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Ningún municipio tiene resuelto qué hacer con las pilas
Algunos pocos ensayan respuestas, pero parciales. Ambiente de la Provincia no tiene fijado un marco regulatorio general.
Mariela Martínez
Corresponsalía
Pocos son los municipios cordobeses que han buscado alguna solución al dilema que presentan las pilas como residuo. Dentro de los problemas que genera la ausencia de tratamiento adecuado final de la basura, el de las pilas es uno de los de mayor riesgo contaminante.
Ninguna localidad cordobesa tiene solucionada esa cuestión y en todas, la mayoría de las pilas terminan mezcladas en los basurales. Algunas han intentado algunas salidas o ensayos parciales.
La mayoría de los esfuerzos aparece como aislada, ante la carencia de una política oficial a nivel provincial que regule en la materia y que contemple la recepción organizada y diferenciada de estos objetos considerados residuos peligrosos.
Los aparatos alimentados por pilas y baterías van desde juguetes a teléfonos celulares, pasando por radios, afeitadoras y relojes, entre una larga lista.
El problema se suscita con el descarte de estos elementos por el impacto ambiental que generan, aunque con matices según sean de mercurio, níquel, cadmio u otros componentes. El riesgo contaminante mayor para la salud humana reside cuando la descomposición de estos elementos toma contacto con las aguas subterráneas o superficiales.
Sin un plan provincial
Desde la Secretaría de Ambiente de la Provincia, Horacio Farchetto, titular del área de Residuos Sólidos Urbanos, planteó ante la consulta de LA VOZ DEL INTERIOR que deben ser los municipios los que recepten y de algún modo acopien las pilas si pretenden un impacto menor. Sugirió que previamente cada uno elabore una ordenanza "de gestión integral", es decir que defina el destino desde el hogar hasta su disposición final, además de campañas de concientización para que la gente no arroje las baterías junto al resto de la basura, sino en sitios especialmente destinados a su recolección.
El funcionario aseguró que el "encapsulado en cemento es lo más aconsejable" y enfatizó que "las pilas, sobre todo las de mayor poder contaminante, no debieran ir con la basura común".
Farchetto reconoció de todos modos que no hay reglamentaciones específicas a nivel provincial al respecto. Admitiendo esa carencia, anunció que "pronto" podría elaborarse ese marco: "Estamos trabajando para avanzar en una normativa específica para esto", prometió.
Mientras tanto, cada municipio hace lo que puede o quiere. Y la mayoría no hace específicamente nada. Algunos que habían dado algunos pasos, retrocedieron ante la falta de una solución integral.
Algunos casos
Villa Giardino , en Punilla, es reconocida como una de las localidades cordobesas que más empeño le ha dado al tratamiento de sus residuos. "Es lógico que nosotros como municipio o como región nos hagamos cargo", contestó Ernesto Racke, encargado del área de Ambiente , aunque admitiendo que en el caso de las pilas no tienen resuelta una salida. Racke dijo que por ahora no aconsejan el acopio de este tipo de residuos peligrosos, porque no hay un destino seguro definido.
En Río Cuarto, años atrás hubo una ordenanza que disponía crear un reservorio de baterías, pero posteriormente, el Código Ambiental creado cambió el criterio y la recomendación que desde entonces se mantiene es que, por disposiciones del organismo ambiental nacional, no es recomendable el acopio si no se ofrece un tratamiento final seguro luego. Como ese tratamiento no está disponible, la acumulación no sería aconsejada.
San Francisco tampoco tiene en marcha políticas oficiales en este punto.
En Villa María, el municipio instaló varios contenedores en dependencias municipales y escuelas, que luego retira y traslada al reservorio que una empresa opera en Bouwer, cerca de Córdoba. El sistema representa un aporte, pero recoge una mínima parte del total de pilas desechadas en la ciudad.
Río Tercero tuvo algún intento, que quedó trunco. El actual titular del área ambiental municipal, Carlos Siccardi, explicó que ya no se impulsan desde el municipio campañas masivas de acopio, hasta tanto no haya un destino final seguro para ofrecer. "No se avanzó porque el tratamiento final adecuado es muy oneroso", dijo. El funcionario señaló que si la ciudad logra apoyo nacional o provincial para construir un vertedero regional de residuos, se prevé incluir un reservorio para tratamiento de pilas.
Años atrás, el municipio riotercerense construyó en un espacio público (el Paseo del Riel) varios reservorios herméticos de cemento, junto a juegos infantiles, para que la gente deposite allí sus pilas. Pero del total de pilas generadas, es fácil estimar que una muy mínima cantidad es llevada por los vecinos en forma voluntaria a ese sitio. Como en todas las localidades que han ensayando ideas de ese tipo, la gran mayoría de las pilas sigue siendo arrojada con la basura en general.
En Bell Ville, el jefe del área ambiental municipal, Adrián Giuzzio, opinó que "el tema es una preocupación", aunque reconoció que por ahora no están haciendo nada. Se justificó en "la falta de políticas claras bajadas desde la Provincia" en este sentido. Giuzzio contó que están haciendo averiguaciones para dar respuestas a inquietudes presentadas por la sociedad y dijo que sólo recomendarán acopiarlas cuando se encuentre "un destino seguro".
En Santa Rosa de Calamuchita, a partir del trabajo de una escuela, se gestó hace más de 15 años el proyecto "Pilas en uso, pilas en desuso". La idea era promover su separación del resto de los residuos y procurarles un destino diferente para evitar el contacto con el ambiente. La iniciativa, impulsada por una docente en la escuela Mariano Moreno, logró ser reconocida en las ferias de ciencias escolares a nivel nacional y hasta participar de congresos latinoamericanos y obtener una mención de la Unesco.
No obstante, por falta de una decisión política municipal consistente para sustentarlo y por diferencias internas en el colegio, el proyecto se fue diluyendo. Nunca se consiguió, por ejemplo, un lugar para almacenar las pilas, pese a los intentos. De todos modos, cuando se practicaba, tampoco representaba que la mayoría de las pilas tuvieran ese destino, aunque generaba un destacado aporte a la conciencia comunitaria sobre el tema.
Quedaron en Santa Rosa personas o comercios que las siguen almacenando en bidones. Pero muchos de ellos ya dejaron de recibirlas al no lograr que el municipio las retire con un algún destino seguro. Unos pocos que quedan en esa tarea voluntaria comentaron que por su cuenta las llevan a lugares como el Colegio de Escribanos de Córdoba, que luego las traslada al sistema de enterramiento de Bouwer.
La Voz del Interior
Martes 18
de Agosto de 2009