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Una ruta entre refinerías humeantes y contenedores arrancados del mar

Como un camino hacia el infierno, apenas se deja Tokio ya surgen escenas de la devastación. Por: David Brunat. KASHIMA, JAPON. ENVIADO ESPECIAL

Serpentear la costa este de Japón es como ir adentrándose poco a poco en el infierno . Ya en la bahía de Tokio comienzan a verse algunos desperfectos: una refinería todavía humeante en la ciudad de Chiba, cornisas y tejados dañados con gente encaramada a ellos tratando de arreglarlos, escasez de transporte público. Pero en cuanto el paraguas protector de la capital queda atrás, la cruda realidad del tsunami empieza a surgir .


UN BARCO EN EL TEJADO. DOS DIAS DESPUES DEL TERREMOTO, UN FERRY
ARRASTRADO POR EL TSUNAMI DESCANSA EN EL TECHO DE UN
EDIFICIO EN LA DEVASTADA PROVINCIA DE IWATE, NORTE DE JAPON.



Aunque nada es comparable a la destrucción masiva de las provincias de Miyagi y Fukushima, la región justo al sur de ellas, Ibaraki, también ha padecido una grave tragedia , aunque en su caso en el absoluto anonimato. La capital de la provincia, Mito, lleva dos días sin electricidad y con las líneas telefónicas cortadas. Hay mucha gente durmiendo en edificios públicos debido a la inestabilidad de sus hogares o que sencillamente lo han perdido todo tras el paso de la lengua de agua.

“El agua comenzó a entrar en casa y el nivel no paraba de subir. Así que agarré algunos enseres y me marché a la casa de unos familiares”, explica consternada una mujer que justo regresa a su hogar después del desastre. Sólo necesita un par de minutos para darse cuenta que todo está destrozado y que no volverá a pisarla en mucho tiempo. Junto a ella, su familia entra y sale de la casa de dos pisos con rostro incrédulo. Finalmente meten unos cuantas cosas en una bolsa de plástico, cierran la puerta, y se despiden de la que hasta el viernes había sido su vida .

Como si perderlo todo, incluso a personas queridas, no fuera ya suficiente calvario, los habitantes de la costa este de Japón tienen que mantener a raya el pánico que les provoca la posibilidad de una explosión nuclear en Fukushima . “Estoy muy preocupado, la situación es muy peligrosa. Estamos pendientes de lo que dice el gobierno, espero que nos ayude en caso de una emergencia. De momento ningún funcionario ha dicho nada”, cuenta un joven en la ciudad de Kashima, cuyo negocio ha quedado totalmente inoperativo por el agua, el barro y los graves desperfectos.

“Estamos a la espera de recibir más información, pero tanto yo como mi familia estamos preparados para enfrentarnos a lo peor ”, indicaba otro vecino. A su alrededor, el panorama era desolador. Centenares de postes eléctricos inclinados en todas direcciones, cuando no directamente en el suelo, pavimento resquebrajado y levantado a una altura de un metro, contenedores marítimos incrustados en medio de la tierra procedentes del puerto de Kashima, situado a más de dos kilómetros de distancia, alguna casa totalmente calcinada , gente en la calle esperando a que algo ocurra. En la maltrecha carretera, los camiones militares, las grúas y algunos equipos técnicos se dejaban caer a un lado y a otro evaluando los daños.

Encontrar un comercio abierto por estos lares es una extrañeza, y hacerse con un supermercado bien abastecido (básicamente agua y comida envasada), un motivo de celebración. Las granjas y empresas de alimentación están en su mayoría paradas y por eso la gente está en pleno proceso de acopio de víveres . Una fuga nuclear, por pequeña que fuera, sumiría la región en una total parálisis económica y pondría en serio riesgo el acceso a los bienes de primera necesidad.

Mientras, en las carreteras muchos conductores se quedaron ayer sin combustible y algunos ofrecían cientos de euros a quien les procurara un simple bidón. Los atascos siguen siendo la tónica desde el terremoto. Las autopistas cortadas, muchas de ellas arterias de comunicación entre la zona devastada y el resto del país, están provocando el actual caos circulatorio. El ejército y la policía han cortado varias rutas alternativas y sólo dan acceso a los equipos de emergencia.

El trayecto camino al norte por la costa este también deja muy claro que la magnitud de la catástrofe es demasiado grande incluso para Japón, el país mejor preparado del mundo para la gestionar catástrofes naturales . Los más de 100.000 soldados y fuerzas de rescate desplegados no van a ser suficientes para salvar a las personas atrapadas bajo los escombros, dar cobijo a los que con ésta llevan ya tres noches durmiendo al raso, o a los que simplemente se han quedado desamparados. Eso sin contar la recuperación de los miles de cadáveres hundidos bajo las aguas del tsunami.

La fría y racional idiosincrasia japonesa es una de las claves que explican por qué el caos no se ha extendido ya en Japón. Algunas personas en la zona y también en Tokio comenzaron ayer a desplazarse hacia el sur del país por miedo a la explosión nuclear.

Una de las pocas noticias positivas de la jornada fue el levantamiento de la alerta de tsunami en la región, según confirmó la agencia meteorológica nacional. Eso no impidió que durante todo el día, a intervalos de pocos minutos, fuertes sacudidas hiciesen temblar la tierra con registros de hasta 6 grados (Richter) .

Mientras la tierra siga revolviéndose bajo los pies y el riesgo de catástrofe nuclear sea elevado, la vida de los centenares de miles de japoneses que residen en la costa nororiental del país seguirá sumida en un mar de incertidumbre.

Clarín
Lunes 14 de Marzo de 2011

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