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Plan secreto por Botnia entrega la vigilancia a científicos
Estuvieron reunidos durante tres horas en Montevideo
Con la sorpresiva participación del presidente José Mujica, el flamante canciller Héctor Timerman presentó ayer en Montevideo al Gobierno uruguayo un plan de monitoreo «amplio, profundo, absoluto y en tiempo real de ambas orillas del río Uruguay» y de «todos los establecimientos industriales que tengan algún tipo de conexión con el río», que espera llevar a la práctica «lo antes posible».
En la vereda oriental, el canciller Luis Almagro prometió una contraoferta «posiblemente en una semana». «Obviamente que la propuesta requiere un mayor análisis, pero la consideramos positiva desde todo punto de vista», remarcó.
El ministro de Cristina de Kirchner se reunió a las 12.30 y durante 45 minutos con Almagro en el Palacio Santos, sede de la cancillería. Fue el marco en el cual elevó la oferta argentina para intentar superar el conflicto por la instalación de la pastera UPM (ex Botnia) en Fray Bentos, que despertó la furia de los ambientalistas de Gualeguaychú y derivó en un bloqueo del puente fronterizo de 3 años y 7 meses, hoy congelado por una tregua de 60 días.
La propuesta de la Argentina -que ambos Gobiernos acordaron no revelar- está encarada desde el ángulo técnico y científico más que del político, y apunta a un seguimiento «de ambas riberas, de la Argentina y el Uruguay», como también de «todos los establecimientos industriales que tengan algún tipo de conexión con el río Uruguay» desde la Comisión Administradora del Río Uruguay (CARU), según lo dejó entrever Timerman antes del encuentro. En la mira se alistan, por caso, el polo industrial de Concordia y los efluentes industriales y cloacales de otras localidades, como la uruguaya Paysandú.
No se trata, en rigor, de una invención del ex embajador en Estados Unidos, sino de un trabajo que dormía en la Cancillería desde la era del renunciado Jorge Taiana y que fue desempolvado dadas las urgencias que imponen los asambleístas y la cumbre presidencial del 2 de junio entre Mujica y la jefa de Estado argentina, que fijó 60 días para definir la letra chica del control ambiental exigido por la Corte Internacional de Justicia de La Haya.
En este marco, en una semana, el Gobierno uruguayo elevaría una «contrapropuesta», con un desembarco de Almagro en Buenos Aires, mientras que si las negociaciones marchan a buen paso incluso podría adelantarse la reunión entre ambos jefes de Estado, prevista en principio para agosto en Buenos Aires.
El encuentro entre Timerman y Almagro transcurría en los carriles formales de la diplomacia cuando el presidente uruguayo -quien dio probadas muestras de manejarse con otros códigos- sorprendió a los cancilleres con una inesperada invitación a almorzar. «Esto es para honrarlo a usted y también a la Argentina», halagó Pepe Mujica al sucesor de Taiana.
La mesa -de tono cordial e, incluso, con ribetes de corte personal- reunió entonces -y por cerca de dos horas- al líder del Frente Amplio; a su canciller; al vicepresidente Danilo Astori y al ex embajador de Tabaré Vázquez en Buenos Aires, Francisco Bustillo Bonasso, con Timerman y con el vicecanciller, Alberto D'Alotto; el director general de Política Latinoamericana Bilateral de la Cancillería, Diego Tettamanti, y el titular de la porción argentina en la CARU y ex intendente de Concordia, Hernán Orduna.
Los comensales conversaron sobre la cumbre del G-20 en Canadá -Timerman describió la posición argentina- y sobre las dificultades para una integración latinoamericana. El buen clima del encuentro animó a Mujica a recordar las necesidades energéticas de Uruguay y admitir su deseo de que Argentina pueda ayudar a superar parte de esas carencias.
También dijo haber recibido créditos del polémico presidente venezolano Hugo Chávez y se permitió celebrar con Timerman una ligazón lejana, de la mano del descubrimiento de amigos comunes con su padre, el periodista Jacobo Timerman, fundador de las revistas Primera Plana y Confirmado y del diario La Opinión.
El tono amigable esquivó, sin embargo, un tema espinoso: no se habló del nombre del nuevo embajador argentino en Uruguay, en momentos en que se menciona a Rodolfo Ojea Quintana, quien comandaba la Secretaría de Coordinación de cancillería. Anoche, sin embargo, volvió a circular el nombre de Carlos Chacho Álvarez, en quien piensa la Presidente desde hace un año, cuando dejó esa sinecura el cafierista Hernán Patiño Meyer.
Ámbito
Miércoles 30
de Junio de 2010