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La energía nuclear, otra vez a debate
La crisis en Japón reabre los temores sobre la seguridad de las centrales en todo el mundo
Norimitsu Onishi y Tom Zeller
The New York Times
TOKIO.- El anuncio de que cuatro plantas de energía nuclear sufrieron daños durante el sismo saca a relucir la problemática historia de la industria nuclear en Japón, y los años de objeciones planteadas por un pueblo consciente como ninguno de los estragos de la destrucción nuclear.
La crisis actual alimenta las dudas que despierta la seguridad de la energía nuclear, a pesar de haberse ganado la reputación de ser una fuente de energía limpia en tiempos de gran preocupación por el impacto de los combustibles fósiles en el medioambiente.
Hace tiempo que los críticos de la energía nuclear vienen cuestionando la viabilidad de la energía atómica en las regiones propensas a sufrir terremotos. Los reactores fueron diseñados tomando en cuenta esas preocupaciones, pero una evaluación preliminar de los accidentes ocurridos en Fukushima Daiichi sugirió que no se tomó prácticamente ninguna precaución para el caso de un tsunami. Al parecer, los reactores resistieron el poderoso sismo, pero las olas dañaron los generadores y los sistemas de apoyo, y por lo tanto la capacidad de enfriar los reactores.
Aunque Japón intente poner el énfasis en la seguridad de sus instalaciones más nuevas, la preocupación va mucho más allá, afirmó James M. Acton, de la Fundación Carnegie para la Paz Internacional. "Hace décadas -después de los accidentes de Chernobyl y la Isla de las Tres Millas- la industria nuclear argumentó que los nuevos reactores incorporaban medidas de seguridad más avanzadas. "Para la opinión pública eso no hace ninguna diferencia", dijo Acton.
Como Japón ha sido el único blanco nuclear de la historia -Hiroshima y Nagasaki, en 1945-, el tema es particularmente sensible para la opinión pública. Benjamin Leyre, un analista de servicios públicos que trabaja para Exane BNP Paribas, opinó que los políticos de Europa y otras partes seguramente sufrirán crecientes presiones para que revisen sus medidas de seguridad.
A lo largo de los años, los operadores de las plantas japonesas, en complicidad con algunos funcionarios, intentaron ocultar ciertos episodios ocurridos en las plantas a una opinión pública cada vez más inquieta por la seguridad de la energía nuclear.
En 2007, un terremoto en el noroeste de Japón produjo un incendio y una fuga menor en la planta de energía nuclear más grande del mundo, en Kashiwazaki. La posterior investigación reveló que la empresa -Tokyo Electric- había construido la planta encima de una falla sísmica en actividad. Una serie de incendios que se produjeron en la planta con posterioridad al terremoto profundizaron el temor de la gente. Pero Tokyo Electric dijo que había implementado mejoras en las instalaciones, y la planta reabrió en 2009.
Japón es uno de los principales consumidores de energía nuclear del mundo. Las 17 plantas nucleares del país han suministrado alrededor del 30% de sus necesidades energéticas. Para que las plantas sean resistentes a los terremotos, se exige a las empresas que las construyan sobre el lecho de roca, para minimizar el impacto de un sismo, y levantar murallones antitsunami en los que se encuentran a lo largo de la costa. Pero el gobierno concede a las empresas gran discrecionalidad a la hora de decidir si el emplazamiento de una planta es seguro o no.
En el caso de la explosión del sábado, según los expertos, el problema era evitable. Un programa integral de seguridad de plantas nucleares desarrollado en Estados Unidos después del 11 de Septiembre habría impedido que se produjera un accidente en cualquiera de las instalaciones nucleares de ese país, afirman.
Traducción de Jaime Arrambide
La Nación
Lunes 14 de Marzo de 2011