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Cromañón: Las imágenes del horror

Zapatillas apiladas. Y marcas de manos tiznadas en la pared: huellas elocuentes de la desesperación. A cinco días de las sentencias, por primera vez permitieron fotografiar el escenario de la tragedia.

Un grupo de periodistas vamos a entrar a República de Cromañón. Está casi como quedó después de la noche del 30 de diciembre de 2004. Las puertas se resisten, pero son abiertas tras varios intentos. Lo primero que vemos, y es un golpe contundente, inesperado para mí, son decenas de zapatillas apiladas al costado del pasillo. Zapatillas que pertenecen a las chicas y los chicos que murieron.

Luego, una densa oscuridad que, como las puertas, se opone a nuestra entrada, como si estuviéramos por profanar un santuario siniestro que guarda el misterio de esa terrible noche. Igualmente avanzamos, envueltos en las penumbras apenas recortadas por las luces de unos reflectores y de las cámaras, que rebotan en las paredes y en los hierros.

Desordenadamente pienso en lo que pasó, cómo pasó. En los techos se pueden ver los paneles acústicos que, al quemarse, desprendieron el veneno mortal. Están muy altos, es difícil hacer llegar el fuego hasta ahí, es casi imposible, pienso.

Como un eco me llegan los fragmentados relatos de algunos de los sobrevivientes, su desesperación, lo que quisieran olvidar y les vuelve. Sin embargo todo eso se diluye cuando vemos las paredes del primer piso. Allí, cubiertas de hollín, quedaron impresas las marcas de las manos que buscaban desesperadamente una salida en medio del humo, la oscuridad y el horror.

Esas paredes son una tremenda y desgarradora pintura de ese momento. Gritan en el silencio. Imponen el silencio. Igual que las zapatillas, tienen el poder de atraparnos en su contemplación. Son la más espantosa constatación de la tragedia.

*Fotógrafo de Clarín que entró ayer a Cromañón.

Por: Pepe Mateos

Clarín
Viernes 14 de Agosto de 2009

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