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Murieron 150 ballenas en una playa australiana
Los científicos no logran explicar las razones de estos fenómenos
Grupos de rescatistas se dirigieron ayer a la playa Naracoopa, en King Island, cerca de Tasmania, con el objeto de salvarles la vida a casi 200 ballenas y media docena de delfines que quedaron atrapados en la playa el domingo por la noche.
Por la mañana, algunos ya habían muerto, según informó Chris Arthur, portavoz del Servicio de Parques y Vida Silvestre de Tasmania. El saldo, anoche, era de 150 cetáceos muertos.
No se sabe por qué los animales se dirigieron a la isla, situada a medio camino entre Tasmania y Australia, indicaron en sus despachos las agencias EFE y DPA. El diario local The Examiner informó que la manada de ballenas piloto y los delfines nariz de botella fueron atrapados por una marea extremadamente baja.
Sin embargo, el periódico británico The Times en su edición online atribuyó el varamiento al factor humano y precisó que organizaciones conservacionistas "demandan una investigación inmediata y detallada" de lo que consideran una situación "sospechosa".
Aunque estos varamientos se producen periódicamente en Tasmania en la temporada de migración hacia las aguas del Antártico, Arthur señaló que no era habitual que ballenas y delfines quedaran varados conjuntamente. En tanto, el experto en varamientos de cetáceos Mark Simmonds, de la Sociedad para la Conservación de Ballenas y Delfines, explicó a The Times que el hecho de que dos especies llegaran juntas a la costa era motivo suficiente como para hacer sospechar de la existencia de un factor humano, como el uso de sonares militares, que las habría asustado. Los sonares producen sonidos similares a los que emiten las orcas cuando salen a cazar sus presas.
Aun así, son varias las teorías sobre por qué se ocurren estos varamientos masivos. Entre las causas naturales, el doctor Mariano Sironi, director científico del Instituto de Conservación de Ballenas, mencionó las infecciones parasitarias en el sistema nervioso y en el oído medio, que alteran los sentidos de orientación de los cetáceos; las infecciones virales o bacterianas, que afectan la salud de toda una manada; la huída de sus predadores; los fuertes lazos de unión social de la manada, que hacen que todos los miembros sigan a un solo individuo; las mareas extraordinarias; las características geográficas particulares de una bahía que pueden «atrapar» a los animales en la costa, y la desorientación por alteraciones del campo magnético terrestre que usan los odontocetos para orientarse.
"Por eso -dijo Sironi a LA NACION-, lo ideal es que haya veterinarios o biólogos cerca para detectar si tienen alguna infección y, si es así, evitar que infecten a otras manadas si vuelven al agua."
Una triste escena
Al llegar a la costa de King Island, el equipo de rescatistas australianos se enfrentó a una triste escena. A lo largo de la playa, hasta donde alcanzaba la vista, había ballenas y delfines tumbados sobre la arena seca y con las aletas hacia arriba. "Se podía oír gritar a los animales", dijo a una radio local John Nievaart, uno de los primeros en llegar al lugar.
"Había familias, padres, madres, abuelos... Todos ayudaron, con la dirección de los guardaparques", relató el jefe de la administración de la isla, Andrew Wardlaw. Los isleños organizaron rápidamente cadenas de agua con baldes y toallas para cubrir a las ballenas y protegerlas del sol, y recorrieron la costa en motos acuáticas para evitar que otros animales también quedaran varados.
Cuando llegó la marea alta, ayudaron a sacar ballenas al agua, pero no siempre con éxito. "Un par de escolares consiguieron sacar a un ballenato, pero volvió dos veces a la playa. La escena rompía el corazón", relató Nievaart. Los mamíferos no encontraron el camino de regreso al mar.
La Nación
Martes 3 de Marzo de 2009