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Salvar bosques es salvar el planeta
Es preciso conservar los pulmones verdes y poner freno a la deforestación porque sus consecuencias afectan al mundo entero
Hace pocos días se reunieron en Bangkok, Tailandia, delegaciones de 179 países en la penúltima ronda de negociaciones de la Convención Marco de la ONU sobre el Cambio Climático, preparatoria de la histórica reunión de la asamblea que tendrá lugar en Copenhague en diciembre. En esa cumbre se deben acordar las políticas contra el calentamiento global en el período 2012-2020, una vez que expire el protocolo de Kyoto.
Un tema esencial es la reducción del dióxido de carbono, una de las principales causas de la gradual elevación de la temperatura planetaria. La reciente reunión consideró que la preservación de las áreas forestales será el objetivo prioritario de la estrategia por seguir en este trance, pues la destrucción de los bosques afecta gravemente la salud de la Tierra y sus habitantes.
Para apreciar el riesgo que se cierne es menester afrontar el problema con toda crudeza. Lo que está en juego es la supervivencia de la vida humana y de la biodiversidad animal y vegetal. No se trata de probables predicciones agoreras. La dura verdad por admitir es que nuestro mundo, en pocas décadas más, afrontará situaciones catastróficas si se continúan postergando las políticas de corrección de las actividades que dañan la calidad ambiental. Las medidas que se adopten deben emprenderse sin demoras, antes de que la situación se torne irreversible.
La investigación científica denuncia, desde hace décadas, el riesgo que se cernía, y ha definido sus causas y el modo de aminorarlas. Los pronósticos pesimistas se van cumpliendo en continentes y mares. Perjuicios mayores nos asolarán si no se reacciona a tiempo. En Bangkok los delegados resaltaron las medidas necesarias para frenar la deforestación.
Según el Panel Internacional sobre el Cambio Climático (PICC), las economías emergentes tienen que reducir sus emisiones entre un 25 y un 40 por ciento para 2020 respecto de los niveles de 1990 para evitar un fatal aumento de temperaturas superior a los dos grados centígrados.
Es de recordar que el llamado protocolo de Kyoto había fijado en 1997 objetivos de reducción de emisiones de gases "de efecto invernadero". El cumplimiento de las metas de entonces distó de instrumentarse; de ahí que el estado actual del problema sea aún más grave. La clave de las dificultades estribó en la resistencia de algunos países altamente industrializados, sobre todo los Estados Unidos, para asumir compromisos que redujeran su productividad económica antes de que sea factible el empleo en gran escala de "energías limpias" de las emisiones de carbono.
La decisión tomada en Bangkok con respecto a la deforestación se basa en el hecho de que los árboles, a la vez que depuran la atmósfera a través de la fotosíntesis, absorben el carbono y lo fijan en troncos, ramas y suelo. Cuando los bosques son destruidos, se produce una liberación del carbono acumulado que pasa nuevamente a la atmósfera. Se destaca, entonces, la necesidad de conservar "los pulmones verdes" de la naturaleza y la razón de proponer una progresiva reducción de la destrucción forestal, con plazos definidos: para 2020, el 50 por ciento, y para 2030, el freno definitivo.
Cabe indicar que la deforestación constituye la tercera causa de contaminación, con una incidencia del 16 por ciento. En ese sentido es superada por los sectores de la energía (24 por ciento) y de la industria (22 por ciento), muy vinculados y de difícil reducción hasta que no se empleen en gran escala otras formas de energía no contaminantes.
En esta emergencia es el mundo entero el que debe responder solidariamente para mitigar los males desencadenados, porque es el destino de todos los países el que está en juego. No se trata sólo de un tema de países desarrollados, y por eso el PICC recomienda que los países emergentes reduzcan sus emisiones entre un 15 y un 30 por ciento para 2020.
Se trata de una lucha de todos los países y es de esperar que la próxima reunión en Copenhague revele una conciencia despierta para hallar los caminos que permitan superar este problema.
La Nación
Lunes 26
de Octubre de 2009