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Instan a reducir la iniquidad sanitaria en tres décadas

Se presentó ayer un informe de la OMS

Desde el escenario del auditorio del nuevo edificio de la Cancillería, el reconocido epidemiólogo británico Michael Marmot miró al auditorio, colmado de funcionarios nacionales y provinciales, y subrayó: "Corregir las desigualdades sanitarias es una cuestión de justicia social, de vida o muerte".

Así, Marmot comenzó ayer la presentación de los resultados del informe de la Comisión de Determinantes Sociales de la Salud convocada especialmente por la Organización Mundial de la Salud. Durante tres años y medio, expertos de 19 países, incluidos Brasil y Chile, analizaron la calidad de vida de sus poblaciones. Concluyeron que el entorno social creado a través de "malas gestiones políticas" determina cifras que la biología no puede explicar.

"No estamos hablando sólo del sistema de salud. Si hablamos de la Argentina, más del 20% de la población vive con dos dólares por día... Cómo es eso posible en un país del que en la escuela me enseñaron que es maravillosamente rico", dijo a LA NACION minutos antes de su presentación.

-¿Los gobiernos se dan cuenta de que con las medidas que toman afectan la salud de la población?

-La tercera recomendación del informe es que se hagan mediciones y controles de los efectos de las políticas públicas. Esto es muy importante porque lo que el gobierno hace en todos los sectores afecta la vida de la población y, seguramente, su salud. Por lo tanto, es muy importante hacer una evaluación permanente en todas las áreas.

-¿Cree que hay conciencia de las consecuencias?

-A menudo no saben qué efectos tienen. Si pensamos en los acuerdos multilaterales, por ejemplo, y les preguntamos a quienes participan en las negociaciones comerciales cómo los acuerdos que firman influirán en la salud de la población, es frecuente escucharlos decir que nunca piensan en eso. Nosotros, en cambio, sostenemos, quizás desde la ingenuidad, que lo más importante es cómo esas decisiones afectan la vida de la población. Entonces, medir el estado y el acceso a la salud es una forma de lograr que las autoridades tomen conciencia de las consecuencias de sus acciones.

-Eso implica algo más que disponer de cifras epidemiológicas...

-Los datos epidemiológicos son importantísimos, pero insuficientes. Necesitamos la información que nos pueden aportar los análisis económicos, los estudios de casos y observacionales, entre otros.

-Muchos se escudan en que esos relevamientos son muy caros.

-Todo cuesta dinero, pero en este caso se trata de cómo se utiliza en beneficio de la población. Creo que es vital poner en marcha buenos sistemas de control. Hay muy pocos países que realizan buenas mediciones, como los nórdicos o el Reino Unido. En algunos, ni siquiera se controlan los nacimientos y las muertes. ¿Cómo puede un país conocer su desempeño si no mide adecuadamente ni siquiera sus estadísticas vitales..?

-A partir de este escenario, ¿cree que será posible reducir las desigualdades en los próximos 30 años o en "una generación", como proponen en el informe?

-Bueno, elegimos ese término cuidadosamente. Lo que queremos es abarcar el concepto de toda una vida, comenzar a trabajar desde la niñez, es decir, ofrecerles a los chicos de hoy la posibilidad de comenzar bien su vida. Queremos que la próxima generación no sufra las enormes desigualdades que padece ésta. Sabemos que no se logrará en cinco años, pero si nos esforzamos, podremos hacerlo en una generación.

-¿Y para las generaciones actuales?

-No es demasiado tarde para disminuir las desigualdades, si se mejoran las condiciones laborales, el entorno y los hábitos de vida de las personas. La idea es comenzar ya. Contamos con suficientes evidencias como para saber qué medidas tomar.

Por Fabiola Czubaj
De la Redacción de LA NACION

La Nación
Jueves 25 de Septiembre de 2008

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