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"En nombre de la ley, liberen las rutas"

Ante una multitud, la Presidenta atacó a los ruralistas en paro: "Son cuatro personas a las que nadie votó"; también acusó a los manifestantes de las ciudades: "Con cacerolas y bocinas no se arreglan las cosas"; llamó a "respetar la democracia"

De repente, el reloj atrasó dos meses y medio. Igual que el 1° de abril, la presidenta Cristina Kirchner se presentó ayer frente a una Plaza de Mayo llena para exigir a los ruralistas aún en rebelión que liberaran las rutas. Los desacreditó, los emparentó con movimientos golpistas y al final los convocó con tono épico a debatir "el acuerdo del Bicentenario".

Tal cual como aquel día la aplaudieron más de 50.000 personas (movilizadas, en su mayoría, por el PJ del conurbano, la CGT y grupos piqueteros oficialistas). También Néstor Kirchner, todo el gabinete, Hugo Moyano, Luis D Elía y casi todos los gobernadores peronistas.

Pero la ilusión de viaje en el tiempo se diluía allí. El conflicto con el campo ya es una crisis política; entre los antagonistas apareció en el discurso "la clase media", que estalló en cacerolazos esta semana; entre los ministros ya no estaba Martín Lousteau, promotor de las resistidas retenciones móviles, y esta vez al matrimonio presidencial el gesto de poder le costó un esfuerzo mayor.

Sobre todo, le fue complicado confirmar la asistencia de los gobernadores aliados. No pudieron con todos: faltaron Mario Das Neves (Chubut), Juan Schiaretti (Córdoba) y los radicales K, incluido el vicepresidente, Julio Cobos. El gobernador de Salta, Juan Urtubey, no vino por problemas en su provincia, pero envió su adhesión.

Frente a la multitud, la Presidenta arremetió contra los jefes de las entidades agropecuarias: los definió como "cuatro personas a las que nadie votó", que quieren decidir "quién puede andar por las rutas del país y quién no". Según ella, con esa actitud estaban "interfiriendo en la misma construcción democrática".

A esa frase, pegó un mensaje a los caceroleros: "Tal vez con tanto golpe de Estado que hemos vivido creemos que todo se arregla con intolerancia, con golpes, con bocinas, cacerolas o cortes de ruta. Así no se arreglan las cosas". Y criticó a la clase media, "que muchas veces, a partir de prejuicios culturales, termina actuando contra sus propios intereses". De ese modo, la Presidenta estructuró su diagnóstico de la crisis que tiene paralizado el tránsito y el suministro de productos básicos en el país. Lo acomodó a la consigna del acto: "En defensa de la democracia".

El discurso no incluyó referencias a la decisión de enviar al Congreso el plan de retenciones, que el día anterior había aplacado algo la tensión.

Más bien en sintonía con esa medida, buscó desacreditar la legitimidad de las entidades del agro. Insistió en que a ellos "nadie los eligió" y recalcó: "Son los representantes del pueblo, elegidos en elecciones libres, democráticas y sin proscripciones, los que deciden, deliberan y ejecutan". Les recomendó a quienes rechazan su programa tributario formar un partido y presentarse a elecciones.

En el final del discurso suavizó la acusación contra el agro. Dijo que los dirigentes "tal vez no se dieron cuenta de lo que estaban haciendo" y actuaron "por la propia dinámica de las corporaciones, que no pueden ver más allá de su interés sectorial". Entonces, los convocó al siempre presente y nunca definido acuerdo del Bicentenario.

"En nombre de la Constitución y de las leyes, liberen las rutas y dejen que los argentinos volvamos a producir y trabajar", los exhortó. Casi un calco del cierre del 1° de abril. En cambio, esta vez ni mencionó a la prensa (la otra oportunidad había desplegado su teoría de "los generales mediáticos" y del "mensaje cuasi mafioso" del artista Hermenegildo Sábat).

La movilización del aparato kirchnerista había empezado con una tragedia, al morir un militante tucumano al que le cayó encima una farola de hierro de la plaza. Fue antes del mediodía. Poco después, el centro de Buenos Aires quedó casi desierto, ya que los bancos y las dependencias oficiales dieron asueto, y cerró la mayoría de los comercios. La CGT llamó a un cese de actividades, que incluso afectó el tráfico aéreo de cabotaje, al plegarse uno de los gremios de pilotos.

La plaza quedó llena desde las 15. Se siguió un plan vigilado por el jefe de la SIDE, Héctor Icazuriaga: la gente de D Elía se ubicó lejos de los camioneros de Hugo Moyano y éstos de los obreros de la Uocra. No hubo peleas.

La Presidenta habló 24 minutos ante esa plaza de fervor contenido. Al terminar encontró el abrazo de su esposo: "Te amo mucho", le dijo él, emocionado. "¿Estuve bien?", preguntó ella, bajo una prolija lluvia de papelitos. De vuelta el déjà vu . Los ruralistas lo avivarían cuatro horas más tarde cuando resolvieron extender el paro.

Por Martín Rodríguez Yebra
De la Redacción de LA NACION

El discurso presidencial

"Cuando tomé decisiones para redistribuir el ingreso no lo hice, se lo juro, para perjudicar a nadie; al contrario, no fueron contra nadie".

"Con tanto golpe de Estado que hemos vivido, creemos que todo se arregla con golpes, bocinas, cacerolas o cortes de ruta."

"Cuatro personas a las que nadie votó, nadie eligió, deliberaban, decidían y comunicaban quién podía andar por las rutas del país y quién no."

La Nación
Jueves 19 de Junio de 2008

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