Ud. está en: Noticias > Energía limpia
Energía limpia
Pablo Cañete vive en la Base Esperanza desde hace casi un año. En un mes, cuando regrese a su casa, podrá decir que su trabajo dejó una huella en la historia de la base
Como teniente primero del Ejército se especializó en guerra informática. "Aunque viniendo a la Antártida te desactualizás, cada año surgen nuevas tecnologías", reconoce. Junto a Carlos Gutiérrez -El Gurka-, un veterano antártico con más de veinte campañas a cuestas, lleva adelante el proyecto Viento Hidrógeno. Su objetivo es reemplazar gradualmente el consumo de energía proveniente de combustibles fósiles con una combinación de aerogeneradores, hidrógeno y baterías (celdas PEM).
Esperanza consume 250.000 litros de gasoil cada año, esto no sólo significa la emanación de gases que contribuyen al efecto invernadero, sino también un alto riesgo en transporte, descarga y almacenamiento de combustible. Pero la problemática ambiental no es el único inconveniente, la logística para transportar los hidrocarburos a un lugar tan remoto dispara su valor y se multiplica hasta cinco veces. Todo ello sin contar los costos de mantenimiento de tanques, bombas mangueras con resistencias eléctricas anticongelantes, válvulas y una infinidad de accesorios y repuestos.
Quienes hacen Viento Hidrógeno se fijaron como meta producir, dentro de 15 años, el 50% de los requerimientos energéticos de la base mediante recursos renovables. El proyecto se basa en aerogeneradores que transforman la energía del viento en energía eléctrica que, a su vez, es utilizada para realizar electrólisis del agua. Este proceso consiste en disociar la molécula de agua (H2O) en hidrógeno y oxígeno puros (H2 y O2). El producto resultante se almacena para su posterior uso, el oxígeno se utiliza en soldadoras autógenas y usos medicinales; en tanto que el hidrógeno se aprovecha como combustible. Además, "ambos gases alimentan celdas PEM (baterías) que producen energía eléctrica", explica Pablo.
Hasta ahora, Pablo y Carlos han logrado producir el 4% de la energía requerida por la base utilizando dos pequeños aerogeneradores. Esa energía una cocina, calefacción, luces y maquinaria del laboratorio en el que trabajan. "Es un proyecto íntegramente nacional llevado adelante en conjunto por el Comando Antártico del Ejército y la Dirección Nacional del Antártico. Sus resultados podrán ser utilizados tanto en la Antártida como en el resto de la Argentina. Nuestra intención es utilizar sólo tecnología producida en el país", explican.
El proyecto, que comenzó en 2007, tiene una visión de largo plazo. En la lista de tareas pendientes se encuentra la creación de un mapa de vientos de la zona: un trazado de las velocidades que alcanzan las distintas corrientes eólicas en el entorno de la base a lo largo de tres años. Así se podrá determinar la cantidad y el tamaño de los aerogeneradores necesarios para alcanzar los objetivos de producción. Además, es necesario realizar un estudio del impacto ambiental que pueda generar un campo eólico en la zona.
Pablo y Carlos están entusiasmados. La pequeña casa naranja donde tienen montado el laboratorio es una muestra del poder de su trabajo. Queda todavía infinidad de cuestiones por resolver, sin embargo ellos están convencidos que desde la Antártida se puede empezar a transformar el mundo.
Por Mariano Rabinstein, de www.antartidaabierta.com
Infobae
Viernes 3 de Abril de 2009