pero a los buenos análisis que se escuchan y a las invitaciones retóricas siguen decisiones modestas. El senegalés Jacques Diouf, director de la FAO, el organismo de la ONU donde ayer se vivió la segunda jornada de la asamblea mundial para afrontar la crisis alimenticia, dijo que hacen falta 30 mil millones de dólares anuales para afrontar el alza vertiginosa de los precios y aumentar la producción. En cambio el coreano Ban ki-Moon, secretario general de Naciones Unidas, aseguró que el esfuerzo financiero es más barato. Bastan 15-20 mil millones. Eso sí, hay que ponerlos en los planes de acción todos los años.

Ayer, el Banco Islámico puso a disposición 1.500 millones de dólares y el Programa Mundial de Alimentos (PMA), también con sede en Roma, otros 1.200 millones. El español Rodríguez Zapatero fue el primer donante concreto, con 500 millones de euros. El presidente francés Nicolas Sarkozy afirmó que Francia duplica su compromiso anual y pasa a mil millones de euros. Se esperan más ofertas en las próximas horas. El secretario de Agricultura norteamericano, Ed Shafer, que ha evitado el protagonismo porque EE.UU. no quiere asumir muchos compromisos, dijo que su país es el primer donante con un programa de 5 mil millones de dólares desde 2006, pero no hizo promesas adicionales.

El catalán José María Sumpsi, subdirector general de la FAO, comentó al diario español El País que una de las claves es que "no se esperaba que los países emergentes -China, India, Indonesia, Brasil- creciesen a un ritmo anual del 10-12%. Eso ha producido una explosión de la demanda y no estábamos listos. Ese mundo nuevo ha empezado a comer y de repente no hay comida para todos".

Ban-ki-Moon sabe que hay que cambiar la estructura de la ayuda, aumentar la coordinación y poner en marcha ya un plan de acción. Ayer se habló mucho de los biocombustibles. En la apertura de la asamblea, el martes, el brasileño Lula da Silva defendió la política pionera de su país y aseguró que el uso de la caña de azúcar para producir gasolina no quita espacio a la producción de alimentos para el consumo humano.

Muchos no están de acuerdo. Entre ellos el Vaticano, que considera que sobre todo en la actual emergencia es poco moral producir biocombustibles con más de 860 millones de personas hambrientas. El Pontificio Consejo de justicia y Paz dijo en una declaración que los grandes países industriales, que se reunirán en la próxima cumbre del G8, deberían considerar si es oportuno "producir bioenergías en el actual contexto de penuria de productos agrícolas".

EE.UU. respalda a Brasil y es a su vez un gran productor de biocombustibles que provienen del maíz. En el documento de ayer, el Vaticano afirmó que para desarrollar y defender el principio del "derecho a la alimentación" hay que considerar las nuevas fronteras. Es necesario "encaminarse a la reforma agraria en los países en desarrollo, que dé la propiedad de la tierra a los campesinos".

Ban ki-Moon pidió el consenso internacional para producir biocombustibles. "Necesitamos el consenso para que se tenga en cuenta la seguridad alimentaria y las exigencias energéticas".

Lula y el titular de agricultura de México, Alberto Cárdenas, dijeron que "hay etanol bueno y etanol malo". El bueno es el producido con caña de azúcar, el malo con el maíz y otros cereales. EE.UU. dedicó 54 millones de toneladas de maíz en 2007 a producir etanol. Este año empleará 76 millones y en 2009, 101 millones de toneladas. También hubo una propuesta de crear un banco para regular los precios de los alimentos, que lanzó el canciller italiano Franco Frattini. "Pensamos en un mecanismo internacional para crear reservas estratégicas a usar en casos de urgencias, que tendría un papel regulador sobre los precios y reduciría la especulación".

La conferencia concluirá hoy con una Declaración Final en la que se expondrán las líneas de acción para gobernar la crisis de los alimentos.

Por: Julio Algañaraz

Clarín
Jueves 5 de Junio de 2008

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