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Críticas de petroleras y dueños de estaciones a la política oficial

Afirman que los precios bajos hacen que la actividad no sea rentable y alientan el cierre de pymes

Francisco Olivera
LA NACION

Los refinadores de petróleo dicen tener en la Argentina un problema económico grave y único en el mundo: les resulta más rentable no vender nafta o gasoil que hacerlo. Los propietarios de las estaciones de servicio, en cambio, culpan a YPF, la líder del mercado, de obedecer los precios que le dicta el Gobierno y arrastrar al cierre a todo ese sector, conformado por pequeñas y medianas empresas. Unos y otros se congregaron ayer en la Expo Estación 2009, que se desarrolló en el hotel Sheraton de Retiro y acaparó quejas hacia el Gobierno y la política energética.

Rosario Sica, presidenta de la Federación de Empresarios de Combustibles de la República Argentina (Fecra), fue la anfitriona, la más dura y la más aplaudida. "Me tocó tomar la dirigencia en un gobierno muy difícil -alertó al público-. Tengo más de 40 años en el sector. He pasado por diferentes gobiernos y diferentes políticas. Hemos tenido nacionalizaciones, privatizaciones, pero nunca hemos pasado una crisis tan aguda. Ni siquiera se nos atiende. Pagamos el 70 por ciento en impuestos por litro. Cierran las estaciones y las que peor están son las blancas. No bajen los brazos. El país es nuestro, no de los señores que gobiernan: les hemos delegado una función para que gestionen, no para que se apropien de nuestros bienes."

La recorrida por la muestra venía ya cargada de cuestionamientos. El stand de Shell fue, por ejemplo, el comentario de la jornada: enormes carteles criticaban la política energética y proponían medidas para incentivar la actividad. Toda la cadena de valor desinvierte o invierte lo menos posible , Continúa el cierre de estaciones de servicio , e Quien más vende, más pierde " y Populismo energético fueron algunos de los conceptos exhibidos.

"Estamos trabajando a pérdida", dijo Juan José Aranguren, presidente de la petrolera, parado frente al stand. Aranguren se enfrentó varias veces con el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, y arrastra 57 causas penales en su contra impulsadas desde el Gobierno y 45 multas contra Shell. "Creo que también el crudo debería seguir el precio internacional para que los productores tengan un incentivo para invertir", agregó. Momentos después, en su exposición, se refirió a la política de subsidios: "En las facturas de gas, nos dicen en letras rojas cómo nos estamos aislando del mundo. Si pudiéramos, aunque sea de manera paulatina, recuperar los precios...".

Minutos antes, Sica se había quejado de las distancias que existen entre los precios de la Capital Federal y los del interior, situación a la que se llegó por una persistente presión del Gobierno. "Hay hasta 70 centavos de diferencia y las petroleras y distribuidoras prefieren venderlo a otros precios con contratos directos -dijo-. YPF también se queja, pero es la situación que existe."

LA NACION le objetó que los combustibles líquidos eran todavía libres en la Argentina, por lo que YPF y cualquier empresa podrían subirlos, por lo menos en teoría, sin restricciones. La dirigente contestó: "Usted ya sabe qué es lo que pasa. Es el Indec. Por el Indec, el Gobierno le manda a YPF a poner un precio en la Capital y ellos cumplen. Estarán negociando otras cosas, no sé". A pocos metros, recorría la muestra Alfredo Pochintesta, director de Marketing de la filial de Repsol.

El rol de YPF desvela desde hace tiempo al resto de los petroleros. Cuando Tomás Hess, director de Relaciones Institucionales de Esso, insistió ayer en que los precios estaban hasta un 50% por debajo de los valores promedio de la región y que la refinación en la Argentina no dejaba "resultado positivo", LA NACION le preguntó lo mismo que a Sica: por qué razón la firma norteamericana no decidía subirlo, dada la condición desregulada del sector. "Es verdad, pero nosotros seguimos los precios del mercado. No es fácil hacerlo con un 16 por ciento de participación", contestó.

Los reproches a YPF subsisten aun después de cierta recomposición de precios. Hace dos años, cualquier anuncio de aumentos en naftas o gasoil era seguido por asfixiantes reprimendas del Gobierno hacia los petroleros. Tanto que era común que las medidas se cancelaran 24 horas después de aplicadas, una vez publicadas en los diarios. YPF, Esso y Petrobras han revocado infinidad de veces este tipo de iniciativas por llamados del ministro Julio De Vido, de los subsecretarios Roberto Baratta o Cristian Folgar o del propio Moreno.

Sin embargo, hubo un punto de inflexión que tiene por lo menos una coincidencia temporal con el ingreso de la familia Eskenazi, afín a la Casa Rosada, en YPF a principios de 2008. Sin lamentos gubernamentales, sin boicots presidenciales ni bloqueos piqueteros, desde enero de 2008 hasta hoy, la nafta súper subió 57% y el gasoil, 44 por ciento.

La Nación
Miércoles 21 de Octubre de 2009

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