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Récord de producción en Botnia
En 9 meses elaboró 700.000 toneladas de pasta de celulosa; rechazan las acusaciones de contaminación
FRAY BENTOS.- "La chimenea está humeando las 24 horas; tendrían que venir a la medianoche para ver cómo trabaja", dice Daniel, joven funcionario de la semivacía aduana uruguaya, mientras mira a través de la ventana la enorme mole de cemento que despide humo blanco y gris, a pocos kilómetros del puente de la discordia entre argentinos y uruguayos.
Conocedor a distancia de los movimientos de la empresa que revolucionó a esta ciudad, Daniel sonríe, aunque su trabajo haya mermado de manera dramática con el corte del acceso al puente internacional San Martín que los asambleístas de Gualeguaychú sostienen desde hace casi dos años a modo de protesta.
La planta de producción de celulosa que la empresa finlandesa Botnia erigió en la margen oriental del río Uruguay cumplió nueve meses de funcionamiento batiendo récords de velocidad en la producción de pasta de exportación, y sus ejecutivos aseguran que desmiente día tras día las acusaciones de contaminación que esgrimen los asambleístas, del otro lado del río.
"Estamos en etapa de producción plena, con una producción de 3000 toneladas diarias. La capacidad total anual es de un millón de toneladas, de las cuales ya se han enviado 700.000 en nueve meses", explicó a LA NACION Matías Martínez, responsable de producción de Botnia, en la puerta de entrada de la imponente planta.
Martínez, un uruguayo que llegó a Fray Bentos hace seis meses, explica el proceso: los árboles de eucaliptos son lavados y reducidos a chips; se separa la lignina de la celulosa, que es el material que se lava, se seca y se transforma en planchas cortadas en fardos de 250 kilos cada uno. Son el producto terminado que, por medio de camiones, llegan hasta las embarcaciones ubicadas, y desde allí parten hacia Nueva Palmira para su final destino europeo.
Todo es limpio, organizado, sin fallas. Impresiona la planta de secado, con dos cintas transportadoras gemelas que trasladan los fardos, empaquetados y atados de manera automática. También está el sector de tratamiento del material de descarte, que se transforma en energía para Fray Bentos. No hay olor a coliflor hervida, salvo en la entrada a las oficinas.
Martínez conoce las críticas que se hacen del otro lado del río, pero tiene una respuesta a mano para cada cuestión. "El conflicto y el corte no nos afectan. No sólo ha aumentado la calidad ambiental, sino la de la pulpa. Nuestra respuesta está acá, en el trabajo diario", dice con orgullo. Florencia Herrera, gerente de comunicaciones de Botnia, agrega: "La evaluación, a nueve meses de comenzado el proceso, es muy satisfactoria. Se está superando lo pensado, en ecología, cantidad y calidad de la producción".
Por tratarse de una planta moderna -se indica- se ven pocos empleados en el proceso de producción. ¿Y los finlandeses? "Quedan unos veinte y a fin de año habrá cinco -cuenta Martínez-, ya que el trabajo fue aprendido por uruguayos, como se había planeado."
Impacto
A pocos kilómetros, en la ciudad, hay una mezcla de agradecimiento a la empresa, críticas a los asambleístas y tristeza por los puestos de trabajo que se cerraron cuando la construcción terminó. "Botnia nos ayudó con muchas cosas; dio educación a los empleados, y viviendas que quedan para el municipio, pero ahora estamos sin trabajo", afirmó a LA NACION Atali Dalmás, una bonita joven fraybentina, sentada en la plaza de la ciudad. A su lado, mate en mano, Graciela Rodríguez se enoja cuando le recuerdan las protestas de los asambleístas. "No hay olor, y nos bañamos en los balnearios sin problemas".
El intendente, Omar Lafluf, reconoce que la situación empeoró, pero asegura: "Nunca volveremos a ser lo que era este pueblo en 2003, antes de que llegara Botnia".
Por Jaime Rosemberg
Enviuado especial
La Nación
Lunes 25 de Agosto de 2008