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Presión argentina para que Botnia se inaugure después de la elección

Tras algunas reuniones técnicas que no produjeron avances, la discusión volvió al nivel político. El Gobierno apunta ahora a que Tabaré Vázquez demore la autorización para que la pastera pueda empezar a producir

La discusión volvió al nivel político y los intereses están hoy en esa línea. No hay regreso para la inauguración de la papelera de Botnia en Fray Bentos -la verdad no tiene remedio, dijo el poeta-, y el esfuerzo del Gobierno por estos días es meter presión a Uruguay por distintas vías para que aplace la puesta en marcha del llamado proyecto Orion para después de las elecciones de octubre.

Apenas se busca un respiro
Eduardo Paladini
epaladini@clarin.com


Desde que el conflicto por las papeleras tomó voltaje, el Gobierno fue mutando de estrategia, combinando algunos golpes públicos (como aquel acto para anunciar que el país iría a La Haya) con otros intentos reservados. Los resultados también fueron diversos: logró la relocalización de ENCE, pero Botnia está a punto de producir y siguen los cortes en Entre Ríos. Con la elección en la puerta, ahora sólo busca un respiro.


Datos de una pulseada bilateral

El conflicto entre los gobiernos de Argentina y Uruguay comenzó en 2002 e incluye un juicio en La Haya. Botnia nunca detuvo su construcción.


La planta avanza y los ambientalistas protestan


El conflicto con Uruguay por las papeleras data de setiembre de 2002, cuando se conoció un informe del BID sobre el proyecto para instalar dos plantas de celulosa. La pelea fue escalando y la tensión tuvo otro pico dos semanas atrás, cuando se inauguró un puerto de Botnia en Nueva Palmira. Del otro lado, los asambleístas de Gualeguaychú intensificaron su protesta. Cruzaron a Uruguay para reclamar y se pusieron en "estado de alerta" ante la inminencia del inicio de las operaciones de Botnia.


Cifras

100 mil toneladas de celulosa podrá almacenar Botnia en su puerto de Nueva Palmira, que llegarán desde Fray Bentos.

20 mil metros cuadrados tiene el depósito de la terminal de la empresa finlandesa. Es el más grande del Uruguay.

No será éste el principal objetivo que se propondrá la delegación argentina para la mesa de negociaciones de Nueva York, a fin de mes. Pero sí es el que más sensibiliza hoy al Gobierno.

Lo primero para decir: la finlandesa Botnia, ajena a cualquier calendario electoral, ratificó que la planta arrancará su producción en setiembre. Escogió el día para el anuncio: lo hizo en momentos en que una docena de embarcaciones argentinas protestaban a metros de la costa uruguaya por la inauguración del puerto de Nueva Palmira, desde el que exportará su producción.

"La llave de la planta hoy la tiene Uruguay", dijo en estas horas una calificada fuente del Gobierno con juego en las negociaciones. La frase puede ser literal: el gobierno de Tabaré Vázquez tiene pendiente su autorización formal a la empresa para que empiece a producir.

Sobreactuación o no -difícil ha sido desentrañar al presidente uruguayo a lo largo de este penoso conflicto-, Tabaré advirtió que su gobierno no dudará en demorar el consentimiento del Ministerio de Medio Ambiente mientras Botnia no garantice las condiciones de seguridad en su planta de Fray Bentos.

La planta fue escenario reciente de una fuga tóxica que comprometió la salud de una decena de obreros uruguayos. ¿Podría ser la demora de esta autorización la puerta de un acuerdo?

Botnia tiene compromisos con su producción y el conflicto enseñó a todos a no hacer pronósticos. Pero en el Gobierno arriesgan que habría voluntad en un sector del gobierno oriental de acceder a la demanda argentina.

Acá juega también la política. El Frente Amplio convive con una interna no resuelta, un poco por su composición heterogénea, otro por la sucesión de Tabaré, que no puede ser reelecto.

Sobre lo primero, las diferencias ideológicas dentro del Frente, el ministro de Economía Danilo Astori defiende la apertura comercial de Uruguay a los Estados Unidos y fue el principal promotor del tratado de protección de inversiones firmado con Washington. Astori, presidenciable, ganó terreno sobre los defensores del Mercosur, entre ellos el canciller Reinaldo Gargano y el otro presidenciable del Frente, el ministro de Ganadería José Mujica. ¿Cómo se alinean con relación al conflicto con la Argentina? No todo es lo que parece.

Pero volvamos al comienzo. A partir del 24, Nueva York recibirá a delegaciones de los dos países para la 62ª Asamblea General de las Naciones Unidas, donde el presidente Néstor Kirchner dará su último mensaje ante el organismo. A pedido de la corona española, que facilita el diálogo rioplatense, los negociadores volverán a sentarse cara a cara para discutir lo que podría llamarse una transición de baja intensidad política hasta la inauguración de la planta. Nueva York ya convocó en los últimos meses a dos encuentros de delegaciones de nivel técnico promovidas por España. El resultado: no dejaron nada.

La expectativa ahora es mayor. Como se dijo, el diálogo volvió a involucrar a los funcionarios del máximo nivel político de los dos países en la estancia Aarón Anchorena, en Colonia, en "el encuentro que nunca existió", como lo llaman los gobiernos. De esa reunión se sabe poco. Aunque fue allí donde se resolvió acudir a la mesa de negociación, las versiones sobre su resultado recorrieron todos los estados: se habló desde el más absoluto fracaso hasta la solución del conflicto.

El aplazamiento de la apertura de Botnia podría ser una buena noticia, pero de corta vida para el Gobierno. Se ha dicho en Clarín en mayo: aunque no admitido, la Argentina cambió de posición ante lo inevitable, renunció a la demanda de relocalización y aspira a ampliar el marco jurídico, un anexo al Tratado del Río Uruguay, para garantizar un límite en la producción de la papelera. La mediación española alienta una solución de este tipo.

¿Qué tan mal están las cosas con Uruguay? Las fuentes a las que accedió este diario escapan a la euforia y la depresión, como le gusta al Presidente. Pero la familiaridad ha llevado a argentinos y uruguayos a decirse las cosas en un lenguaje que a otros países los llevaría a la guerra.

Walter Curia
wcuria@clarin.com

Clarín
Lunes 10 de Septiembre de 2007

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