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Frenan la extensión de la jornada laboral en la UE
Diputados europeos lograron bloquear una directiva impulsada por Reino Unido
Los europeos no trabajarán -legalmente- más de 48 horas semanales. El Parlamento Europeo rechazó ayer una directiva, impulsada por el Reino Unido y los países del Este de Europa, que pretendía subir ese máximo legal, conseguido en 1919, hasta las 65 horas y, bajo ciertas condiciones, hasta las 78.
Los eurodiputados bloquearon así una norma aprobada por los gobiernos y que sólo fue rechazada por España y Grecia. La votación, que se temía muy apretada, acabó aprobando masivamente un informe del eurodiputado socialista español Alejandro Cercas contra la directiva comunitaria, que los gobiernos deberán ahora negociar con una comisión de eurodiputados que puede volver a rechazarla.
La norma permitía que cada empleado negociara directamente con su empresa si aceptaba trabajar más de 48 horas. Con el desempleo aumentando, pocos serían los valientes que se negarían a trabajar más. Cercas pidió el voto favorable a su informe porque "un trabajador y un empresario no pueden pactar libremente porque la relación de fuerzas ampara a los capitalistas". De haberse aprobado, hubiera sido un ataque a la línea de flotación de los convenios colectivos.
También se pretendía que el personal sanitario no contabilizara como horario laboral las horas de guardia inactiva que pasa en los hospitales, abriendo así la puerta a jornadas laborales maratonianas si el médico dormía en el hospital. Cercas se congratuló: "Hoy hemos demostrado que esta Cámara está viva, que no estamos al servicio de los Gobiernos nacionales". Para este eurodiputado, "el futuro social de Europa estaba en juego" y "hemos parado los pies a las pretensiones más salvajes y deshumanizadas".
El voto de ayer también es una advertencia a los gobiernos que culpan ante sus ciudadanos a las instituciones europeas de normas que ellos apoyan en Bruselas y no se atreven a promover en sus parlamentos nacionales, como en este caso han hecho Alemania, Francia e Italia, entre otros muchos.
El rechazo de la directiva es una victoria del modelo europeo de protección social, leyes laborales y negociaciones colectivas frente al ataque de los neoliberales representados esta vez por un Gobierno británico que se dice laboralista y por varias capitales del Este de Europa.
Es también un triunfo del Gobierno socialista español, el único junto al griego que se opuso hasta el final a esta norma, después de ser abandonado por Francia e Italia tras la llegada al poder de Sarkozy y Berlusconi. Y es un paso delante de la Europa social frente a la Europa mercado a la que aspiran Londres y sus aliados del Este, convencidos de que para competir económicamente con Europa occidental deben hacerlo a través de la explotación laboral.
Por: Idafe Martín
Clarín
Jueves 18 de Diciembre de 2008