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Nueva Oficina de Justicia Ambiental
La Corte Suprema puso en marcha una dependencia orientada a consolidar políticas de Estado para proteger el medio ambiente
La temperatura del planeta está en aumento constante, los glaciares se van derritiendo, hay muchas especies en extinción, los ríos y los mares están contaminados, y gradual, pero irremediablemente, la vida en el planeta se hace más difícil.
Con esa frase comienza la declaración que firmó el presidente de la Corte Suprema de Justicia al presentar la flamante Oficina de Justicia Ambiental, que tendrá entre sus funciones mejorar la gestión de los recursos naturales, trabajar con organismos internacionales para capacitar a los poderes del Estado en materia ambiental, identificar problemáticas regionales y métodos para solucionar conflictos, y consolidar políticas de Estado para construir una justicia ambiental.
No es la primera vez que Ricardo Lorenzetti aborda sin titubear un tema de importancia fundamental para nuestro país y para el planeta. Ya lo hizo hace más de cinco años cuando estableció las líneas directrices para recomponer el medio ambiente en la cuenca Matanza-Riachuelo. En un discurso que se asemejó a una clase magistral de desarrollo sustentable, Lorenzetti resaltó la función de la Corte Suprema como cabeza de un poder del Estado y destacó sin eufemismos que "la gobernabilidad está en manos de gobernantes culturalmente casi primitivos" o "se ocupan de las próximas elecciones y no de las próximas generaciones".
De alguna manera, el titular del más alto tribunal de la Nación resaltó algo que venimos destacando en esta columna editorial en el sentido de que la subestimación de los problemas ambientales no es sino consecuencia de un pensamiento que sólo parece apuntar al interés puramente pragmático de la rentabilidad inmediata.
Sin duda se trata de un paso que merece elogiarse y que debería tener consecuencias prácticas en materia de administración de justicia: contar con una autoridad ambiental independiente que promueva una planificación adecuada de los usos del suelo; que se realice una gestión adecuada de los residuos; que se regule adecuadamente el fracking; que se limpien definitivamente las cuencas del Riachuelo y el Reconquista; que se impida que la megaminería afecte los irreemplazables recursos acuáticos; que se evite la destrucción de glaciares; que no se desvíen los fondos para la protección de los bosques nativos; que se promueva el uso de energías renovables, entre otros desafíos que tiene la Argentina.
Es un gran paso, y como afirma Lorenzetti, se requiere un cambio de paradigma. Un paradigma que asegure a nuestro país una mejor calidad de vida. En fin, que no se confunda progreso con simple rentabilidad.
La Nación
Jueves 8 de Mayo de 2014