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El gobierno de Zapatero espera más gestos
Nuevo intento de salvar el diálogo
MADRID.- El peor escenario imaginable por la cancillería española pesó en los minutos previos a levantar el teléfono y pedirle al presidente uruguayo la postergación de la apertura de la planta de Botnia.
El mal sueño que se quiso evitar fue el de una Cumbre Iberoamericana con clima incierto ante nuevos encontronazos entre dos gobiernos -el argentino y el uruguayo- a los que, precisamente, el rey de España está empeñado en reconciliar a fuerza de un proceso de facilitación.
"Sentido común. Lo que hace falta es sentido común", suele ser el mensaje recurrente desde la cancillería española en su tarea de apoyo al proceso que impulsa el rey.
La sugerencia formó parte de la comunicación urgente que, en la noche del miércoles, el ministro Miguel Angel Moratinos mantuvo con el presidente uruguayo, Tabaré Vázquez, según se indicó a LA NACION.
Quienes trabajan cerca del ministro insisten en la posibilidad de que durante el encuentro de Santiago de Chile se produzca "algún gesto" de reconocimiento al papel desempeñado por el rey.
Eso podría peligrar seriamente si como trasfondo de semejante instantánea figura la imagen de una chimenea echando humo. Y las eventuales reacciones que eso podría suscitar entre la nutrida población argentina que rechaza la instalación de la planta en la orilla del río compartido.
También en la comunicación estuvo presente la idea de que el papel jugado por la corona española no podía exponerse al desgaste de eventuales reacciones populares por la puesta en marcha de la discutida planta. "Sentido común", habría sido -otra vez- la idea central de la urgente apelación peninsular.
Las cumbres iberoamericanas vienen marcando la historia de esta difícil e inédita tarea asumida por el rey Juan Carlos. Nació en una de ellas y ahora se le intenta dar un digno cierre, en otra.
En ambos casos, el principal recurso sigue siendo la figura del rey Juan Carlos, cuyo prestigio en países de América latina hace difícil decirle que no.
De hecho, la gestión de buenos oficios se empantanó en reiteradas ocasiones. Y en cada caso fue sacada adelante gracias a la figura del monarca. Y al tesón de su representante delegado en la materia, el embajador Juan Antonio Yánez Barnuevo.
La recurrente apelación al "sentido común" que suele hacer España en su papel de buenos oficios incluye lo que se vislumbra como el resultado final de la tarea: el funcionamiento de la planta en su actual emplazamiento, con un firme compromiso de protección ambiental.
Por Silvia Pisani
Corresponsal en España
La Nación
Viernes 2 de Noviembre de 2007