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Advierten que en el país no se monitorean los volcanes

Según expertos, hay unos 30 activos; el Lanín, el de mayor cuidado

Fernando Massa
LA NACION

Los especialistas rehúyen las reglas y las generalizaciones. Explican que cada volcán tiene un comportamiento particular, una modalidad eruptiva propia y que, justamente, erupciones como la actual del Puyehue-cordón Caulle o la del Chaitén, tres años atrás, enseñan que hay que mirar los volcanes con más atención, incluso los que son sospechosamente activos.

Hoy, en los Andes chilenos, de los 95 volcanes activos que se contabilizan desde el límite con Perú hasta Tierra del Fuego, son monitoreados de manera permanente alrededor de 20, y pretenden alcanzar más de 40 para fines de 2013. Así lo precisó a LA NACION el vulcanólogo chileno Daniel Selles, quien hizo hincapié en que un volcán activo es aquel que tiene un registro de actividad en los últimos 10.000 años, algo muy distinto de un volcán en actividad, que se refiere específicamente a aquel que está en erupción.

En territorio argentino, existen unos 30 volcanes activos, según un listado elaborado por el Grupo de Estudio y Seguimiento de Volcanes Activos (Gesva) de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Sin embargo, ninguno de ellos es monitoreado de forma permanente.

"En nuestro país no se respeta el riesgo potencial que traería aparejado alguno de estos centros volcánicos. El monitoreo permanente sería necesario porque con los monitoreos transitorios, como los que se han hecho, hay bajas posibilidades de anticipar una erupción. Es necesario entender a largo plazo el comportamiento de un volcán y, a diferencia de Chile, donde hay una mayor concentración de volcanes, para nosotros, al tener menos, sería más fácil", afirmó Andrés Folguera, presidente de la Asociación Geológica Argentina.

Tanto Folguera como Alberto Caselli, geólogo director del Gesva y profesor de la UBA, coinciden en que aquellos a los que habría que prestarles más atención son el Copahue y el Lanín, ambos en Neuquén, en el límite con Chile; el Tromen, en el norte de esa provincia; y el Peteroa, situado en Mendoza, en el límite con Chile. Caselli, de todas maneras, insiste en que respecto a todos los volcanes activos que están en territorio argentino con alguna población cercana el peligro es muy bajo.

"El mayor riesgo en la Argentina de peligrosidad volcánica es la caída de cenizas, distinto de Chile, que no va a sufrir tanto esa consecuencia, sino otras peores, como trasladar pueblos enteros frente al avance de flujos piroclásticos -gases mezclados con cenizas incandescentes- y lahares -corrientes de ceniza y agua que fluyen pendiente abajo- que arrasan los valles", dijo.


Riesgo de explosión

Respecto al Lanín, del que no hay actividad histórica constatada, Folguera es aun mucho más elocuente: "Si tuviera que individualizar un volcán con probabilidades de experimentar una explosión o colapso, señalaría al volcán Lanín, básicamente por poseer su conducto central obturado, es decir que su cráter se encuentra relleno con un tapón de lava, y por haber experimentado una serie de erupciones jóvenes en su base, a partir de fracturas, indicativas de la dificultad de liberar presiones por su parte alta".

"Por esta razón -agregó-, sumado a que se encuentra próximo a una zona con mucha población e importancia económica, este volcán debería monitorearse en forma permanente. Y, lamentablemente, tampoco se hace de forma temporal."

Caselli, que con el Gesva elaboraron un manual de procedimientos ante caída de cenizas, que está disponible en el sitio web de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA, también coincidió en que sería importante monitorear los volcanes activos, pero deslizó algún interrogante al respecto. "Monitorear un volcán significa que una persona tiene que estar casi las 24 horas mirando la actividad sísmica. Es una inversión muy grande, cuando en realidad los más importantes están del otro lado de la Cordillera", dijo.

José Antonio Naranjo, geólogo del Servicio Nacional de Geología y Minería chileno, se dice enemigo de los pronósticos y afirma que lo principal es la prevención. "Además de los activos, hay cientos de volcanes sospechosamente activos sin registro de actividad. De hecho, el Chaitén, que no tenía actividad desde hacía 5000 años, fue un golpe a la cátedra. De estos sucesos se puede aprender mucho; hay que saber recoger más que teorizar", apuntó.

Según Naranjo, los volcanes que generan más repercusión son aquellos que tienen mayor explosividad, que su magma es rico en sílice y es más viscoso. Entre ellos menciona al cordón Caulle -hoy en erupción-, el Chaitén y el Hudson. Selles, por su parte, enumera, entre los que más frecuentemente han hecho erupción, el Villarrica, el Llaima, el Láscar, el Calbuco, los nevados de Chillán y el grupo Descabezados.

Que hayan entrado frecuentemente en erupción, sin embargo, no significa que puedan resultar más peligrosos. Tal es el caso del volcán neuquino Copahue, que, según apunta Caselli, entró en erupción por lo menos diez veces en los últimos 100 años.

"El tipo de erupción del Copahue es muy distinto de lo que estamos viendo. Como tiene un lago en el cráter, suele arrojar explosiones de vapor y cenizas, pero no la cantidad del Puyehue. De hecho, es un hermoso volcán para visitar y conocer", dice, mientras muestra en su computadora una foto del volcán en erupción, las columnas de vapor saliendo de su cráter y algunos turistas que presencian el fenómeno ahí, a unos pocos metros.

La Nación
Domingo 12 de Junio de 2011

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