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La falta de higiene urbana
Es común culpar a las autoridades del descuido de la vía pública, pero la gente debería asumir su propia responsabilidad
Es lamentable el aspecto de algunas ciudades, empezando por Buenos Aires. En las esquinas se acumulan residuos, sobre todo durante los fines de semana, y abundan desperdicios y los olores nauseabundos que estos despiden por doquier. Esto no es nuevo. Se ha agravado en forma proporcional con el aumento de la población. Es común culpar a las autoridades de una situación tan desagradable que afecta tanto las pupilas como el olfato.
¿Es realmente culpa de las autoridades? Tienen parte de la responsabilidad, desde luego, pero ocho de cada diez argentinos admiten que la gente contribuye poco o nada a la limpieza de la ciudad, según un revelador sondeo de TNS Gallup. Las opiniones están divididas, en realidad. Seis de cada diez argentinos consideran que su ciudad está algo o muy sucia; el resto, cuatro de cada diez, opina que está limpia.
Es innegable que existe un abismo entre Buenos Aires y el conurbano bonaerense y el interior del país, en algunas de cuyas ciudades se preservan sanas costumbres como barrer a diario la vereda y ufanarse de una higiene que a menudo no reconoce el límite entre lo público y lo privado. En la Capital, como en toda ciudad de grandes dimensiones, no hay condena social entre nosotros mismos si alguien arroja basura en la calle y, de ese modo, no sólo contribuye a afear su aspecto, sino también a tapar las bocas de tormenta o poner en riesgo la integridad de los demás.
Del sondeo surge un dato esclarecedor: siete de cada diez entrevistados han coincidido en que la gente es la responsable de que la ciudad en la que viven esté sucia. Es diferente esa percepción en la Capital, donde el 79 por ciento cree que está "algo o muy sucia", respecto del 66 por ciento y el 59 por ciento que piensan lo mismo en el Gran Buenos Aires y el interior del país, respectivamente.
Al preguntarles a los entrevistados cuánto colaboran con la limpieza de la ciudad, ocho de cada diez han dicho que lo hacen poco o nada, mientras que el 19 por ciento afirma que colabora mucho o bastante. La opinión de que la gente colabora poco o nada con la limpieza de la ciudad es mayoritaria en todos los estratos sociodemográficos, lo cual indica que los argentinos reprobamos una elemental norma de convivencia: el respeto al otro.
Curiosamente, nuestro comportamiento en el exterior es muy distinto. Es una señal de que en casa podemos mejorar si nos lo proponemos. Es curioso otro dato que surge del sondeo: el 65 por ciento se señala a sí mismo como responsable de la limpieza en las ciudades, el 20 por ciento carga las tintas en las autoridades, el seis por ciento dice que son las empresas de recolección de residuos y el dos por ciento dice que son los cartoneros. Estas opiniones prevalecen en todos los estratos sociales y, particularmente, entre los jóvenes que, en un 70 por ciento, asumen su responsabilidad.
Entre las alternativas que podrían contribuir a la limpieza de las ciudades priman la necesidad de educar a la gente (37 por ciento), multar a los que tiran basura en la calle (23 por ciento), aumentar la frecuencia de la recolección de residuos (15 por ciento), tener más barrenderos, contenedores y cestos (nueve por ciento) y, por último, solucionar el problema de los cartoneros (dos por ciento).
La misma gente, según este sondeo, reclama educación en primer término y, en el segundo, multas. Es sabido que no pueden aplicarse multas si no existe una campaña de concientización previa en la cual quede claro que no debe sacarse la basura cuando no hay recolección o que aquel que arroja residuos en la vía pública perjudica a los demás.
De resultar eficaces mensajes de ese tipo, como ha ocurrido en los Estados Unidos y Europa, la vida y la salud en la ciudad, tanto para quienes viven en ella como para quienes nos visitan, mejoraría ostensiblemente.
La Nación
Martes 15 de Febrero de 2011