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Ante un "estrés abrumador inescapable"
Eduardo H. Cazabat Para LA NACION
El título de esta columna, que caracteriza al trauma psicológico, define mejor que nada la realidad que están viviendo los 33 mineros hallados con vida anteayer en Copiapó.
¿Qué secuelas puede dejar esta experiencia en la mina San José? ¿Cómo se tolera una situación tan extrema? ¿Cómo se sobrevive?
El domingo a la tarde, cuando se estableció la comunicación con la superficie, el estado psicológico de los mineros dio un giro fundamental: la irrupción de la esperanza.
La esperanza y la convicción del derecho a sobrevivir son el combustible que permite a los seres humanos tener una actitud activa y sentir que están construyendo su destino.
No es lo mismo sentirse una víctima de las circunstancias que ser un actor activo, aun en una situación en que las limitaciones son extraordinarias, como les ocurre a esos 33 trabajadores a 700 metros de profundidad.
Las relaciones sociales intensas que suelen desarrollarse en las situaciones extremas actúan como barrera del trauma, y la existencia de un líder en el grupo (como parece ser el más experimentado y reconocido Mario Gómez) puede dar una sensación subjetiva de fortaleza funcionando a modo de anticuerpos psicológicos contra el trauma.
También la presencia en el lugar del presidente chileno, Sebastián Piñera, transmitiendo el apoyo de todo el país sin duda aporta una gran cuota de optimismo.
Calma y autocontrol
Otros factores que ayudarán a los mineros y a sus familiares serán la capacidad de mantenerse calmos aun en los momentos más difíciles, manteniendo el control sobre sus propias reacciones, la capacidad de posponer la expresión del dolor físico y emocional hasta el momento en que sea posible tratarlo y el uso del humor, que matiza emocionalmente las situaciones más graves.
Sin embargo, el desafío fundamental, desde el punto de vista psicológico, es sostener a lo largo de los próximos meses -tiempo estimado que durarían las operaciones de rescate- este clima de apoyo.
Como en todos los desastres, luego de una fase de "luna de miel" que puede durar hasta unas tres semanas, la novedad se desgasta y la atención pública se dirige a otras noticias más atractivas, y los sobrevivientes y sus familiares entran en una fase de desilusión y soledad, sintiendo que la lucha recae exclusivamente sobre sus espaldas.
Otro capítulo merecería la consideración de los efectos de este desastre sobre la población, que apenas seis meses atrás, el 27 de febrero, sufrió las consecuencias del devastador terremoto que alcanzó los 8,8 grados en la escala de Richter.
El autor es psicólogo e integrante de la Sociedad Argentina de Psicotrauma
La Nación
Martes 24 de Agosto de 2010