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El estrés en los “call centers”
Los jóvenes que allí trabajan sufren gastritis y dolor de cabeza, y corren riesgo de síndrome metabólico
Si el síndrome de estrés laboral crónico (burn out) se desarrolla en los equipos de salud y en los docentes entre 5 y 15 años, en los empleados de call centers bastan sólo dos años para que el problema esté instalado.
La evidencia surge de un estudio que realiza Pablo Cólica, especialista en medicina interna y del estrés y director médico de la Asociación de Medicina del Estrés de Córdoba (Amec), en 100 jóvenes de ambos sexos, con un promedio de edad de 25 años, que trabajan como agentes de atención telefónica de consultas y reclamos de todo tipo y para cualquier empresa local e internacional.
Cólica sostiene que el síndrome se produce como consecuencia de trabajar, por lo menos, seis horas con un alto grado de exigencia, sobreestimulación auditiva y visual, escasas pausas y maltrato psicológico de jefes y supervisores.
La investigación da cuenta de que los pacientes que llegan a la consulta tienen jaquecas, trastornos del sueño y digestivos, palpitaciones, falta de aire, debilidad, contracturas musculares, alteraciones cognitivas, pérdida de concentración y de memoria, falta de atención, fracaso o abandono de sus estudios y una nueva elección de carrera, pero ahora más corta.
Estas señales son manifestaciones de modificaciones biológicas que "producen un desgaste neuronal que precipita alteraciones cognitivas y fomenta todos los procesos de envejecimiento intelectual y físico", afirma Cólica. Con todo, el especialista rescata que "los chicos de los call centers tienen la ventaja de su juventud, de manera que, tratados en forma adecuada, en general vuelven a la normalidad entre tres y seis meses, pero siempre que salgan de ese trabajo; de lo contrario, es muy difícil la recuperación".
Hormona del estrés. Un claro signo de enfermedad por estrés laboral prolongado es el aumento de la hormona cortisol que, cuando se da en forma constante, produce un efecto tóxico en dos áreas del cerebro: el hipocampo y la corteza prefrontal. De los 100 jóvenes cordobeses estudiados, el 72 por ciento presenta el cortisol elevado. "Esto tiene una directa responsabilidad sobre los problemas para concentrarse, la pérdida de memoria y otros trastornos cognitivos", afirma el especialista.
El cortisol anormal también genera insulinorresistencia, la antesala del síndrome metabólico (diabetes, hipertensión arterial, problemas renales, alteración de los lípidos), tan ligado a la obesidad, pero que, en este caso, se relaciona con el estrés. "En el 60 por ciento de los casos estudiados, aumentó en forma anormal la insulina después del desayuno y esto es un índice de la importancia que tiene el estrés a través del sistema simpático y del cortisol como generadores de insulinorresistencia", advierte el especialista.
Desamparados. Suele dar la impresión de que el estrés es un problema pasajero sin mayores consecuencias, que se trata de cansancio un poco más acentuado que el habitual. Es más, todavía se escucha decir, con cierta incredulidad y otro poco de asombro, que el estrés podría bajar las defensas del organismo y hasta llegar a producir cáncer. Sin embargo, el estudio de los trabajadores de call centers muestra, por ejemplo, que el 72 por ciento tiene gastritis y, de este grupo, más de la mitad con reflujo. "La razón de que tengan gastritis reiteradas y que no se curen con la ensalada de medicamentos que les dan es porque están inmunodeprimidos", informa Cólica y explica: "La cantidad de inmunoglobulina A es baja y en el estómago prolifera la bacteria helicobacter que, al no tener defensas, perpetúa el ciclo, tienen gastritis siempre y van a ir a una úlcera con toda seguridad". Al mismo tiempo, la falta de esta inmunoglobulina los predispone a sufrir bronquitis, rinitis y sinusitis.
Una forma rápida y fácil de conocer cómo está una persona bajo estrés prolongado es con un análisis de saliva para determinar el nivel de inmunidad en el aparato digestivo y respiratorio.
Un mecanismo menos perceptible es la disminución de las células llamadas NK, cuyo nombre en inglés deriva de su función: natural killers, sirven para matar células cancerígenas.
Los seres humanos estamos construidos naturalmente con células NK, pero si el estrés hace que decaigan, "imaginemos lo que sucede en un estrés prolongado: puede proliferar cualquier cáncer", advierte Cólica.
Josefina Edelstein
Especial
La Voz del Interior
Viernes 15
de Mayo de 2009