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Un modelo flexible que desprotege a los trabajadores

En la primer semana de noviembre se conoció el informe anual elaborado por el Observatorio Europeo de la Reestructuración 2012 (ERM), precisando conclusiones sobre las consecuencias laborales de las reestructuraciones empresarias en los 27 países de la Unión Europea, que produjeron más de cinco millones de puestos de trabajo perdidos y un 10% promedio de desempleo.

El ERM analiza situaciones y efectos -algunos nos son conocidos- referidos a tres categorías de trabajadores, por primera vez analizadas en forma conjunta: a) que perdieron su empleo, b) los que habiéndolo perdido consiguieron otro en plena crisis, y c) los que los conservaron. Se exponen con precisión las variaciones experimentadas (válidas en otras realidades), tanto en las condiciones laborales, como en la calidad de vida de los afectados. Hay percepción negativa de las reestructuraciones al analizar la salud de los asalariados, obligados a trabajar con una mayor intensidad e inseguridad laboral: declararon estar presionados y tensionados, expuestos a riesgos psicosociales (bullying), con trastornos psicosomáticos (depresión, stress, insomnio) y el consiguiente ausentismo, o exigidos de un presentismo vicioso (concurrencia de enfermos).

Estas verificaciones del ERM coinciden con encuestas del organismo europeo especializado en riesgos laborales -ESSENER-, mostrando que el 60% de los días laborales perdidos se deben a trastornos psicosociales, esperándose aumentos sustanciales en los próximos años. mientras solo el 3% de las empresas disponen de medidas para afrontan los riesgos de manera holística y sistemática. Las reestructuraciones, presentarían impactos negativos adicionales, al debilitarse entre los trabajadores la confianza en la parte empresaria, la cual asegura su propia competitividad sin comprometer la estabilidad de los trabajadores ; inseguridad acentuada al verificarse que las empresas, bancos, entidades internacionales e incluso gobiernos nacionales, adoptan reglas de un mercado imperfecto, las mismas que causaron, en algunos casos, la grave crisis.

A ello se añade la prolongación de las dificultades y que, en los últimos doce meses, se destruyeran más empleos que los efectivamente creados.

Se confirmaron objeciones a la “flexiguridad”, modelo alentado por la Comunidad, el que evidenció ineficacia, con carencia de efectos positivos para el trabajador, verificándose una flexibilidad de salida (despidos) sin garantías, a diferencia de lo ocurrido en Dinamarca, el país de origen de ese modelo. Desde distintas latitudes ya se habían advertido esos riesgos.

Ratifica lo ya verificado en otras realidades: que los trabajadores con mayores probabilidades de perder el empleo, son quienes tienen menos probabilidades de encontrar uno nuevo ; además, desmintiendo algunas creencias equivocadas, los trabajadores con mayor antigüedad, pese a esa condición normalmente tuitiva, si llegan a perder el empleo, deben afrontar más dificultades para encontrar un sustituto. Se confirma así que las políticas vigentes no son suficientes para garantizar seguridad a los que más la necesitan. No menos importante es la confirmación de que tienen más posibilidades de permanecer en el empleo los dependientes calificados, en especial los de nivel superior, así como los trabajadores de grandes establecimientos y los de aquellas actividades financiadas por el Estado (como el personal de cuidados domiciliarios y los trabajadores sociales), en tanto los operarios sin calificación tienen tres veces más de posibilidades de perderlo .

El informe destaca las bondades de las llamadas “políticas activas” sobre el mercado de trabajo, centradas en los grupos desfavorecidos y vulnerables. Argentina, que las aplicó en los últimos años, verificó su excelencia, aunque se registraran deformaciones por causa del clientelismo territorial . Estas políticas apuntaron en la UE a trabajadores con bajo nivel educativo, a minorías extranjeras, a los que registran problemas de edad y salud y a los trabajadores de las más bajas categorías, colindantes con los llamados “trabajadores pobres”, aun existentes por millares en nuestro país.

Son mayoría los países europeos con efectos laborales negativos, aunque excepcionalmente Austria, Alemania, Luxemburgo y Polonia presentan una evolución razonablemente positiva en el denominado mercado de trabajo. Minoría ésta que acentúa la grave situación de la mayoría.

En los últimos doce meses, en contra lo esperado para las áreas de energía renovable, se verificó crecimiento del empleo solamente en servicios, en sectores tales como hotelería, catering y cadenas de comercio minoristas.

Se destaca, finalmente, la necesidad de mantener una cuidadosa gestión de cambios en la cotidianidad general, en especial por los efectos registrados respecto a la salud y al bienestar general del trabajador y su familia.

Algunas conclusiones, obviamente, no sorprenden por previsibles, pero la rigurosidad y amplitud de la encuesta aconseja registrarlas. La problemática, previsiones y consecuencias verificadas en los sectores más vulnerables por las reestructuraciones empresarias, tanto ante una crisis global, como en la de un sector o incluso en una empresa, tienen similitudes suficientes como para ser tenidas en cuenta, por todos los responsables.

Por Lucio Garzón Maceda. ABOGADO Laboralista. Ex Secretario De Trabajo

Clarín
Lunes 19
de Noviembre de 2012

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