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Residuos sueltos
La ley nacional de residuos peligrosos 24.051 fue un notable avance, pues abordó un problema que durante años fue tan letal como oculto. En Argentina miles de personas enferman y mueren silenciosa y anónimamente por cócteles de residuos mal controlados. Las fuentes incluyen por ejemplo empresas de galvanoplastia y curtiembres productoras del cancerígeno cromo hexavalente, poderosas petroquímicas, incineradores públicos y privados que vuelcan al aire dioxinas, hogares que arrojan pilas a la basura. De las fuentes salen los agentes contaminantes. Estos siguen rutas por aire, agua, suelo y alimentos, y llegan hasta las personas expuestas.
Entre uno y otro extremo debería estar el Estado controlando. Pero todo indica que las fuentes tienen piedra libre para operar. Las sustancias peligrosas están sueltas. Cuando alguna ONG o medio detecta un depósito de residuos peligrosos, como el de Senasa en Alta Córdoba, los funcionarios abandonan presurosos sus sillones y hacen una parodia de control. Al espasmo que producen las denuncias públicas le sigue el espasmo efímero de la Secretaría de Ambiente de la Nación, de la Agencia Córdoba Ambiente, o de la también incompetente Secretaría de Ambiente de la Municipalidad de Córdoba. El Estado debió organizar un catastro de fuentes de residuos peligrosos. Los malos funcionarios son tan peligrosos como los residuos que no controlan y están sueltos.
Raúl Montenegro
Biólogo. Presidente de Funam. Premio Nobel Alternativo y Profesor Titular de la UNC.
La Voz del Interior
Jueves 26 de Julio de 2007