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Cristina y Mujica: muy buen clima, pero sin soluciones por la pastera
El uruguayo admitió que no hay salida al conflicto. Acordaron una agenda bilateral.
Aunque esta vez el salto al río lo dio José Mujica, el presidente electo de Uruguay y Cristina Kirchner volvieron a afianzar ayer en su reunión en la Casa Rosada su voluntad de dar por cerrado este largo capítulo amargo en los vínculos bilaterales a raíz del conflicto por las pasteras. Fue Mujica en breve rueda de prensa quien al sincerarse desestimó un acuerdo definitvo: "No tenemos una solución en la mano". No obstante, anunció que los dos países ya trabajan para que después de su asunción presidencial, el 1 de marzo, se cree una "una comisión negociadora" bilateral para avanzar en temas estratégicos, como la energía, y coyunturales que van desde el diferendo pastero a cuestiones de largo plazo sobre la navegación y toda la regulación de ríos comunes.
"Tenemos que esperar el laudo que va a tener la Corte de La Haya y ya habrá, dentro de esa agenda, que plantearse el problema del río Uruguay", señaló en su diálogo con la prensa en el Salón de las Mujeres de la Rosada. Y se refería al juicio en dichos tribunales internacionales que Argentina abrió en 2006 contra el país vecino, por la presunta violación del Estatuto del Río Uruguay al instalarse las pasteras en Fray Bentos, a la vera del curso, y cuya sentencia ya se espera para estos meses. Posiblemente no más allá de mayo. "El problema del Río Uruguay: No tenemos la solución en la mano, sino que hay que luchar palmo a palmo para mejorar en todo lo posible la relación entre ambos países", dijo Mujica.
En ese tren, supo Clarín de muy altas fuentes que Mujica y Cristina evaluaron la posibilidad de dar de baja los estatutos sobre los recursos naturales compartidos, y modernizar la normativa, que se remonta a los 70. Además, Mujica puso sobre la mesa su intención de trabajar un plan regional estratégico sobre las aguas, que incluya un puerto de aguas profundas sobre el Río de la Plata del lado uruguayo. Y aprovechar su infraestructura para todo el Mercosur. En la misma rueda de prensa de ayer, Mujica abrió el interrogante de porqué no empezar a pensar que la pasta de celulosa las produzcan en empresas locales y no extranjeras.
A la puerta del despacho de Cristina llegaron el embajador uruguayo Francisco Bustillo y el funcionario de la Casa Rosada Rafael Folonier, hombre cercano a Mujica aquí. Pero al encuentro con la presidenta entraron sólo Mujica y su esposa, la senadora Lucía Topolansky, quien según supo este diario, padece un serio problema de salud y recibe casi a diario el llamado de Cristina, a quien conoció en persona ayer.
Con su llegada el martes a Buenos Aires desde Colonia por la vía del Buquebus, Mujica cumplió su promesa de priorizar a la Argentina en su agenda internacional y de hacer todo a su alcance para relanzar las relaciones bilaterales muy deterioradas bajo los gobiernos de Tabaré Vázquez y Néstor Kirchner, cuando estalló el conflicto pastero. Una fuente llegó a decir que el vínculo de Mujica es mucho mejor con Cristina, que con Kirchner. Ella lo admira y él la trata de manera paternal. A tal punto están las cosas, que un testigo cercano al viaje de Mujica contó que el presidente electo buscará que su horario de asunción no se contraponga con la apertura de las sesiones del Congreso argentino, las que coincidirán el 1 de marzo. Todo para que ella esté en Montevideo cuando él jure ante la Constitución.
El presidente electo esquivó la pregunta de qué le había ofrecido Cristina --si es que algo le ofreció-sobre el accionar del Gobierno de ahora en adelante en torno al corte fronterizo con Uruguay, que sigue vivo aunque agonizante, a la altura de Gualeguaychú. Y jugó con las palabras sobre su comprobada reunión con los asambleistas de Entre Ríos porque dijo que no iba a decir una palabra sobre lo que pudo haber "hablado" o "no hablado". Y más esquivo aún resultó cuando este diario le preguntó sobre si cuando asuma consentirá la candidatura de Kirchner a la secretaría general de la Unión Sudamericana de Naciones (Unasur), que en su momento vetó el saliente Vázquez. ""No me apure si me quiere sacar de bueno", fue la escueta y elusiva respuesta.
Por: Natasha Niebieskikwiat
Clarín
Viernes 15 de Enero de 2010