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Empiezan a declarar los sobrevivientes de Cromagnon

Tendrán asistencia médica y psicológica

Los más brutales fantasmas de Cromagnon volverán a hacerse carne hoy entre los 200 jóvenes sobrevivientes que empezarán a declarar como testigos en el juicio por la tragedia del 30 de diciembre de 2004 en el local de Once, en la que fallecieron 193 personas.

Desde hace un año, están siendo asistidos por la Oficina de Protección a la Víctima, una dependencia de la Procuración General de la Nación que trabajó con los sobrevivientes para intentar reducirles el impacto que les provocará desde hoy el recuerdo público de esa noche, sumado a que deberán enfrentar preguntas en la intimidante sala de audiencias de Tribunales.

Hace un año, el fiscal del juicio Jorge López Lecube y el tribunal pidieron a esa oficina que evaluara si los sobrevivientes podían declarar. A partir de allí, se trató de contactar a los 200 testigos citados, que habían asistido al show de Callejeros y se los invitó para entrevistarse con equipos de abogados, psicólogos y asistentes sociales.

Algunos no pudieron ser encontrados y otros directamente prefirieron no contar con esta ayuda. Finalmente, unos 120 testigos fueron entrevistados y evaluados para hacer lo que los expertos llaman la "psicoprofilaxis para el acto testimonial".

Para ello, además de sugerirles terapias, se los llevó en visitas grupales a la sala, para que conocieran los lugares donde estarán ubicados los jueces, los abogados y donde deberán estar ellos. Se tuvo en cuenta que muchos de los testigos tenían 14 o 15 años al momento de la tragedia.

Muchos han cambiado para siempre desde esa noche. Algunos no comunicaron a su círculo de amigos o en su trabajo que son sobrevivientes de la tragedia. Otros aseguran ser discriminados. Muchos están ansiosos por declarar y, otros, preocupados porque lo que digan podría perjudicar a los acusados, a Chabán o especialmente a Callejeros, banda a la que admiran.

Los testigos serán acompañados por un psicólogo y por un abogado durante su declaración en el estrado y, de ser necesario, se interrumpirá la declaración para asistirlos.

Los expertos denominan "tóxicos" a esos relatos por la carga que tienen para los sobrevivientes. También se temen las consecuencias que la difusión de esos dichos pudiera generarles. Por ello, los jueces del tribunal oral a cargo del juicio María Cecilia Maiza, Marcelo Alveró y Raúl Llanos decidieron tener extremo cuidado con las preguntas que autoricen a los abogados defensores y querellantes. Incluso, la jueza Maiza, en la audiencia del viernes pasado, explicó que dentro de la amplitud que tienen para admitir preguntas, serán muy cuidadosos para no perjudicar a los testigos.

Si bien no hay ningún impedimento legal para identificar a los sobrevivientes, funcionarios de la Procuración General se reunieron la semana pasada con periodistas de diversos medios para pedirles que cuidaran el impacto de la publicidad de estos testimonios. Se acordó en esa reunión, de la que participó LA NACION, que las crónicas de esas declaraciones no incluyan los nombres completos de dichos testigos. La doctora Maiza ya había pedido el viernes a los medios de comunicación que no revelaran la identidad de esos testigos.

El abogado querellante y padre de uno de los jóvenes fallecidos en la tragedia, José Iglesias, dijo que muchos sobrevivientes no quieren ser "revictimizados a partir de la publicación" de sus datos. Tienen que hacer un enorme esfuerzo y algunos tienen miedo de decir algo de un amigo", explicó.

La Oficina de Protección a la Víctima, a cargo de Eugenio Freixas, trabaja desde hace diez años con un muy bajo perfil para evitar efectos indeseados en aquellos que fueron afectados por delitos graves.

Generalmente, la oficina toma casos de abusos sexuales o de trata de personas. A pesar de haber atendido a unas 10.000 víctimas en estos años, no enfrentaron nunca una tragedia de esta magnitud. La oficina da consejos sobre la terapia adecuada y orientación psicológica, aunque no brinda tratamiento.

Con este auxilio, los sobrevivientes empezarán a expresar sus temores, la odisea que les permitió sobrevivir. Para algunos, será una liberación, pero para otros significará atravesar un momento tan dramático como el que protagonizaron hace casi cuatro años.

Por Hernán Cappiello
De la Redacción de LA NACION

La Nación
Lunes 29 de Septiembre de 2008

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