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Necesitamos otra revolución verde

Los precios cada vez mayores de los alimentos son, en primer lugar, el resultado directo de la sobredemanda junto con una oferta limitada.La biotecnología “verde” puede ayudar a aumentar en un 25 por ciento los rendimientos de la producción mundial.

Por primera vez en la historia, dentro del marco de la Cumbre del G-8, los ministros de Agricultura del grupo se reunieron para tratar el tema del abastecimiento de alimentos el pasado fin de semana en Italia. Los países del G-5 (Brasil, China, India, México y Sudáfrica), además de Australia, Egipto y Argentina, también se reunieron al Grupo. La cumbre debe tomar claras decisiones políticas sobre cómo ampliar el abastecimiento mundial de alimentos para el futuro, de manera sustentable.

Ya es hora de que la comunidad internacional analice el tema de cómo garantizar el abastecimiento de alimentos en todo el mundo. Cuando los precios del trigo, el maíz y otros productos treparon a precios récord en la primavera de 2008, el mundo notó por primera vez en años que no podemos dar por sentado que habrá una provisión de alimentos suficiente.

Pero cuando los precios de las materias primas cayeron como resultado de cosechas récord el año pasado, y surgió la crisis bancaria mundial, el tema del abastecimiento de alimentos para el mundo rápidamente salió de la agenda.

A pesar de las actuales turbulencias en los mercados financieros, el tema de los alimentos claramente deberá recibir una alta prioridad en los próximos años.

La discusión sobre los elevados precios de los alimentos, en primer lugar, destaca lo siguiente: la creciente conciencia de que los alimentos no caen del cielo. En cierta medida, los países occidentales industrializados han dejado de comprender cómo se obtienen los productos agrícolas.

Que los países industrializados pueden comprar frutas y productos agrícolas en cualquier parte del mundo a precios razonables sin importar la temporada se ha convertido en algo que se da por sentado. Esta percepción es alimentada por la caída de los precios de los alimentos en alrededor del 75 por ciento desde la década de 1970 debido a los avances en materia de productividad.

En Europa, incluso, hemos promovido la agricultura orgánica que, en promedio, significa el doble de tierra que con las prácticas agrícolas convencionales.

La mano empezó a cambiar en 2005. En un período de tres años, los precios han aumentado en un 75 por ciento. Los precios cada vez mayores de los alimentos son, en primer lugar, el resultado directo de la sobredemanda junto con una oferta limitada: cada vez más personas deben alimentarse de una superficie de tierra que, en el mejor de los casos, permanece constante.

A pesar de que la superficie apta para la agricultura en principio no puede ampliarse sin intervenir en reservas naturales protegidas, la población está creciendo anualmente en alrededor de 80 millones de personas. Alrededor de 2050, habrá sólo un tercio de la tierra cultivable que teníamos en la década de 1950 por persona disponible para alimentar a la población mundial.

Otro factor importante en el desarrollo de los precios de los alimentos es el aumento del costo de la energía en los últimos años. El aumento constante de los precios del petróleo mineral ha hecho que los costos de producción de los agricultores aumentaran considerablemente. Desde 2000, los precios del crudo por un lado, y del trigo, el maíz, la canola y la soja, por el otro, se han desarrollado en gran parte en paralelo.

Es más, en los últimos dos años en particular, otros factores también han tenido un impacto en los precios, incluidas pérdidas de cosechas relacionadas con el clima, por ejemplo debido a la peor sequía del siglo en Australia y en la Argentina.

A pesar de que los precios de las materias primas agrícolas han descendido de los topes que se registraron en la primavera, la OCDE (países desarrollados) espera que el nivel de los precios de los alimentos en los próximos 10 años permanecerá muy por encima de los niveles de la última década.

¿Y la Argentina?

En este escenario, la Argentina –como uno de los mayores productores agrícolas en la región– puede desempeñar un muy importante papel para ampliar el abastecimiento y mitigar los actuales precios elevados de los alimentos. Claramente, la Argentina tiene la capacidad de contribuir significativamente a esta meta.

Esto debe corresponderse con un enfoque holístico que emplee una rotación optimizada de los cultivos y técnicas de riego, además del desarrollo de nuevas soluciones para la protección de cultivos y de semillas con una mayor capacidad de rendimiento.

Semillas y algo más. Hoy, alrededor del 50 por ciento de todas las cosechas se pierde en América latina a causa de los insectos, la presión de las malezas y las plagas de las plantas. Teniendo en cuenta el cambio climático, la tasa total de pérdida de cosechas podría incluso empeorar en el futuro.

Por lo tanto, el uso orientado y responsable de una producción con protección de la cosecha moderna e innovadora es un prerrequisito para ampliar la producción agrícola en mayor medida.

Al mismo tiempo, debemos aprovechar mejor el potencial inherente de la producción moderna de semillas: desde la década de 1960, cuando los esfuerzos de la "revolución verde" ayudaron a aumentar los rendimientos de los cultivos por encima del crecimiento de la población, el aumento del rendimiento de las nuevas variedades de semillas ha decrecido significativamente.

En la actualidad, las variedades de semillas tradicionales muestran únicamente aumentos promedio del rendimiento de alrededor del uno por ciento por año. Por este motivo, debemos renovar nuestros esfuerzos para estimular el rendimiento de los cultivos.

Lo que necesitamos no es otra cosa que una segunda revolución verde, que nos ayudará a aumentar los rendimientos de la producción y, de ese modo, a obtener alimentos saludables para todos, hoy y dentro de 50 años.

A pesar de que hay mucha oposición contra el uso de métodos modernos de producción de semillas en muchos países del mundo, la Argentina ha hecho una experiencia muy positiva con esta tecnología desde hace varios años.

En la cumbre del G-8, la Argentina puede aportar esta experiencia al debate. Para mí, es obvio: no debe evitarse el debate concienzudo de la biotecnología vegetal si tenemos presente los enormes desafíos de nutrición que enfrenta el mundo. La producción biotecnológica puede ser una importante alternativa si el productor necesita aumentar los rendimientos en mayor medida.

En el futuro, es muy probable que también observemos un uso más amplio de la biotecnología vegetal en América latina y en otras regiones del mundo. Según los cálculos del Consejo de Información Biotecnológica, la biotecnología verde podría aumentar la capacidad de rendimiento mundial en alrededor del 25 por ciento en el futuro.

Estos tipos de tecnologías ofrecen soluciones viables para aumentar la productividad y ofrecer soluciones a la actual languidez en el crecimiento de la agricultura. No debemos seguir con los ojos cerrados ante las oportunidades que nos ofrece la protección innovadora de los cultivos, la producción de plantas por métodos modernos y la ingeniería genética. Necesitamos una nueva revolución verde.

Friedrich Berschauer
Presidente del directorio de Bayer CropScience Agro

La Voz del Interior
Sábado 25 de Abril de 2009

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