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En toda la Capital, el almanaque volvió a 2001
El Obelisco, eje de los cacerolazos
El resonar de cacerolas y bocinas comenzó a las 20, en respuesta a la convocatoria anónima, difundida por medio de correos electrónicos y mensajes de texto. Primero fueron unos pocos vecinos, en las esquinas de sus casas. Pero sólo unos minutos más tarde esos pequeños grupos se convirtieron en miles de personas que, desde el norte, el sur y el oeste de la Capital confluyeron en el Obelisco.
Aunque la intención de algunos era llegar hasta la Casa Rosada, la marcha debió desviarse hacia el Congreso. Desde las 21, la Plaza de Mayo estaba custodiada por unos 500 militantes kirchneristas que, armados con piedras y palos, se habían preparado para resistir el avance de la protesta contra el Gobierno. A ese grupo se sumaron el dirigente Luis D Elía y el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno.
En las esquinas de Plaza de Mayo la tensión iba creciendo minuto a minuto ante la posibilidad de que los manifestantes que estaban en el Obelisco decidieran avanzar. "Se juntaron como 15.000 tipos; va a haber que aguantársela", decía un hombre de unos 50 años que golpeaba un bastón de madera contra el asfalto.
La policía buscó evitar el enfrentamiento. Por eso, en Diagonal Norte y Carlos Pellegrini se había instalado un vallado con cinco patrulleros y unos 50 agentes. Pero los movilizados en el Obelisco tenían como consigna no dejarse provocar y no hubo choques.
La mayoría había llegado desde la zona norte, por la avenida Santa Fe. Otro grupo marchó desde Caballito, por la avenida Rivadavia. Desde el Sur llegaron por la avenida 9 de Julio.
No había oradores ni líderes identificables. De vez en cuando, entre el ruido de cacerolas y bocinas, se oía algún canto: "Si éste no es el pueblo, el pueblo dónde está"; "Y ya lo ve, y ya lo ve, es para Cristina que lo mira por TV".
Eran las 22.30 y los que habían llegado al Obelisco estaban exultantes al ver que cada vez eran más, cuando un joven de unos 30 años los exhortó: "El Gobierno quiere que vayamos a la Plaza de Mayo. Nos quieren provocar. No vayamos. Les pido que no vayamos". No hizo falta la insistencia. Después de un rato, la mayoría se volvió a su casa y el resto avanzaba hacia el Congreso.
A las 23, unos 3000 llegaron a Entre Ríos y Rivadavia. En su camino, arrancaron con furia los carteles de las Madres de Plaza de Mayo que decían "No siempre se mata con balas" y tenían una foto de leche que caía de un camión junto a las imágenes de los cuatro dirigentes de la mesa de enlace del campo y la de Alfredo De Angeli.
"Se va a acabar, se va a acabar, la dictadura de los K", coreaban, mientras una fila de unos 30 hombres golpeaba las vallas del Congreso. Uno de ellos sostenía un cartel que decía: "No a la dictadura de Néstor I e Isabel II". A las 23.45, todo había terminado.
La protesta había empezado antes de las 20 en distintas esquinas. En Santa Fe y Callao, el epicentro de la manifestación de Barrio Norte, había unas 3000 personas. "Es el problema de siempre, la clase dirigente divorciada de la sociedad", protestaba Alejandro Capilla, un abogado de 29 años. "Nosotros engordamos novillos, no piqueteros", decía un cartel. "Vine gratis", rezaba otro.
Además, había pequeños grupos en muchas esquinas, y cacerolas y banderas argentinas en los balcones.
Lo mismo pasaba en Flores, Caballito, Villa Crespo, Almagro y Boedo. También en algunas localidades bonaerenses, como Avellaneda, Lomas de Zamora, Quilmes y La Plata.
En la Plaza de Mayo, todos estaban preparados para lo peor. Militantes de la JP Evita, del MUP, de La Cámpora y del Comedor Los Pibes, de La Boca, habían roto baldosas y regado de piedras las esquinas como para que cualquiera pudiera servirse. Varios de los militantes que ocupaban las primeras filas tenían fierros y palos.
La idea era cerrar el paso de las dos principales entradas a la plaza. Las improvisadas barricadas se completaban con maderas colocadas en forma horizontal, a manera de vallas, y pequeñas fogatas prendidas con basura.
Entre los manifestantes había familias con niños, pero en su mayoría eran grupos de jóvenes. Algunos de ellos proponían ir al Obelisco para chocar con la otra marcha. Pero los dirigentes apostados allí desde temprano, Fernando "Chino" Navarro, Edgardo Depetri y Angel "Lito" Borillo, insistían en que sólo responderían ante una agresión.
Pasadas las 23, cuando se confirmó que el cacerolazo no llegaría hasta la Plaza, el clima se apaciguó.
La Nación
Martes 17 de Junio de 2008